Bell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
Tras salir de la Anfitriona de la Fertilidad, Bell y Hestia se dirigieron nuevamente a la plaza central de Orario, para que el chico pudiera ir al Gremio a registrarse. Cuando estaban cruzando la plaza, Hestia se detuvo, llamando la atención de Bell.
-Bell-kun, yo me voy ya para casa. Tu puedes ir ya para el Gremio- Dijo Hestia -Si quieres, dame tus cosas y yo las llevaré a la iglesia, así podrás ir ya directi al Calabozo-
-Pero Kami-sama, no es necesario que volváis a casa cargada, puedo llevarlo yo, además, no quiero dejaros ir sola- Dijo Bell, apenado y con preocupación, a lo que Hestia sonrió a su hijo, al ver su preocupación.
-No te preocupes, Bell-kun, puedo volver sola, no hay problema si voy sola de día, y no pasa nada, puedo llevar tus cosas, no son muchas y no me resultarán pesadas- Bell quiso negarse, no queriendo dejar irse sola a su diosa, pero la mirada determinada de Hestia terminó por hacerlo ceder.
Suspirando, Bell entregó su bolsa con sus pocas pertenencias a Hestia. Mientras Hestia se colgaba la bolsa al hombro, Bell sacó su cartera, entregándosela a Hestia.
-Tome, Kami-sama. Quedan algo más de dos mil valis, pero creo que es suficiente para que pueda comprar algo de comida-
-Pero Bell-kun, es tu dinero, no es necesario que me lo des, es tuyo, úsalo para ti- Dijo Hestia apenada, agitando las manos, negándose a coger la bolsa de dinero.
-Insisto, es mi deber ayudarla de todas las formas, y eso incluye ayuda económica. Yo no volveré hasta la tarde, así que puede usar este dinero para comprarse algo para comer mientras estoy en el Calabozo. Después de todo, espero traer bastante dinero del Calabozo, así que no se preocupe por el dinero,solo acepte, por favor- Hestia quiso negarse, pero la mirada insistente de Bell acabó por convercerla
-Está bien- Dijo Hestia, aceptando la bolsa -Muchas gracias Bell-kun- Hestia, estirando su cuerpo, se agarró al cuello de Bell, dándole un beso al chico en la mejilla
-¡Ka...kami-sama...!- Dijo Bell alterado, sonrojado y cubriendo con su mano el lugar donde Hestia lo besó -Jijiji, un amuleto de la suerte, para que te valla bien en el Calabozo- Dijo Hestia, sonriendo de forma linda con un leve rubor en su cara. Bell, aún ruborizado, sonrió con cariño a su diosa
-Gracias Kami-sama. Bueno,tengo que ir ya al gremio, nos vemos luego, tenga cuidado al volver a casa- Dijo Bell, yéndose saludando a Hestia. Esta saludó a Bell, mirándolo alejarse a lo lejos, con un gesto de cariño y leve preocupación.
-Ten cuidado, Bell-kun- Dijo Hestia en tono bajo, para después emprender el camino de vuelta a su casa.
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Tras despedirse de Hestia, Bell llegó al Gremio. A pesar de que era temprano, ya había un buen número de aventureros entrando y saliendo de este. Bell se dirigió a las puertas del Gremio que, como muchos edificios importantes de la ciudad, estaba flanqueado por dos soldados portando una alabarda en la mano y una espada al cinto.
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