Bell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
Una pequeña iglesia en ruinas era el lugar donde Hestia llevó a Bell. Después de salvar a Hestia, apareció un grupo de soldados de patrulla, dirigidos por un aventurero de la Familia Ganesha, atraídos por el barullo de la pelea. Bell y Hestia le explicaron lo que había ocurrido, y los guarduas se llevaron a aquellos tipos, y el aventurero pidió disculpas a Hestia y agradeció a Bell su servicio a la ciudad, a lo que el chico peliblanco contestó que no era nada, y que solo hizo lo que debía hacerse. Después, Hestia le preguntó a Bell si tenía sitio donde quedarse, y Bell le comentóp que se hospedaba en la Anfitriona de la Fertilidad. Como era ya muy tarde, Bell decidió acompañar a su diosa a su hogar y quedarse con ella, para no dejarla sola; ya se pasaría mañana a recoger sus cosas al local de Mía.
Hestia llevó a Bell a un sector de la ciudad repleto de casas sencillas y viejas, construidas de forma desordenada en calles con múltiples giros e intersecciones, que mareaban y hacían perderse a cualquiera que no conociera la zona. Era la Calle Dédalo, la parte más pobre y antigua de Orario, construido por el legendario arquitecto a imagen y semejanza de un gran laberinto, motivo por el cual se conocía al lugar por el nombre de Laberinto de Orario. Hestia llevó a Bell a través de varias calles, hasta las ruinas de un edificio que antaño era una pequeña iglesia, abandonada hace años y con sus muros cubiertos de enredaderas y musgo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
-¿Vives aquí, Kami-sama?- Dijo Bell con una gota de sudor bajando por su cabeza y una sonrisa nerviosa
-Si, este lugar me lo dio una diosa amiga mía, para poder vivir por mi cuenta mientras buscaba una familia- Dijo Hestia, desviando el rostro, avergonzada -Se que es poca cosa, más bien, una cochambre, pero es lo único que tengo, lo siento. Posiblemente estés decepcionado. Que una diosa viva en un cuchitril cómo este tesulta patético- Dijo Hestia, cabizbaja. Bell, con una sonrisa, colocó su mano sobre la cabeza de Hestia, acariciándola con suavidad, lo que sacó un sonrojo de la diosa
-No te preocupes, el lugar es lo de menos, lo importante es estar juntos. Vayamos dentro, quiero ver nuestro nuevo hogar- Hestia puso una gran sonrisa ante la humildad y pureza de Bell; cada vez adoraba más a su primer hijo.
Ambos entraron a la iglesia, y Hestia llevó a su hijo por una escalera hasta el sótano del lugar, donde entraron en una estancia de techo bajo y de paredes de piedra. El lugar era húmedo y algo frío, con pocos muebles, una cama, una mesa y un par de sillones viejos y un sofá, y estos estaban viejos y desgastados. A pesar de la sencillez del lugar, en él se respiraba un aire cálido y acogedor, la sensación de estar ingresando en el hogar. Bell supuso que se debía a la bondad y calidez hogareña que desprendía el aura de Hestia. Después de todo, era la diosa del hogar.
-Me gusta, es un lugar bonito- Hestia lanzó un suspiro de alivio, contenta por qué a Bell le gustara.
-Bueno, se hace tarde. Bell-kun, voy a colocarte mi falna- Dijo Hestia, acercondase a un viejo sofá verde y sentándose en él.