Capítulo 40

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Una nueva mañana iniciaba en Orario, y en el patio trasero de una vieja iglesia en ruinas, un chico de ojos rojos y cabello blanco entrenaba con una lanza, lanzando estocadas y girando su arma sobre su cabeza con maestría, mientras se desplazaba entre saltos y fintas por el lugar, derrotando a enemigos imaginarios con los que practicaba su manejo de la lanza.

Velocidad y precisión, eran los conceptos necesarios para empuñar este tipo de armas, y era lo que demostraba Bell mientras practicaba con Tyr Salin. El filo de la lanza rúnica reverberaba con fuerza al atravesar el aire, un sonido limpio del tan afilado acero, y la fuerza de las estocadas provocaba pequeñas ondas de viento que atravesaban el lugar, producto de la fuerza con la que los brazos de Bell, fortalecidos tras años de combates y entrenamiento, lanzaban su arma al frente.

Agarrando con sus dos manos el asta y golpeando con fluidez, Bell destrozó una de las piedras que había en aquel patio, parte de los restos de las ruinas del edificio. El filo de Tyr Salin rompió la roca con facilidad, lo cual hizo sonreír al albino. Su lanza era de sus mejores armas, versátil y muy manejable, solo superada por la resistencia y filo de sus dos espadas.

No obstante, sentía que no estaba aprovechando del todo su fuerza. Según Broddin, las armas rúnicas, creadas en el Continente de Lyria usando la magia común en esos países, magia rúnica, podían llegar a ser increíblemente poderosas, igualando el poder de espadas mágicas y otras armas por el estilo, una vez se activaba la magia de las runas que conformaban el arma.

Por desgracia, Bell no sabía cómo activar esas runas, y tampoco pudo encontrar a nadie en Orario que pudiera. Esa magia era rara, muy rara, fuera de Lyria, y las gentes de esos reinos eran muy celosas con ese conocimiento, por lo que encontrar a alguien que pudiera enseñarle a manejar aquella arma era casi imposible incluso en una ciudad tan llena de gentes de otros muchos reinos y naciones como era Orario.

Había probado en más de una ocasión a imbuir su magia de fortalecimiento de rayos, Tempestas Luminare, directamente a las runas, pero estas no respondían. O no funcionaba así, o no lo estaba haciendo como debía. ¿Pero cómo saberlo, si jamás había experimentado con esa magia y no había nadie que le enseñara cómo hacerlo? Ni siquiera su tía Alfia, que le enseñó sobre la magia en su niñez, conocía de esta magia, y si ella, que a sus ojos era la mayor maga que existía, no conocía sobre la magia rúnica, ¿quién podría enseñarle?

No obstante, Bell tenía una opción: La elfa de cristal que decía Broddinmque había venido a Orario, una antigua miembro de los Caballeros Serenos, una orden militar experta precisamente en el uso de armas rúnicas. Si había alguien que pudiera enseñarle cómo "despertar" a Tyr Salin, era esa elfa

Solo.espetsba conseguir que se dignara a recibirle, pues aún recordaba las palabras de Broddin adviertiéndole sobre el presunto asco que esa mujer le profesaba a la raza humana

-Bell-sama, voy a salir, Hestia-neesama me espera- Dijo Lili, que iba a reunirse con su diosa en su lugar de trabajo, pues aprovechando que la pallum estaba libre, le pidió ayuda para encargarse de un asunto de su trabajo, a lo que su segunda hija aceptó -Volveremos por la noche, así que le he dejado preparado un poco de estofado para después, para que así almuerce algo-

-También le he dejado preparado un baño, para que lave su cuerpo una vez termine de entrenar-

-De acuerdo, gracias Lili, eres siempre una gran ayuda- Dijo Bell, acercándose a la chica y acariciando su cabeza, para regocijo de la pallum

-Por cierto, ¿qué va a hacer esta tarde, Bell-sama? Espero que no se le ocurra ir al Calabozo ahora que no estamos para vigilarle- Afirmó Lili con una mirada sospechosa dirigida a su amigo, que solo pudo sonreír nervioso por esto

La Leyenda del PretorianoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora