En la forja personal de Hephesto, la diosa herrera daba los últimos toques a la hermosa espada que había estado forjando durante días. A unos metros, apoyada en una silla, Hestia reposaba, cansada tras tres largos días de trabajo ininterrumpido, en los que prácticamente apenas había dormido.
-Por todos los dioses, estoy agotada- Dijo Hestia, estirando su cuerpo -Me duele todo, siento que me voy a desmayar en cualquier momento-
-Pero lo has hecho muy bien Hestia, con tu ayuda he terminado con tiempo de sobra- Dijo Hephesto mientras pasaba un paño por el filo de la espada -Si quieres, puedes ir a la recamara de al lado para dormir un poco. Acaba de amanecer, tienes tiempo para dormir unas horas, y lo que queda del trabajo puedo hacerlo yo sola-
-¿Segura?- Preguntó Hestia, recibiendo un asentimiento de su amiga -Pues seguiré tu consejo, dormiré un rato y después me daré un buen baño, no quiero volver a ver a Bell-kun toda sudorosa- Dijo Hestia, levantándose y dirigiéndose hacia la sala contigua a la forja.
-Te dejaré tu pago listo para cuando despiertes-
-Ok- La pequeña diosa entró en la habitación, cerrando la puerta tras ella. Hephesto observó a su amiga salir de la forja, mientras volvía a enfocarse en su trabajo.
-Si que te has esforzado, debes de querer mucho a tu hijo, ¿eh, Hestia?-
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Era pasado el mediodía, y un chico de pelo blanco se encontraba comiendo en el interior de la Anfitriona de la Felicidad. Tras pasar casi todo el día anterior en el Calabozo, obteniendo un botín enorme, Bell, agotado, llegó a su hogar y se durmió casi al instante, pero acostumbrado a levantarse temprano, al amanecer el chico estaba en el jardín trasero de la vieja iglesia, entrenando sus espadas. Decidiendo que se tomaría el día libre para ver el festival de Monsterphilia por la tarde, Bell decidió dedicar esa mañana para entrenar con sus espadas.
Tras largas horas de entrenamiento, el chico, al ver que era la hora de comer, decidió lavarse para después vestirse con sus ropas habituales, osea, su camiseta y pantalones negras y su gabardina color café, y equipado solo con sus fieles espadas, se dirigió a la Anfitriona de la Felicidad para almorzar.
Al llegar, fue recibido por sus amigas, las camareras y cocinera del local, aunque noto la falta de Syr, que al preguntar le contaron que se había tomado el día libre. También fue recibido con alegría por Mía, la enorme mujer que regentaba el sitio. El interior del local estaba vacío de clientes, ya que a esa hora todos los ciudadanos y aventureros se dirigían a disfrutar del festival. Aprovechando este momento de inactividad laboral, las chicas decidieron tomarse un descanso y se sentaron a comer junto a Bell en una de sus mesas, mientras Mía y May preparaban el almuerzo, que consistía en un plato de pasta con salsa tomate, queso y albóndigas, acompañado de un bien zumo de piña, sirviéndoselo a Bell y al resto, para después también sentarse junto a ellos a comer.
Mientras comían el delicioso almuerzo, Bell y las chicas charlaron animadamente, contando los sucesos de los últimos días, enfocándose en el momento cuando rescató a los niños de María y decidió cuidar de ellos de ahora en adelante, así como el día entero que pasó en el Calabozo y el enorme botín que obtuvo después.
Mía y sus chicas se sorprendieron cuando Bell les contó lo que pasó con esos huérfanos, indignándose al escuchar como unos desalmados atacaron a unos niños pequeños; por suerte, Bell pudo rescatarlos. Además, oír que Bell se había ofrecido a entregar parte del dinero que con tanto esfuerzo obtenía al orfanato para que a esos pequeños no les faltara nada provocó una sonrisa cariñosa de parte de todas. Mía observó con orgullo al chico que había comenzado a ver cómo a un hijo, y las chicas por otra parte, sentían su corazón retumbar con fuerza, mientras veían al dulce y amable chico actuar de forma tan desinteresada. No cualquiera estaría dispuesto a cuidar y ayudar a unos niños huérfanos que acababa de conocer.
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La Leyenda del Pretoriano
FanfictionBell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
