Bell es un habilidoso joven de 15 años que viaja a Orario para cumplir su sueño de ser un héroe. Allí, tras vagar por la ciudad sin ser aceptado por no ninguna familia, es acogido por la diosa Hestia. Desde ese momento comenzará la historia del mayo...
-Listo, este es el último- Sobre los muros del Palacio de Elran, construido este sobre una loma en el centro de la ciudad, Metis últimó a la realización de un círculo mágico, hecho a partir de su maná, que dejó grabado en el suelo de piedra, frente a las almenas de uno de los muros interiores que rodeaban el perímetro de la edificación, en la parte superior de las tres líneas de muros defensivos que rodeaban el Palacio, convirtiendo el lugar en una fortaleza inexpugnable para cualquier ejército por medios convencionales. El lugar era tan grande que podía proveer de refugio a toda la población civil de la ciudad y las poblaciones cercanas en caso de ataque.
La hermosa hechicera limpió su frente, perlada de sudor, agotada tras el uso excesivo de maná durante horas. Su cabeza le daba vueltas, y le dolía horrores, como si estuvieran golpeándola con un martillo de herrero sin parar. Tras ella, había un grupo de diez soldados de la guarnición dejada por Wellmund, que habían otorgado protección a Metis en todo momento desde que comenzó la invocación de todos los círculos, guiándola además por toda la fortaleza y mostrándole los mejores lugares para poder colocar los círculos arcanos.
-¿Estás bien, Metis-san?- Al lado de la hechicera peliceleste, apareció Medusa, llevando en sus manos un par de frascos de pociones
-Si Medusa, tranquila, es solo un poco de estrés mental, ya sabes, por el esfuerzo, pero estoy bien, en serio- La hechicera de Athenea asintió con una sonrisa cansada, cogiendo una de las pociones que le ofrecía su compañera, para así recuperar parte del maná perdido
-Las pociones de mente que hacen aquí no son tan buenas como las que producen en Orario, intenta tomártelo con calma-
-Lo se- Dijo Metis con un suspiro, tras beber la poción y notar como parte de su maná en su núcleo era restablecido, aunque el dolor de cabeza aún persistía, fruto de las largas horas convocando los círculos mágicos -Si lo llego a saber hubiera traído más de mis reservas personales. No esperaba que la misión se demoraría tanto, y en el exterior no cuentan con algunos de los materiales que requiero para fabricarlas-
Medusa asintió, mientas echaba un vistazo al círculo arcano, un círculo mágico compuesto de numerosos glifos arcanos, bastante complicado de realizar incluso para la mayoría de hechiceros, creación propia de la mismísima Metis
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-¿Crees que el hechizo funcionará?- Preguntó Medusa. No dudaba de las capacidades de Metis, no por nada era considerada de las mejores hechiceras de todo Orario, pero teniendo en cuenta la situación, podía esperar cualquier imprevisto con el que no contarán. Además , Metis estaba agotada tras haberse pasado todo un día entero invocando todos esos círculos a lo largo y ancho de todo el perímetro de la fortaleza
-No te preocupes, puedo lidiar con ello- Dijo Metis, adivinando las dudas que corrían a su amiga -Lo más duro era convocar los círculos, una vez estsblecidos, solo debo enlazar mi maná con ellos para activarlos, y estos se retroalimentarán entre ellos, haciendo que el malgasto de maná sea mínimo- El único problema era que necesitaría mantener la concentración a cada rato. Un solo movimiento mal ejecutado, una mínima distracción, y el hechizo se vendría abajo