Bell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
Bajo la sombra de la gran Torre de Babel, Bell salió del calabozo acompañado de dos niñas, una elfa y una amazona. Tras haberlas rescatado en el piso 8 de un grupo de minotauros y curar sus heridas, Bell las acompañó hacia la superficie, escoltándolas y protegiéndolas de los monstruos de los pisos superiores. Los monstruos apenas opusieron resistencia, ya que el instinto asesino y la sensación de peligro de los minotauros habían impregnado los pisos, y los monstruos más débiles apenas aparercían.
Mientras avanzaban a la salida del Calabozo, Primo y Gina observaban al chico, ligeramente ruborizadas y ojos brillantes. La forma en que el chico apareció y las rescató, plantándose ante los monstruos sin miedo y dudas aunque eran monstruos de un nivel superior, para luego acabar con ellos de una forma tan genial...les hacía recordar los cuentos que sus padres les contaban de pequeñas, esas historias de grandes héroes que salvaban a inocentes y doncellas en peligro a riesgo de su vida. El porte de Bell, la sensación de protección y seguridad que transmitía con sus acciones, y su amabilidad y humildad le hizo parecer un héroe a ojos de las pequeñas aventureras, y no pudieron evitar comenzar a admirar a Bell.
Delante de ellas, Bell no paraba de darle vueltas a lo ocurrido. No entendía como un grupo tan numeroso de minotauros había aparecido en los pisos superiores. ¿Habrían escapado del piso 15? ¿Alguien los había llevado hasta allí? Las preguntas se sucedían una tras otra en su cabeza.
Los chicos estaban saliendo finalmente del Calabozo, cuando a unos metros de la entrada bajo Babel, tres personas se acercaron al chico. Bell los reconoció enseguida como los aventureros de origen oriental que había salvado de un minotauro antes de ir a piso 8 y rescatar a Primo y Gina.
-Hola chicos, ¿qué tal?- Dijo Bell, sonriendo a los chicos cuando llegaron a su lado. Primo y Gina, algo tímidas ante los desconocidos, se ocultaron disimuladamente tras el peliblanco.
-Me alegro de verte de nuevo, chico- Dijo el chico del grupo, un joven unos años mayor que Bell de cuerpo alto y voluminoso, de anchos brazos y espalda, de cabello corto en punta y ojos oscuros, piel bronceada. Vestía prendas orientales de color lavanda, chaleco negro, rojo y dorado y pantalones marrones atados con vendas. Su arma era una gran hacha de doble filo.
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-Muchas gracias por tu ayuda antes, espadachín-dono- Dijo una de las chicas con una reverencia, una joven de cabello negro largo atado en una cola de caballo, vestida con un kimono corto morado, atado con una faja roja, un protector en su hombro izquierdo y largas botas que llegaban hasta sus muslos. Llevaba una katana atada en su costado.
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