XI

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La atmósfera en la mansión había cobrado una vivacidad impropia con la llegada temprana de Klaus al comedor. Mediando una sonrisa radiante y colmada de deleite ayudó de buena manera a Grace a acomodar los utensilios en la larga mesa de cedro rectangular, ufanandose un poco más en rectificar el orden de la quinta silla, cuya manteleria dobló con delicada pulcritud, cual si dicho comensal fuera el vástago de un reconocido linaje.

Entre alborozados silbidos y jocosos devaneos matutinos, se aseguró de que ese lugar reluciera más que ningún otro. Finalizada la faena de labores en el comedor, Klaus tomó asiento, agradeciendo mentalmente a su difunto padre por haberle asignado un número ulterior a quien se había vuelto dueño absoluto de cada uno de sus hondos suspiros.

Evocó, sin pretenderlo, el apasionante beso del día anterior, la suavidad de aquellos dulces labios rojizos, la calidez de su aliento envuelto en un tenue y delicioso aroma a café, la tibieza y el gusto de su adictiva saliva, el repentino escape tardío de ambos ante una amenaza que no llegó a materializarse.

Luther y Vanya fueron los primeros en bajar al desayuno, advirtiendo en el acto la jovial melodía junto al rostro imbuido de apremiante anhelo de Klaus.

Hubo un rápido intercambio de miradas confusas entre el par de recién llegados que fueron recibidos con un excesivo y afable beneplácito.
***

Despertar fue, por vez primera, sinónimo de una profunda desazón, una confusión acuciante y creciente que le quemaba dentro del pecho. Gravemente azorado Cinco se palpó la zona afectada por encima de la camisa floja de la pijama.

¿A dónde se había ido todo su raciocinio, su buen juicio y preciso uso de la objetividad?

Recordar lo acontecido el día anterior le estimuló una anómala percepción agridulce a su afectado sentido común. Jamás se había dejado guiar por instintos bajos de ese calibre. Nunca permitía al impulso someter al intelecto. Era una simple errata fuera de aceptación alguna.

¿Él? ¿Solazarse por un húmedo y concupiscente contacto labial con Klaus?

¿Acaso había vuelto a ingerir, sin darse cuenta, alguna sustancia tóxica que obnubilara ruinmente su sistema nervioso periférico en su afán por huir pronto?

No. El inevitable desastre iba más allá de toda aparente deducción lógica. Él que se autoproclamaba un ser sensato, había permitido que el atroz (E indeseado) lapsus, se repitiera. Sus emociones se habían antepuesto a su coherente criterio.

Rememorar la humeda lengua recorriendole los labios lo hizo estremecer involuntariamente, presa de todo tipo de emociones pendientes por clasificar. La chispa de adrenalina encendiéndose por la sonrisa traviesa de los labios de Klaus contra los suyos, la posesividad de un abrazo que lo dejó imposibilitado para recobrarse del súbito mareo que desconectó sus neuronas de la realidad por largos y penosos minutos. Trató de olvidarse del asunto. No le hacía ningún bien. Además...había traicionado a Dolores.

Componiendo su mejor semblante de apatía, Cinco procedió a vestirse y bajó al comedor, razonando si sería acertado poner sobre aviso a sus hermanos sobre un posible acecho de parte del enemigo. No tardarían en dar con su paradero y aunque ellos hubieran olvidado gran parte de los recuerdos de su anterior vida en un plano adyacente, era mejor alertarles.

Todos se encontraban ya reunidos en la mesa, pero extrañamente ninguno conversaba. Cinco observó con aparente desinterés las excéntricias dispuestas en el sitio que le aguardaba. Los ojos ensoñadores de Klaus no lo abandonaron en ningún momento. Cinco tomó asiento con notoria rigidez. Las miradas clavadas en la diminuta herida de su comisura derecha, producto del arrebato bestial e inconsciente de Klaus.

Quid pro quo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora