Dormí en una misma cama con Akko. No había más habitaciones libres en casa de Lotte, y perdí el piedra, papel y tijeras con Sucy, por lo que me tocó.
No dormí casi nada, porque Akko me usó como su peluche y como su saco de boxeo. A veces me asfixiaba y a veces me golpeaba, todo mientras ella dormía como un tronco.
Me desperté muy temprano en la mañana debido a un fuerte grito proveniente de algún lado de la casa. Era Lotte.
Akko, Sucy y yo nos levantamos de la cama de inmediato y fuimos a ver qué sucedía.
—Qué putas... —susurré.
En medio de la sala, estaba Charlotte, la madre de Lotte. Pero verde.
¿Eh?
Sí, verde. Cubierta por musgo. Todo su cuerpo. Aunque, para ser sincero, no me sorprende. Desde que llegué a Luna Nova, mi día a día se resume en un azar sin sentido de cosas absurdas, y al parecer, esta es una de esas.
Me acerqué a Lotte, quien veía inmóvil a su madre ahora convertida en una mujer-musgo, o algo así.
Solo para comprobar, toqué el brazo Charlotte. Y sí, era musgo.
—¡Miren! —exclamó Akko, apuntando a la ventana.
En el patio estaba Karl junto a una anciana, que supuse era la vecina de al lado. Ambos estaban igual de verdes que Charlotte, llenos de musgo de cabeza hasta los pies.
—¿Pero qué está pasando...? —susurró Sucy, entrecerrando los ojos.
Me di la vuelta y volví hacia la estatua de musgo, o también conocida como mamá de Lotte, y examiné lo que tenía sosteniendo en las manos. Un libro.
Fue difícil arrancarlo de sus manos. Cuando por fin pude leer la página en la que estaba abierto, supe que era lo que estaba pasando... Y no me la van a creer...
Lotte y Sucy estaban sentadas en el sofá de la sala de estar, poniéndome atención. Akko estaba en la cocina, tirando a la basura el pastel que comimos ayer (bueno, Akko y yo no comimos, porque estaba horrible). Ya entenderán porqué lo tira.
—... ¿Puedes explicar otra vez? No entendí nada —dijo Sucy.
Suspiré, tiré el libro por ahí y empecé a explicar con mis propias palabras lo que sucedía, para que me pudieran entender mejor.
—Pues, resulta que esto es una enfermedad llamada "la enfermedad del hombre verde", o algo así. Es una enfermedad que se puede presentarse cada mil años justo, justo, justo en esta localidad, y resulta que justo, justo, justo hoy es el día en el que pasaron mil años desde la última vez que apareció esta enfermedad. Para que la enfermedad se dé, los astros se tienen que alinear, debe haber no sé cuántos gramos de polen en no sé qué lugar, también decía algo de los arenques y el dióxido de carbono. Y todas esas condiciones súper específicas se juntaron justo, justo, justo hoy. Ah, y también se transmite al comer ese pastel que tu madre nos ofreció ayer.
Hubo un silencio. Lotte y Sucy asimilaron lo que acababa de decir.
—¿Y... qué pasará con mamá y papá?
—La van a palmar.
Lotte comenzó a llorar. Creo que... debí ser más suave.
—Qué bruto —me dijo Sucy en tono reprobatorio.
—¡Tranquila, Lotte! —dije, intentando hacer que se calmara— ¡Hay una cura!
—¡Y LA VAMOS A CONSEGUIR CUESTE LO QUE CUESTE!
Me sobresalté al escuchar el grito. Era Akko, quien apareció de la nada a mi lado.
—¿En el libro está la receta para el antídoto? —preguntó Sucy.
Asentí.
—Para hacerlo necesitamos un copo de nieve que caiga sobre un bosque de pinos, una hoja de baya levantada por el viento, caca de un reno recién nacido criado por un Sami, amanita verde y una cápsula medicinal elaborada por un Yeti.
