-¡Ufffff, hoy a ha sido un día duro, ¿verdad Lili?- Preguntó Bell a su soporte, la joven pallum que caminaba junto a él
-Si, tiene razón Bell-sama, ¡aunque ha valido la pena, hemos conseguido un buen botín, como siempre!- Señaló Lili con satisfacción, mientras ella y su compañero caminaban juntos por las calles de Orario tras salir del Gremio y recibir su jugosa recompensa habitual
Unos cuantos días habían pasado ya desde que Bell volviera de haber completado la Segunda Mazmorra, siendo estas conocidas como las Catacumbas de Argalan, basada en la Necrópolis Real de un reino caído hace muchos milenios, lugar que por poco acaba con él, pero que logró superar gracias a su esfuerzo y determinación inquebrantable, derrotando al poderoso Jefe que allí aguardaba y obteniendo como recompensa una hermosa y fastuosa espada pesada a la que nombró Caesarys, en honor al Caballero que en vida fie el enemigo final que enfrentó en las Catacumbas.
Ese espadón no era un arma cualquiera, pues estaba hecho de un material llamado Aurita, un metal proveniente de un continente llamado Teyvat, un lugar que según Arquitecto desapareció hace eones por causas desconocidas. Con ese metal, su espada era capaz de usar una capa de maná elemental de luz de forma natural, sin siquiera usar el propio maná del portador.
Tras volver de la Mazmorra y estar buena parte del día siguiente convaleciente, Hestia lo hizo descansar un día más, para recuperar toda su fuerza, antes de volver al Calabozo, cosa que Bell tuvo que aceptar. Cuando su diosa se lo proponía, era muy complicado hacerla cambiar de opinión, y no ayudaba tampoco que Lili y Syr pensaran lo mismo y la apoyarannen su decisión.
-Una mujer decidida y testaruda es un hueso duro de roer, querido nieto, y cuando encima son varias, pues imagínate...- Le dijo la voz de su abuelo en aquella ocasión, y por una vez, Bell tuvo que darle toda la razón
Finalmente, pudo regresar al Calabozo donde, al igual que en la anterior vez que fue a la Primera Mazmorra y por consejo de Hestia, trató de usar la menor cantidad de magia posible, al memos durante unos días, debido al estrés mental causado por el uso excesivo de hechizos durante los tres días que estuvo en la Mazmorra, consejo que esta vez Bell cumplió sin rechistar. Aún sufría leves dolores de cabeza simplemente por usar apenas un simple Firebolt, así que decidió prescindir de la magia en combate.
No es como si fuera un problema, pues su fuerza, sus habilidades de batalla, mejoradas más aún tras la subida de nivel y sus stats, y sus excelentes armas suplían el uso de cualquier magia, arrasando en el campo de batalla, y eso sin contar con el apoyo en combate de Cecilly y Lili, ambas cada vez más versadas en batalla, gracias a acompañar a Bell en sus idas al Calabozo. Era duro, no lo iban a negar, pero la fuerza que ambas estaban obteniendo hacia que todo ese esfuerza mereciera completamente la pena.
Grande fue la alegría de Lili cuando Hestia le actualizó su estado y observó que sus stats habían subido bastante para lo común entre los aventureros, más en estas últimas semanas que en toda su vida como aventurera. La propia Hestia se asombró por esto, pues aunque no era ni de lejos una subida tan radical como la de Bell, superaba bastante la de la mayoría de aventureros. Incluso por lo que les habían dicho sus hijos al oírlo de boca de una entusiasmada Cecilly, la propia herrera de Hephesto había tenido un buen repunte de sus stats, teniendo en cuenta el poco tiempo que llevaban luchando juntos.
-¿Será que Liaris Freese también tiene un efecto colateral en aquellos que luchan con Bell-kun?- Se dijo Lili con ironía, aunque no podía negar que se alegraba por ello. Su Familia, poco a poco, se hacía más y más fuerte.
También, durante estos días, Bell estuvo usando todo su armamento en combate, dependiendo de la situación y enemigo. Ya no valía la pena ocultar su habilidad Tesoro del Valhalla, pues muchos ya la habían visto cuando enfrentó al Akantor en el piso 12, así que se vio pudiendo usarla libremente, aunque no dio denasiados detalles sobre ella a desconocidos.
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La Leyenda del Pretoriano
Hayran KurguBell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
