Prólogo: Comienzas a trabajar como guía en el museo, y Steven te admira desde la distancia.
Hacía unas cuantas semanas habías comenzado a trabajar en el museo como guía en el área del antiguo Egipto, y Steven desde el primer momento en que te vio sintió un cosquillo en el estómago.
Mentiría si dijera que no disfrutaba verte todas las mañanas y todas las tardes dando tours por el museo.
Realmente no había tenido muchas oportunidades para hablar contigo. Siempre o era Donna quien le interrumpía, o debías irte, o algo más pasaba. Y mientras más te veía, más se sentía atraído hacia ti.
Sin embargo era muy tímido como para ir y pedirte una cita, además, en poco tiempo Dylan y tú se volvieron muy cercanas, por lo que Steven asumía que ella ya te había hablado acerca de su cita fallida y que probablemente ya te había dicho que te mantuvieras alejada de él.
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Steven había logrado llegar a tiempo por la mañana al museo. Ya sabiendo de la existencia de Marc y Jake, y que llegaran a un acuerdo sobre los horarios que cada uno tendría para controlar el cuerpo, se le hacía más fácil poder organizarse, aunque los problemas para dormir no se iban todavía.
–¡Ah! ¡Stevie! ¿Qué clase de milagro es éste? ¿Finalmente llegas temprano?–Le preguntó Donna con su típico tono de voz irritado y cierto sarcasmo detrás, masticando su chicle y cargando una caja llena de peluches de Taweret.
–Hace tiempo que estoy llegando temprano, Donna. Y es Steven, con Stevie.–Le dijo él tratando de sonar amable, señalando el pin con su nombre en su chaqueta.
–¿Y cuánto crees que me importa cómo se dice tu nombre?–Le preguntó ella viéndole fijamente y sin dejar de masticar.–Tienes toda ésta caja y tres más en la bodega. Y hoy te quedas en inventario otra vez.–Dijo mientras se alejaba.
–¡¿Otra vez?! ¡Pero si estoy llegando temprano!–Exclamó, pero Donna no le escuchó y siguió caminando.
Steven soltó un suspiro y bajó a la vista hacia la caja frente a él, para luego comenzar a acomodar los peluches en las repisas detrás del mostrador.
–¿Steven?–Escuchó a alguien decir detrás suyo.
–¿Mm?–Respondió volteándose, y una gran sonrisa se formó en su rostro al verte del otro lado del mostrador.–¡T/N! Hola... ¿c-cómo estás?
–Bien... veo que Donna ya te dejó trabajo.–Le dijiste gesturando hacia la caja con los peluches, dejando sobre el mesón dos vasos de cartón de una cafetería.
–¿Qué? ¿Esto? Créeme que no es nada comparado con las otras tres cajas en la bodega. Pero está bien, no importa.-Te dijo encogiéndose de hombros.–¿P-puedo ayudarte algo?
–Oh no, solo venía a saludarte y ya.–Le dijiste con una sonrisa.
–¿S-saludarme? ¿A-a mi?–Te preguntó como si no pudiera creer que fuiste hasta ahí solo para eso.
–Mhm... así es.
–O-oh bueno... hola.–Te dijo saludando con su mano, y después comenzó a jugar con ellas.
–Hola...–Reíste ligeramente bajando la vista, antes de volver a verle levantando uno de los vasos de cartón.–Toma, te traje un té.
–¿P-para mi? G-gracias... no tenías que hacerlo...–Te dijo con una gran sonrisa tomando el vaso y atrayéndolo hacia su pecho para dejarlo cerca de su corazón.
–Lo sé, pero pasé por la cafetería y recordé haberte visto un día en la sala de descanso preparándote un té. Sé que no nos conocemos mucho, pero te aseguro que no está envenenado ni trae nada extraño.–Le dijiste riendo nerviosa y viendo hacia el otro vaso en tus manos.
–Gracias, y-y tranquila, confío en que no tiene nada.-Te dijo sin poder dejar de sonreír.–E-es muy lindo de tu parte, igual que tú- ¡quiero decir! N-no te lo digo para faltarte el respeto o hacerte sentir incómoda, nada de eso, yo jamás querría hacerte sentir incómoda a mi alrededor o decir algo que te pueda ofender, solo pienso que eres linda... e-eres muy hermosa, te he visto dar los tours y— ¡p-pero no de forma pervertida! No te veo de esa manera, jamás te vería como un pervertido, te prometo que no lo soy, e-es solo que siempre pasas por aquí en frente y-y pienso que siempre te ves muy hermosa—
–Gracias, Steven. Yo también pienso que eres muy guapo. Es difícil no notarte aquí en la tienda de regalos cada vez que paso por aquí, y debo admitir que yo también te he observado, no de una forma pervertida, pero sí eres muy lindo.–Le dijiste con una tierna sonrisa y soltando una pequeña risita que Steven creía le había enviado al cielo y luego vuelto a la la tierra.
–¡T/N! Hasta que encuentro. Dios chica, te quito la vista cinco segundos y ya te escapas.–Te dijo Dylan con una sonrisa acercándose a ti, y luego se volteó a ver a Steven de forma más seria.–Hola Steven.
–Hola...-Le saludó él algo apenado.
–En fin, ¿ya estás lista? Tu próximo tour va a llegar en unos pocos minutos.–Te dijo ella dejando una mano en tú brazo.
–Sí, si. No te preocupes, ya voy.–Le dijiste con una sonrisa.
–Okey.–Respondió ella con una sonrisa, dándole una mirada de pies a cabeza a Steven y luego se alejó.
–No le agrado mucho, ¿eh?–Rió él algo incómodo apartando la vista.
–A Dylan no le agrada nadie, no te preocupes.–Le dijiste con una sonrisa.–Aunque así es mucho mejor para mi porque me aseguro de que no intentará invitarte a otra cita.
–¿Q-qué...?–Preguntó con una pequeña sonrisa levantando la vista hacia ti.
–Ya debo irme, nos vemos más tarde. Ten un lindo día, Steven.–Le guiñaste un ojo y luego te volteaste para caminar hacia otro lado.
Steven se quedó viendo en la dirección que te fuiste, sujetando el vaso con té cerca de su corazón y sin dejar de sonreír.
–¡STEVEN PONTE A TRABAJAR!–Le gritó Donna provocando que diera un pequeño salto, pero la sonrisa no se borraba de su rostro mientras bebía de aquel vaso de té, que por cierto jamás tiraría a la basura, y continuaba con su trabajo.
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Moon Knight III
Fiksi PenggemarTercer libro dedicado a estos tres maravillosos hombres. 🌑Oneshots de nuestros tres loquitos favoritos, Steven, Marc y por supuesto Jake. Con algunas apariciones especiales de nada más, y nada menos que Oscar Isaac Hernandéz Estrada. Y ahora tambié...
