Entre las calles de la gran ciudad de Orario, un chico de pelo blanco y ojos rojos recorría la ciudad. El joven se dirigía hacia la Torre de Babel, la enorme estructura que se alzaba en el centro de Orario sobre el Calabozo, hogar de monstruos de todo tipo, donde los aventureros grababan su nombre en la historia combatiendo a estos seres desde hace siglos.
Había pasado una semana desde que Bell Cranel, un joven de 15 que llegó a Orario con el deseo de ser un aventurero, había entrado en la Familia Hestia, siendo el primer y único hijo de la diosa.
El chico, a pesar de solo llevar unos días como aventurero, estaba sorprendiendo a muchos con su desempeño. Cada vez que iba al Calabozo, el chico, por su propia cuenta, había avanzado a pisos a los que los novatos no se atrevía a ir en semanas. Bell, con una habilidad que dejaba pasmados a todo aquel que lo presenciara, aniquilaba montones de monstruos, permitiéndole por ello obtener montones de cristales, cuyo botín producido era superior a lo que muchos aventureros obtenían en bastante tiempo.
Así, Bell estaba contento por el dinero reunido, que sumado al extraño item que había obtenido en uno de los pisos superiores, le hizo reunir cerca de tres millones de valis en solo una semana. Sin embargo, no era la codicia lo que movía a Bell a esforzarse más de lo normal. Su deseo era adquirir dinero suficiente para comprar una gran casa, digna de su diosa, y donde poder hospedar a su familia, es decir, su madre, tía, hermanas y primas, que vivían en una aldea lejos de Orario. Sabía que un lugar así podía costar varios decenas de millones de valis , por eso Bell se esforzaba hasta el límite todos los días, para poder comprar un nuevo hogar y así reunirse con su familia lo antes posible.
Durante estos días, no solo Bell se esforzaba por poder mejorar su situación: Su diosa, Hestia, había decidido ayudar a Bell a lograr su objetivo, y gracias a una diosa amiga suya, había obtenido un trabajo en una de las tiendas que su amiga regentaba. Al principio, Bell se negó a dejar que su diosa trabajara, ya que ella no debía hacer esfuerzos por su condición de diosa, y además, otros dioses podrían burlarse de ella por tener que trabajar al ser una Familia pequeña.
A pesar de las protestas, Hestia decidió trabajar, diciendo que Bell había hecho mucho por ella, y no deseaba estar de brazos cruzados mientras su niño se esforzaba tanto. Por ello, ella también se esforzaría, para ayudar a Bell a cumplir su deseo, y en un futuro, reunir a su niño con su amada familia.
Tras escuchar los motivos de Hestia, Bell solo pudo notar como su afecto y cariño por la diosa crecían. Otros dioses jamás se rebajarían a siquiera mover un dedo, obteniendo egoístamente el dinero que sus hijos ganaban arriesgando su vida bajo el suelo de Babel. Sin embargo, Hestia estaba dispuesta a dejar atrás su orgullo como diosa sin dudar, con tal de ayudar a unos desconocidos que eran los familiares de un niño que acababa de conocer hace tan solo unos días. Eso solo fue un indicativo de que para Bell, Hestia era una bondadosa y misericordiosa deidad que merecía toda su lealtad y devoción, cosa que se juró que ella tendría hasta que diera su último aliento de vida en este mundo.
Además de eso, el chico contaba con el apoyo de Mía-san y el resto de chicas de la Anfitriona de la Felicidad, que se habían convertido en grandes amigas para él y su diosa. Casi todos los días, Bell se había pasado por el local, para saludarlas y comer algo tras un duro día en el Calabozo, ya fuera solo o acompañado de Hestia. Aún recordaba divertido la cara que se les había quedado a todas cuando les enseño el botín obtenido tras su segundo día en el Calabozo, y contarles que lo había obtenido tras recoger el item de un Jack Bird, un monstruo casi imposible de encontrar debido a su rareza. La impresión fue tal que hasta Mía tuvo que echarse agua en la cara para espabilarse tras la noticia. Pero tras la impresión inicial, todas felicitaron a Bell, contentas y orgullosas por su logro. El chico se sintió muy agradecido: Ellas siempre creyeron en él, y lo apoyaron incluso cuando ningún dios lo acogió antes de encontrar a Hestia. Ellas, junto a su diosa, eran las personas que más apreciaba en Orario. Por ello, debía esforzarse como el que más para no defraudarlas.
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La Leyenda del Pretoriano
FanfictionBell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
