Esa mañana la mansión amaneció envuelta en negros nubarrones de tormenta.
Fue el constante repiqueteo de la llovizna contra los cristales lo que terminó por despertar a Cinco Hargreeves de su placido y profundo estado letargico. Al girar el rostro sobre la almohada se encontró con el rostro apacible de Klaus, quien aún dormitaba al abrigo de las sábanas. Su respiración pausada, los labios entreabiertos y sus largas pestañas rozando los pómulos.
Cinco abandonó la cama a gatas para recoger su pijama esparcida a los pies de la cama. La piel le ardía de una forma en la que nunca creyó posible.
Tenían una semana durmiendo juntos, compartiendo no solo el lecho y la intimidad sino tambien el mismo sentimiento que se había engendrado en ambos casi inadvertidamente.
Sus cuerpos se acoplaban tan bien estando juntos, que todo el pudor había desaparecido desde el segundo pasional arrebato.
Y Cinco no lo habría querido de otro modo porque tambien lo deseaba. Quería a Klaus. Lo necesitaba. Una desesperación ardiente dentro de él clamaba a viva voz que debía entregarse a él. Pertenecerle a un nivel físico y emocional. Había que eliminar toda barrera para que su relación tan inestable se consolidara. Que Klaus supiera lo en serio que iba en aquel extraño idilio que se había forjado entre ellos.
Nada más vestirse, se teletransportó al comedor a prepararse una taza de café bien cargado.
El espacio de la repisa antaño vacía, había sido rellenada de varios tarros de café importado, de grano entero, molido, tostado, semiendulzado, organico, expresso, medio intenso y otros sabores que Cinco aún no había llegado a probar.
Extrañamente había sido idea de Klaus enviar a un par de sus eternos seguidores para abastecer el alimento saqueado durante su corta estadía en el hospital. Había dinero de sobra en la caja fuerte que tenía escondida tras un cuadro en su recámara.
Era increible y estúpido que ganara cifras tan estratosfericas haciendo ridiculeces propias de un pagano. Leer el oraculo, interpretar las líneas de las manos. Klaus era considerado más una deidad que un guía espiritual cuyas bases profeticas no eran mas que falaces quimeras ligeramente barnizadas de realidad.
Entre más veía Cinco de las actividades de la congregación, menos deseaba saber.
Afortunadamente a horas tempranas la mansión estaba en silencio, tranquila y desierta. Los devotos tenían sus propias tiendas de campaña instaladas en los jardines y dentro del enorme cobertizo trasero de la mansión. Oraban hasta elevadas horas de la noche, pero nada se escuchaba en la planta alta.
Tras beberse el café, se disponía a lavar la taza cuando escuchó la nevera abrirse a pocos metros a su derecha.
Ben, que yacía igualmente en pijama, sacó una botella de jugo de naranja y, sin apenas reparar en nada más, fue a tomar asiento en la larga mesa vacía. Las centellas dispersas de un relampago cercano iluminaron la estancia en su totalidad. Apenas unos segundos antes de que el interior de la mansión se sumiera en las penumbras. Había ocurrido un apagón.
—Grandioso— exclamó Cinco, sintiendose repentinamente aliviado de no tener que forzar una conversación con el récien llegado.
Desde lo sucedido con Klaus en el hospital era como si una enorme grieta los hubiera separado.
Consciente de los sentimientos unilaterales de Ben, cierta molestia le escocía a Cinco por dentro. Tal vez era culpa aquello que le incomodaba y ponía tan inquieto cada vez que su mirada apatica se cruzaba con la de Ben.
Había diferencias entre el Ben de esa línea de tiempo y el Ben que Cinco había conocido en su infancia, pero ignoraba qué tan marcado era el caracter del ente sobrenatural con el que Klaus había pasado varios años de su vida.
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Quid pro quo.
FanfictionUn intercambio de favores dice más que mil palabras. The Umbrella Academy. [KlausxCinco]
