Tras otro día de duro y extenuante trabajo cazando monstruos en el Calabozo, Bell y Lili dejaban atrás el Gremio, dirigiéndose hacia la Anfitriona de la Fertilidad.
Durante todo el día, Lili había estado distraída, perdida de tal forma en sus pensamientos que más de una vez había estado a punto de ser atacada por monstruos sin darse cuenta. Por suerte para ella, Bell estuvo cuidando de ella en todo momento, matando a distancia a esos monstruos, ya fuera invocando sus cuchillos arrojadizos o su arco, Ëolwyn, aquel que obtuvo como recompensa en la Mazmorra. El motivo de que mostrara su habilidad, ya lo bastante recuperado el peliblanco como para que su mente soportara el casi inexistente gasto de maná que requería la activación de esa habilidad, era que Bell había decidido contarle a Lili sobre Tesoro del Valhalla. El peliblanco sabía que podía confiar en ella, pues en estos días había podido comprobar que la chica era una buena persona, amable y digna de su confianza, a pesar de que en el fondo intuía que ella le ocultaba algo, pero sus instintos, de los que siempre se había fiado, le decían que la joven soporte no le deseaba mal alguno.
La chica se sorprendió al escuchar sobre esta asombrosa habilidad: Un espacio mental que permitía almacenar armamento indefinidamente e invocarlo en un instante. Desde luego era algo increíble, y muy útil para el combate, aunque claro, tenía sus limitaciones, como el solo poder almacenar armas y no otros objetos. De ser así, Bell no hubiera requerido de un soporte, si hubiera podido almacenar cualquier tipo de objeto en él, cosa que en el fondo la alegraba, pues de ese modo el chico no la hubiera contratado y jamás se habrían hecho amigos. La simple idea de no haber podido conocer a Bell en estos momentos aterraba a la joven soporte de Soma.
Y por supuesto, no le dio importancia ni se molestó cuando el chico, con gesto culpable, se disculpó por no mostrar su habilidad antes. La chica comprendía perfectamente que no podía ir mostrando sus habilidades a cualquiera, menos a alguien que acababa de conocer. No sería muy inteligente que personas de las que apenas sabías nada supieran de tus poderes y capacidades ocultas. Ella misma pensó que sería hipócrita reclamarle a Bell por no contarle a Lili cosas de él cuando ella misma le ocultaba varias cosas al peliblanco.
No obstante, ese gesto fue muy importante para Lili: Que ese chico dijera que confiaba en ella a pesar de solo conocerse de unos días logro hacer retumbar de felicidad el corazón de Lili. Estaba segura que su rostro parecía una lámpara roja cuando el chico reiteró su confianza en ella, acariciando su cabeza y regalándole una de esas amables sonrisas de las que Lili jamás se cansaba de admirar. Aunque tampoco pudo evitar admirar el como Bell manejaba con pericia distintos tipos de armas diferentes: Espadas, lanza, daga, cuchillos arrojadizos, arco y flechas... Al parecer el peliblanco era un maestro del manejo de todo tipo de armamento, y eso desde luego era sorprendente, y permitía al joven luchar de forma fluida contra todo tipo de adversarios, y eso sin contar su magia, que no podía usar en este momento por qué, en palabras de Bell, había tenido problemas unos días atrás con su núcleo de maná a causa de una sobrexplotacion de este, y debía estar unos días sin forzar su mente con el uso de magia.
Y así, Bell aprovechó para probar su arco nuevo, observando con júbilo como lanzaba con una facilidad asombrosa sus proyectiles, con una potencia tal que atravesaba las pieles de los monstruos más duros y resistentes. Y por supuesto, su rango de alcance era mayor que las de las dagas arrojadizas, aunque tampoco cesó su uso de estas, pues aunque el tango de ataque del arco era mayor, el tiempo de reacción del lanzamiento de las flechas era mayor, pues debía tensar la cuerda y apuntar con más calma. Por ello, alternaba el uso entre ambos tipos de armas, usando sobre todo el arco élfico en espacios abiertos, donde tenía más margen para apuntar a los enemigos a distancia.
Durante todo ese tiempo, Bell estuvo planeando varios tácticas y ataques que podía usar para mejorar su uso del arco. Por ejemplo, pensó en el daño que podría provocar lanzar flechas recargadas con la fuerza que le otorgaba Tempestas Luminare, su magia fortalecedora de rayos, o incluso el efecto que podría tener lanzar flechas cargadas con Firebolt, cosa que posiblemente aumentaría el rango de ataque de su magia explosiva. Aunque también era probable que esa magia destruyera el proyectil, pero no era algo que le preocupara: Teniendo en cuenta lo baratas que eran las flechas y que podía cargar las que quisiera con Tesoro del Valhalla, el número de proyectiles que usara era lo de menos. Lo que si pudo probar de esa arma fue su habilidad ligada, Wild Hunter. Bell pudo comprobar que en efecto, como ponía en la descripción en su falna de esa habilidad, su percepción sensorial se incrementaba enormemente al momento de empuñar ese arco, pudiendo sentir la presencia de los enemigos a una distancia mucho mayor de lo acostumbrado. Numerosas veces, el peliblanco pudo percibir a monstruos que los estaban vigilando para sorprenderles a una distancia de bestias decenas de metros a la redonda, cuando antes solo podía descubrir su presencia a una distancia menor o incluso no poder evitar que los emboscaran. Pero gracias a esta habilidad, Bell podía conocer la posición de numerosos enemigos ocultos, pudiendo interceptarlos ya fuera con el arco a distancia o con sus espadas, lanza o daga en combate cercano.
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La Leyenda del Pretoriano
FanfictionBell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