—¿Qué? —dijo Akko, incrédula.
—Qué sé yo. No es mi culpa que todo sea tan específico.
Nos sentamos alrededor de la mesa y nos pusimos de acuerdo en quien iría a recoger cierto ingrediente. Lotte recogería la hoja de baya y el copo de nieve. Sucy se encargaría de encontrar la amanita verde, que es un tipo de hongo, o sea que no tendrá mucho problema en eso. Y Akko y yo iríamos a recoger la caca de reno. Al principio, pensamos en que Akko fuera sola a recoger otro ingrediente, pero a este punto ya todos sabemos que dejar sola a Akko nunca es buena idea.
Lotte nos dio la ubicación exacta de donde encontrar a un Sami, un tal señor Nicolás, que criaba renos, pero, ¿adivinen qué? Cuando llegamos, no había nada.
Ni Sami, ni renos, ni caca...
... Mierda...
Y, bueno... Al final nos tomó un poco de tiempo.
—Akko... ¿de dónde sacaste esa máscara?
No me respondió. Estaba muy concentrada en recoger la caca del reno.
Después de buscar, buscar, buscar y buscar... y buscar más, por fin encontramos a un reno en medio de un campo nevado a las afueras del pueblo. Perseguimos el reno hasta la tienda de campaña de un Sami, que por pura casualidad (y no conveniencias de la trama) era el señor Nicolás del que nos habló Lotte.
Ahora, Akko se encontraba justo frente al botacaca del reno, con una máscara de gas puesta, unos guantes negros y una bolsa de basura en sus manos.
El reno se veía el doble de concentrado que Akko. Supongo que cagar cuando tres personas te ven es... complicado.
—¡Por fin! —exclamó Akko mientras se quitaba la máscara de gas y la tiraba por ahí.
Cerró la bolsa y se levantó. El reno procedió a irse, intentando recuperar la dignidad que acababa de perder.
—Muy bien. Ahora solo falta la cápsula medicinal hecha por un Yeti —dije— ... ¿Los Yetis existen?
—Claro —me dijo el señor Nicolás, quien seguía aún a mi lado— de hecho, por aquí cerca vive uno. —Apuntó hacia el horizonte, donde se extendían unas altas montañas— en la cima de esa montaña.
—Eso está... lejos... —mencionó Akko, como si solo el hecho de saberlo ya la cansara.
Agradecimos al señor Nicolás y volvimos a la casa de Lotte, esperando encontrarnos con ella y Sucy.
Pero cuando llegamos...
—¡LOTTE, SUCY! —gritó Akko con horror.
—Mierda... —murmuré.
En la sala de estar de la casa estaban ellas, pero convertidas en musgo. Sucy tenía la amanita en sus manos, al igual que Lotte sostenía dos frasquitos con el copo de nieve y la hoja de baya.
—¡MIKEY, MIKEY, MIKEY! —Akko se aferró a mí y empezó a moverme de adelante hacia atrás una y otra vez— ¡TENEMOS QUE DARNOS PRISA O TODOS MORIRÁN!
—¡LO SÉ, AKKO, PERO CÁLMATE!
La obligué a sentarse en el sofá y contar hasta 100 mientras yo agarraba los ingredientes y los ponía sobre la mesa. Teníamos casi todos, solo hacía falta la medicina esa del Yeti.
No sé cuánto tiempo tenemos antes de que todos mueran. Hay que darnos prisa.
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Mañana comienzan los exámenes. Me cago en la puta.
Yo fui F Green, su escritor anónimo de confianza. Me lees en el próximo capitulo.
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El Primer, Único e Inigualable Brujo
FanfictionEs conocimiento común que las brujas son solo mujeres. No hay muchas en el mundo actualmente, pero son las únicas capaces de controlar la energía sobrenatural conocida como magia, o eso se creía hasta la llegada de un peculiar chico a Luna Nova, una...
