Capítulo 36

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-Adios Hestia-sama, Syr-san, nos vemos luego en el local de Mía, que os vaya bien- Se despidió Bell, marchándose con Lili del sótano de la iglesia, rumbo a su cita diaria con el Calabozo.

-Adios chicos, tened cuidado- Dijo Hestia, observando a sus hijos irse, mientras Syr también los despedía, sentándose junto a Hestia, todavía ambas en camisón, mientras le servía una taza de té.

Normalmente los cuatro salían juntos de su hogar para ir cada uno a realizar sus propios quehaceres, pero esta vez Bell salió más temprano para así ir a recoger su daga otorgada por Eina, que como le dijo ayer al reunirse todos en el local de Mía, se la había dejado a Broddin para repararla. También ayer pidieron conocer al fin Hestia a Leah, la nieta del herrero de Bell, a la que este invitó a cenar con ellos.

La chica le agradó enseguida, era amable y muy linda, tanto que Hestia acabó estrechándola entre sus brazos enternecida por la adorable chica gnomo, como hizo la primera vez que vio a Lili. Aunque a todos se les salía una gota de sudor al ver esto, además de verse obligados de detener a Chloe que, presa de su extraño complejo con los niños, intentó acercarse a la chica con intenciones nada claras, cosa que impidieron Ryuu y Syr, para disgusto de esta.

Así pues, mientras desayunaban, la diosa no pudo evitar quedarse mirando con un gesto de preocupación el lugar por donde se habían ido sus hijos, cosa que Syr notó -Hestia-chan, ¿estás bien?- La diosa, volviendo su vista a su taza de té y quedándose con la mirada fija en ella, permaneció pensativa unos instantes, al parecer sin oír a Syr llamándola -¿Hestia-chan?- Acabó llamando la peliplateada a su diosa elevando ligeramente la voz

Finalmente Hestia reaccionó, dando un respingo al oír la voz de Syr -Perdona Syr-chan, no te estaba escuchando, ¿querías algo?-

-¿Estas bien, Hestia-chan?- Preguntó la camarera con algo de preocupación. No era normal que la siempre positiva y de buen humor diosa mostrará ese rostro angustiado. Y por algún motivo, la alarma en su rostro preocupó a la propia Syr

-Si, Syr-chan, estoy bien es solo...- La diosa se mordió el labio, no sabía muy bien cómo explicarlo, pero tenía una extraña sensación de alarma que oprimía su pecho -No puedo evitar tener la sensación de que algo va a pasar- No sabía bien como exponerlo, pero desde anoche, una extraña sensación recorrió su cuerpo, tras sentir, apenas por un instante, un extraño pulso de energía, apenas de la duración de un suspiro, que juraría por todos los dioses provino del Calabozo

-¿Algo malo?- Preguntó Syr, con el ceño fruncido. Freya le había enseñado que no había que tomarse a la ligera las suposiciones de un ser divino. Lo que para simples mortales podían parecer cosas sin sentido o importancia, podían ser muy relevantes para un dios, u había que prestar oído a esas advertencias aparentemente aleatorias

-No sabría decirte bien que es Syr-chan, pero la sensación que me transmite no es precisamente tranquilizante, y por algún motivo no puedo evitar pensar que eso inmiscuye a Bell-kun y Lili-chan- La diosa abrazaba sus brazos, no pudiendo evitar sentirse intranquila pensando en sus otros dos niños

-¿Otra trampa de los cerdos de Soma?- Preguntó Syr, frunciendo el ceño más aún. Su diosa, junto a Bell y Lili, le contaron todo sobre lo que les ocurrió con la Familia Soma y lo que la pallum sufrió viviendo con ellos toda su vida, incluyendo la trampa de estos a Bell y a Lili, y como el chico los aniquiló cuando estos trataron de abusar de la pallum. Y a diferencia de lo que el albino creyó, Syr no solo aceptó lo que Bell hizo, si no que lo aprobó y dio su visto bueno. Tipos así capaces de maltratar a una niña por años y tratar de violarla no merecían vivir.

-Lo dudo, no creo que se trate de Soma- Después de cómo Bell los amenazó, no se atreverían ni a mirarlo de lejos -Es...es...no se explicarlo, es como...como un presentimiento...no sé bien que es, pero me oprime el pecho, y no puedo evitar pensar que ese algo va tras Bell-kun- Lo que percibió esa noche era una sed de sangre y odio inmenso, y sin saber bien por qué, sintió que el objetivo de esa ira...era su primer hijo

La Leyenda del PretorianoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora