-Dios mío, que vergüenza, que vergüenza...- Con su cuerpo casi cubierto por completo por las aguas, Lefiya se quejaba, muerta de vergüenza
-Tienes razón, no voy a ser capaz de mirar de nuevo a la cara a Bell-san- Filvis, a su vez, aún con su habitual rostro serio, estaba claramente abochornada, como su amiga de la infancia y muchas de las allí presentes
Tras haber visto, por accidente, a Bell bañándose, y que este, tras descubrirlas, se fuera a continuar con su recolección de plantas y otros ingredientes de pociones, el grupo de chicas se dispuso a darse un baño, para lavar sus cuerpos y relajarse tras los duros días en el Calabozo. Y fue así como todas esas bellas chicas acabaron bañándose juntas en esa laguna, con sus atractivos y hermosos cuerpos desnudos hundiéndose en las cristalinas aguas del lugar.
Las que eran nuevas allí, como Hestia, Lili, Cecilly o las niñas de Día, en efecto quedaron encandiladas con la belleza bucólica del lugar, más propio de un cuento o de un cuadro que de un Piso del Calabozo, donde parecía mentira que hubiera un sitio tan hermoso como ese.
Pero lo que empañaba parte del disfrute de algunas de las chicas era el pudor y el bochorno tras haber sido descubiertas mirando a Bell como dios lo trajo al mundo a la hora de bañarse. Realmente fue un accidente, pero no podían negar que en efecto la visión de aquel apuesto chico, con su cuerpo desnudo y sus músculos humedecidos por las brillantes gotas de agua las había encendido sobre manera, y ese recuerdo permanecía aún muy vivo en sus mentes, aumentando su ya exagerada vergüenza.
Pero también, a muchas las angustiaba que el albino ahora pensará que eran unas pervertidas que le habían estado espiando. Para que luego se quejaran de que los chicos siempre tenían la mala manía de querer espiar a las chicas cuando se bañaban, y ellas habían hecho.eso mismo con el albino, el cual en ningún momento ni una sola de ellas pensaría que era de ese tipo de hombres lascivos.
-¿Y si Bell me odia y ya no quiere volver a entrenar conmigo...?- Aún con su habitual rostro carente de emociones, a Aiz le inquietaba que su nuevo amigo pensara mal de ella por creer que era una pervertida
-Que bochorno, hemos visto a oniichan desnudo, ¿que va a pensar de nosotras?- Afirmó Gina preocupada
-No sé lo habrá tomado mal, ¿verdad?- Comentó Primo dubitativa
-No creo, ¿no...?- Añadió Lili -Ha...ha sido un accidente, no creo que Bell-sama se lo tome a mal...- Dijo la pallum, no demasiado convencida en el fondo
-Nah, no os preocupéis, en serio- Afirmó Hestia al ver a varias de las chicas con expresiones preocupadas -Bell-kun sabe que ha sido un accidente, él tan solo estaba bromeando, lo conozco bien, no está enfadado, de verdad- Al oír las palabras de la diosa las chicas que estaban más preocupadas e inquietas sintieron como lograban calmar sus preocupaciones, suspirando aliviadas
-Bueno, pero tampoco os quejeis tanto- Añadió Cecilly con una sonrisa pícara -No vais a negar que en el fondo habéis disfrutado ver a Bell en bolas, ¿cierto?- La afirmación de la herrera hizo que muchas se pusieran coloradas
-¿¡Pero que dices, Cecilly-san?, no digas disparates!- Exclamó Lili ruborizada y abochornada
-Las cosas como son, el chico está bueno, ¿verdad Lion, a que te pone?- Comentó Alise con una sonrisa maliciosa dándole toquecitos con el codo a su compañera elfa, la cual se hundía casi por completo en el agua para ocultar el rubor de su rostro
-¡Y sólo es un crío aún, imagínate cuando tenga un par de años más!- Añadió Anakitty, recibiendo un regaño indignado de algunas de sus compañeras de Familia, para diversión de esta. Le hacía mucha gracia ver las tímidas reacciones de algunas de sus amigas, como Aiz, Lefiya o Filvis, las cuales claramente estaban interesadas en el hijo de Hestia
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La Leyenda del Pretoriano
Fiksi PenggemarBell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
