Bell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
Tras ayudar a una pequeña semielfa perdida y rescatar a sus amigos de unos bandidos, Bell acompañó a los pequeños a su hogar, un orfanato que según los pequeños se encontraba en la calle Dédalo. Durante el trayecto, los niños bombardearon a Bell con preguntas sobre sus aventuras en el Calabozo, que Bell respondió encantado. No podía decirles que no a esos niños tan lindos.
Tras un rato caminando, llegaron a una zona de Dédalo repleta de casas bajas y en mal estado. Aunque nunca había pasado por ahí, Bell supo que se encontraba en una de las zonas más pobres y antiguas de Dédalo. Enseguida, llegaron frente a una gran iglesia, muy vieja y en mal estado, aunque aún en pie. A Bell le recordó a la iglesia donde vivía junto a su diosa, aunque esta era de mayor tamaño y no estaba en ruinas, aunque al ver algunas grietas en sus paredes y muros y las ventanas rotas parecía haber pasado mejores días.
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(No he encontrado imágenes de la iglesia al completo.)
Enfrente de la puerta de la iglesia había una mujer adulta, de cabello negro atado en la parte posterior y ojos verdes, que vestía ropas holgadas de monja de color gris y blanco.
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La mujer parecía realmente preocupada, buscando nerviosa con la mirada de un lado a otro.
-¡Hermana María!- Los niños llamaron a la mujer, corriendo hacia ella. La mujer, al oír a los niños, giró la mirada hacia ellos, y su rostro adquirió una expresión de alivio y alegría.
-¡Niños!- Roux y sus amigos se lanzaron a abrazar a la mujer, que recibió a los pequeños estrechándolos entre sus brazos -¡Estaba muy preocupada al ver que no aparecías, cuanto me alegro que estéis bien!- La mujer parecía a punto de echarse a llorar en cualquier momento.
-Lo sentimos, no queríamos preocuparte, Hermana María- Dijo Fina agachando su cabeza por la culpabilidad, gesto que imitaron sus amigos.
-No pasa nada, cielo, lo importante es que estáis bien. Eso es lo único que importa- María acarició el rostro de los niños, que sonrieron felices al contacto. Unos metros alejado, Bell observaba con una sonrisa a los niños reunirse con la mujer que los cuidaba. A la legua se veía que era una buena persona que amaba a los pequeños y se preocupaba por ellos.