Capítulo 59

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-Buenas noches, mis tesoros- Dijo Meteria, saliendo del cuarto mientras cerraba la puerta

-Buenas noches, mami/tita Meteria- Dijeron Tessia y Lizbeth, mientras se acurricabam juntas en la que cama que había dentro de aquella estancia y caían dormidas al instante.

La hermosa y cándida mujer sonrió mientras salía del cuarto que las más pequeñas de las hijas de ella y su hermana compartían, tras haberle dado las buenas noches previamente también a Meria y Altea, cuyo dormitorio era el contiguo al de Lizbeth y Tessia.

Una vez cerró con cuidado la puerta, Meteria cruzó el pasillo del piso superior de su casa, iluminada por la pequeña vela que llevaba en sus manos, donde estaban los cuartos de los que allí residían, mientras veía por una de las ventanas de la planta superior como el suave viento hacia chocar las gotas de lluvia contra el cristal. Aquella lluvias eran apenas unas gotas comparadas con el intenso aguacero que había caído hace apenas unas horas.

Llevaba lloviendo los últimos tres días en el valle donde se levantaba el pueblo de Rulid, donde normalmente la lluvia era bastante habitual, pero este último aguacero había sido muy intenso. Por suerte solo había sido eso, mucha agua y ya está, sin tormentas, cuyos truenos y relámpagos sienpre habían asustado a su hija y sobrina más pequeñas.

Aún así, lejos de incomodarla, el sonido repiqueante de la lluvia era para Meteria como música para sus oídos. Desde que era pequeña le había encantado la lluvia; cuando era una niña podía pasarse horas mirando la lluvia caer, maravillada con la belleza del agua, y el sonido de esta la relajaba vuando estaba nerviosa o asustada. No obstante, ni siquiera la lluvia estaba logrando calmar la angustia que en estos momentos atenazaba su corazón.

La mujer de cabellos blancos acabo parándose un instante frente a una de las puertas a un lado del pasillo, que daba a un cuarto en estos momentos vacío, pues la persona que allí residía, ahora mismo no estaba allí...

-Mi Bell-chan...- Suspiró Meteria con preocupación. Cuanto le gustaría poder verlo de nuevo y estrecharlo entre sus brazos para poder así protegerle. Puede que ya no fuera un niño y fuera un guerrero fuerte y letal, pero seguía siendo su pequeño, y como su madre, haría lo que fiera por él. Ya había hecho él ya bastante por ella y por Alfia -Te esfuerzas demasiado, mi pequeño, deberías dejar que alguien te protegiera por una vez...- No tenía duda alguna de que su hijo se estaba esforzando más que nadie para proteger a los demás. ¿Cómo lo sabía? Era su madre, y ella podía presentir que es lo que era capaz de hacer su hijo

Pero también, y eso era lo que a veces le quitaba el sueño, sabía que su hijo, a causa de esto, probablemente estuviera arriesgando en exceso si vida, que fue aquello lo que llevó a su hijo a convocar...eso...

Suspirando nuevamente, Meteria fue a las escaleras, bajando por estas hasta la planta baja de la casa, llevando sus pasos hasta la puerta de una pequeña estancia.

La mujer abrió lentamente la puerta de esta, entrando en una habitación iluminada por la sencilla lámpara de velas que colgaba del techo, y repleta de libros colocados en estantería en ambas paredes, y en medio de estos, al fondo, un escritorio repleto de pergaminos, plumas y tinta, donde en este momento estaba Alfia, ojeando lo que parecía un libro muy antiguo y bastante grande, de pasta gruesa y dura.

Ese era el lugar de estudio de Alfia, donde guardaba todos los libros y manuscritos sobre magia que había reunido a lo largo de varios años, donde en este momento la peliplateada estaba totalmente concentrada, tanto que ni siquiera pareció notar la llegada de su hermana de cabellos blancos

-¿Sigues con esto, Alfia?- La voz de Meteria pareció sorprender a su hermana, la cual levantó la vista de su lectura para mirar a la albina

-Meteria...- Las horas continuadas de lectura habían dejado algo desorientada a Alfia, la cual miraba con ojos cansados a Meteria, quién frunció el ceño al notar el cansancio en los ojos de su hermana

La Leyenda del PretorianoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora