Sus hijos y ex esposa (parte 2)

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DowBaStan

Oscar y tu llevaban ocultando su relación ya por casi siete meses.

A veces ibas a su oficina en la universidad para simplemente pasar el rato juntos, o en otras ocasiones para hacer otro tipo de actividades, pero siempre con la excusa de hacer clases extra para estudiar.

Muchas veces también se reunían en su casa ya que quedaba bastante lejos de la universidad, o en otras ocasiones en tu departamento que si bien estaba algo cerca del campus, tenía una entrada trasera y no era un edificio al que los alumnos fueran.

También en ocasiones sus hijos estaban en casa y jugabas con ellos ya que te adoraban, a pesar de que no querías incomodar a Oscar o Elvira con ello. Obviamente a él le encantaba la idea de que te adoraran y te quisieran, y ella parecía no tener problema con ello, o solo guardaba silencio y no decía nada al respecto, que tu supieras.

Sabías que Elvira muchas veces podía ponerle problemas ya que pensaba que Oscar dejaría a sus hijos por ti, sin embargo siempre insistías en que ellos fueran su prioridad, y él tampoco jamás podría dejarlos. Aunque también agradecías el hecho de que ella no supiera que eras su alumna.

—————

Estabas en tu pequeño departamento sentada en el escritorio de tu habitación terminando un informe para la clase Oscar antes de que dejara la universidad, cuando tu teléfono sonó y su nombre apareció en la pantalla.

–Hola.–Le saludaste con una sonrisa escribiendo algo en tu cuaderno con tu laptop encendida frente a ti.

¿Estás en casa?–Te preguntó del otro lado con cierto tono de emoción en su voz.

–Sip, estoy terminando el informe de tu clase y... lo acabo de enviar.–Dijiste con una sonrisa apretando el botón en tu laptop, y luego apoyaste la espalda en la silla.

Oscar se quedó unos segundos en silencio y le oíste soltar aire por la nariz como si hubiese sonreído.

Y lo acabo de recibir... ahora, ¿te importaría venir y abrir la puerta?

–¿Qué? ¿Estás aquí? ¿Habíamos acordado vernos?–Preguntaste confundida cerrando tu laptop y ordenando tus cosas.

No, pero Eugene y Mads querían verte, y yo también.–Dijo con una sonrisa mientras caminabas a la puerta.

Colgaste la llamada y abriste, e inmediatamente Eugene se abrazó a tus piernas y Mads caminó hacia ti para abrazarte también.

–¡T/N! ¡Te extrañamos muchísimo!–Exclamó Eugene con una gran sonrisa.

–¡Hey! Que bueno verlos, y que sorpresa también.–Reíste desordenando el cabello de ambos niños.

–Espero no te moleste que los haya traído, los dos estaban muy inquietos y querían verte.–Te dijo Oscar con una sonrisa llevando dos cajas de pizza en sus manos y una bolsa colgando de su brazo.

–Claro que no molesta, pasen.–Le dijiste con una sonrisa haciéndote a un lado.

–¡Tú casa es muy linda!–Dijo Eugene con una sonrisa viendo a su alrededor sujetando su mochila en sus hombros con ambas manos, y su hermano siguiéndole detrás.

–Me alegro que les guste, pueden dejar sus cosas en el sillón y ahí en la esquina hay una caja llena de legos para que puedan jugar.–Les dijiste con una sonrisa mientras Oscar dejaba las cosas en el mesón de la cocina.

–¿Tienes legos?–Te preguntó Mads con un brillo en sus ojos.

–¡Claro que si! A veces a mi también me gusta jugar con ellos.–Le dijiste con una sonrisa desordenando su cabello.

Ambos niños corrieron hacia la caja para comenzar a jugar, mientras te acercabas a la cocina donde Oscar tenía una gran sonrisa y sacaba una gaseosa de la bolsa.

–Es lindo tenerlos aquí, aunque algo me dice que no vinieron solo de visita y a comer pizza.–Le dijiste con una sonrisa posando una mano en su hombro.

Usualmente cuando sus hijos estaban presentes o cerca, preferías mantener el contacto físico en lo más mínimo posible ya que no querías cruzar límites o que ellos les vieran así.

Oscar puso ambas manos en tú cintura y te acercó para abrazarte dejando un beso en tus labios.

–Ya hablé con ellos. Les dije que no eras solo una amiga, y se emocionaron tanto que quisieron venir a verte.–Te dijo con una gran sonrisa y brillo en sus ojos.

–¿Y entonces están bien con eso? ¿No les molesta? ¿No me odian?–Le preguntaste preocupada con tus manos en sus hombros.

–Claro que no, al contrario, ese par de monstruos revoltosos te adoran.–Te dijo con una pequeña risita, provocando que la piel alrededor de sus ojos se arrugara de una forma que te encantaba ya que solo pasaba cuando sonreía o reía.–Y te tengo buenas noticias, Elvira accedió y finalmente firmó los papeles ésta mañana.

–¡¿QUÉ?! ¡¿Es enserio?!–Le preguntaste llevando una mano a tu boca ante la impresión.

–¡Sí! Así que ya no tienes de qué preocuparte.–Te dijo con una gran sonrisa acercándose para besar tus labios.–Y ni bien me transfieran de Universidad en dos meses, ya no tendremos que escondernos. Podremos ir por la calle sin miedo a que nos vean, ir a citas, y hacer cualquier cosa sin que nadie pueda decir nada al respecto.

–¡No puede ser!–Soltaste una risa dando saltos emocionada, provocando que riera mientras envolvías tus brazos en su cuello y le abrazabas con fuerza.–¡Esto es increíble!

–¡Lo sé! Yo también estoy muy feliz, y quería decirte esto en persona porque no vale la pena que sea por teléfono si no puedo besarte o abrazarte.–Dijo con una gran sonrisa volviendo a besarte.–Te amo. Te amo demasiado.–Te susurró a centímetros de tu boca.

Te quedaste sin palabras por unos segundos viéndole atónita.

Ésta era la primera vez que te decía una cosa así, y si eras sincera, jamás pensaste que lo que Oscar y tu tenían podría volverse algo tan serio como para que fuera una relación de siete meses, sus hijos en tu departamento jugando con legos, mientras él te decía que te amaba en la cocina.

Justo cuando iba a decir algo, temeroso de haberte espantado con su declaración, volviste a besarle con una gran sonrisa en tu rostro.

–Yo también te amo.–Le dijiste sin borrar la sonrisa de tu rostro.

¡Papá! ¡T/N! ¡¿Cuando podemos comer pizza?!–Escucharon a Eugene desde la sala de estar, provocando que ambos rieran.

–¡Ya va, hijo! ¡Danos un minuto!–Le respondió aún contigo en sus brazos.–Perdón por eso, siempre interrumpe en el peor momento.

–Tranquilo, ya me acostumbré.–Le dijiste con una sonrisa, acercándote para besarle nuevamente.

Moon Knight IIIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora