Capítulo 55

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-¡Lo sentimos mucho!- Exclamó Mikoto, inclinándose frente a Bell y sus compañeras, al igual que Chigusa, pegando su frente contra el suelo

Tras haber llegado el grupo de rescate finalmente al Piso 18 y encontrar a los hijos de Hestia y sus compañeras, las dos aventureras de Takemikazuchi, que al parecer junto a su capitán habían venido a ayudar en la búsqueda, procedieron a pedir perdón, colocándose en la posición que en los países de la región de Sakai se conocía como "dogeza".

-¿Creéis realmente que con simplemente pedir perdón a cuatro patas basta? ¡Nos dejasteis tirados para morir, joder!- Exclamó Cecilly, dando un paso al frente con el rostro contraído por la furia contenida, mientras Lili y las niñas de Día las observaban también con rostro apenado y traicionado, presa de la decepción -¿¡Así le agradeceis al que os salvó el culo de los minotauros, dejándolo tirado!?-

-No me lo puedo creer...¡Les hicieron un Pase de Desfile, ¿cómo pudieron!?- Detrás de estos, las chicas de la Familia Loki observaban con indignación a los aventureros orientales, sobre todo Tiona, la cual tenía ganas de saltar sobre esos aventureros y darles de ostias. Todo esto después de oír sobre toda esta situación de boca de Ryuu y Alise, la elfa y la capitana de la Familia Astraea.

Al parecer, para ponerse a salvo ellos y sus compañeros, los hijos de Takemikazuchi les dejaron a Bell y a sus amigas con una horda numerosa de monstruos, aprovechando para huir en el momento en que el grupo del albino quedó asediado por la horda de monstruos, hecho que los orilló a tener que recorrer sin descanso los Pisos Intermedios, con el constante acoso de las criaturas del lugar.

Aquello hizo que Aiz y las demás observaran con furia a los hijos de Takemikazuchi, pues aunque en parte entendían por qué lo habían hecho, no tenía justificación alguna dejar a su suerte a un grupo de aventureros y peor aún, usarlos como carnaza para salvar el propio pellejo.

Y lo que aún era más despreciable era que a quien se lo hicieron fue el mismo chico que a esos tres aventureros los salvó de unos minotauros el día que rescató a las niñas de Día, y que además arriesgó su propia vida luchando contra Minos para proteger, entre a otros, a las chicas de esa misma Familia.

Por ello, la idea de que, para salvarse ellos mismos, dejaron tirado al grupo del chico que tanto había hecho por ellos les causaba asco y desprecio, e implicaba que lanzaran miradas indignadas a esos aventureros en concreto que, al menos a Mikoto y Chigusa, les atravesaba y las hacía sentir la vergüenza y la culpa de sus actos, no atreviéndose siquiera a mirar a los ojos a aquellos que casi mueren por su culpa.

-Ellas no tienen la culpa, estuvieron dispuestas a quedarse a ayudarlos, pero yo se lo impedí- Ouka, con expresión seria, permanecía de pie a diferencia de sus compañeras -Yo soy el único responsable de lo que ocurrió, culpadme a mí sí queréis, pero sabes que no me arrepiento de lo que he hecho- Aquellas palabras del voluminoso joven sorprendieron a unos e indignaron a otros

-¿¡Tú eres imbécil o que, como puedes decir eso, gilipollas!?- Afirmó Cecilly, avanzando hacia Ouka y encargándose con él -¡Nos dejaste para morir, obligaste a tus compañeros a hacerlo, y encima vas de chulito en vez de disculparte, ¿cómo puedes tener los santos cojones para encima tratar de justificarte, subnormal!?-

-Di lo que quieras, hija de Hephesto, pero como he dicho, lo que hice lo hice por qué no había otro remedio, y de ser necesario, lo haría de nuevo- Si al capitán de Takemikazuchi le molestaron los improperios de la pelirroja, no dio muestras de ello

-¡Tch, alguien va a tener que recibir una buena ostia para aprender lo que es la decencia!- Por la expresión de Cecilly, parecía que estaba a punto de hacerle una cara nueva a Ouka, y no era la única

La Leyenda del PretorianoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora