El sol se estaba poniendo en Orario, y el día dejaba paso a la noche. Muchos ciudadanos volvían a sus casas tras un duro día de trabajo, y los aventureros volvían del Calabozo para cobrar sus recompensas y volver a sus sedes, o ir a algún bar con sus compañeros a celebrar por el gran trabajo realizado en el Calabozo.
Enmedio de las calles, en dirección al Gremio, un muchacho de pelo blanco, ropas oscuras y dos espadas a su espalda, corría con una chica tigre de pelo azul. Muchos ciudadanos y aventureros se volvían curiosos al ver a ambos jóvenes, algunos divertidos por la escena y otros, sobre todo muchas chicas jóvenes y adultas, con envidia de la chica tigre por ir en los brazos de tan apuesto chico.
Bell, ajeno a las miradas a su alrededor, solo continuaba corriendo, deseando llegar al Gremio para que curaran a la muchacha. Felia, en sus brazos, parecía ser la única de los dos consciente de las miradas a su alrededor, y su rostro estaba tan rojo que casi brillaba. Jamás se imaginaría que acabaría siendo cargada como una princesa por todo Orario, y además, por un hombre. Y aunque debería estar molesta y furiosa el caso es que, sin siquiera saber porqué, el que Bell la cargara y protegiera así le causaba placer y felicidad.
Apenas unos minutos después, Bell llegó frente al Gremio, dirigiéndose al interior de este. Dentro del edificio, Eina se encontraba terminando el papeleo del día, aunque se podía ver un gesto de preocupación en el rostro de la hermosa semielfa. Hacia horas que ese nuevo aventurero había ido al Calabozo, y ya era muy tarde. El chico parecía ser fuerte, pero el Calabozo no era un lugar para tomarse a la ligera; incontables aventureros fuertes y experimentados habían caído entre las cuevas de los pisos, mayor era aún los novatos muertos por un error o un exceso de confianza.
Con esos pensamientos en la cabeza, Eina procedió a acabar su trabajo, pero se sorprendió cuando las puertas del.Gremio se abrieron de repente. Al mirar, pudo ver que el causante era Bell, que cargaba entre brazos a una chica semibestia con varias heridas y rostro cansado.
-¡Por favor, ayuda, ella está herida, necesita que la curen, por favor- El grito de súplica llamó la atención de los trabajadores del Gremio y aventureros que se encontraban allí. Eina se levantó de su lugar de trabajo y se acercó a Bell y a la chica, que al ver a Eina fue hacia ella.
-¿Qué ha pasado Bell-kun?- Dijo Eina preocupada al llegar junto a los chicos
-Fue atacada por un grupo de Dark Shadows, y acabó bastante herida por estos. Como no podía andar y ninguno de los dos teníamos pociones, decidí traerla al Gremio a que la trataran- Dijo Bell, recuperando el aliento tras la larga carrera desde Babel.
-Está bien, nosotros nos encargamos.- Dijo Eina, mientras un par de trabajadores llegaban junto a ellos -Llevadla a una de las salas de reuniones y proceded con el tratamiento estándar de curación. Después, avisad a su Familia para que vengan a por ella- Obedeciendo las órdenes de Eina, los trabajadores se llevaron a Felia, ayudándola a caminar lentamente. Antes de que se fueran, la chica se volvió a Bell
-Gra...gracias por todo...Bell-san- Dijo la chica, apenada y desviando la mirada.
-No hay de que, Felia-san. Espero que te recuperes pronto- Dijo Bell con una sonrisa. Los trabajadores se llevaron a Felia, dejando a Eina y Bell solos.
-Te agradezco que hayas salvado a Felia, Bell-kun- Dijo Eina, dirigiéndose de nuevo a su asiento, seguida por Bell -La conozco, y aunque es un poco ruda, es una buena chica. Espero que no haya sido maleducada contigo-
-No ha sido nada, era lo tenía que hacer, no podía dejarla ahí sola, herida dentro del Calabozo. Y no te preocupes, ha sido muy cordial- Dijo Bell, omitiendo las groseras palabras que la chica le había soltado. No quería hablar mal de una persona herida, y que no se encontraba presente.
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La Leyenda del Pretoriano
Fiksi PenggemarBell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
