Cuando finalmente me dieron de alta de la enfermería, todas ya se habían ido. La ministra de magia, las miembros de la F.D.M. y las demás brujas que estuvieron presentes en el atentado. Supe que estuvieron discutiendo con las profesoras por un largo rato mientras yo estaba en la enfermería, pero desconocía los términos en los que habían quedado. Lo único que sabía era que suspendieron las clases por unos cuantos días, para reparar los daños de la academia.
Para muchas alumnas ya no era un secreto que yo era un Brujo Arcano, me habían visto lanzar hechizos a diestra y siniestra, pero a este punto ya poco me importaba. Lo más seguro es que ninguna ni siquiera supieran la existencia de los Brujos Arcanos, y simplemente no comprendieran lo que habían visto. Aparte, no le debo respuestas a nadie.
Excepto a un par de personas.
Agradecí que Amanda simplemente pasara del tema y no me preguntara nada. Constanze y Jasminka hicieron lo mismo. Ellas solo fueron a ver cómo estaba, pero no mencionaron el tema.
Sin embargo, había tres personas a las que sí tenía que explicarles la situación. Ellas merecían respuestas.
Una vez estuvimos los cuatro en nuestro dormitorio, tomé asiento en la silla frente a la mesita de noche, quedando en medio de la habitación bajo las miradas expectantes de Akko, Lotte y Sucy.
Suspiré y me preparé para contar todo. No me guardaría nada.
—Ni siquiera sé por dónde empezar —dije, sintiéndome inquieto. Nunca antes le había contado mi vida personal a nadie.
Las tres me miraban con atención, sin interrumpir, esperando que comenzara. Akko, con una inusual atención puesta en mí, Lotte algo preocupada y Sucy... bueno, Sucy estaba allí, observando como si estuviera más interesada en el posible veneno que podría estar escondido en alguna parte de la habitación que en lo que fuera a decir, pero de alguna forma, me sentí más tranquilo con su presencia.
—No es algo sencillo —continué, dejando escapar otro suspiro— pero lo intentaré.
Me incliné un poco hacia adelante, recargando los codos en mis rodillas mientras las miraba.
—Quizá deberías empezar hablándonos de ti —dijo Lotte— no sabemos... prácticamente nada de ti. Nunca nos has contado como era tu vida antes de entrar a la academia.
Sonreí. Cualquier otra persona me estaría preguntando sin cesar, exigiendo respuestas. No sería para menos, ya que lo que yo había estado ocultando era algo muy grande, pero ellas... parecían más comprensivas de lo que esperaba.
—Sí, tienes razón. Eso sería lo mejor —contesté— yo nací como hijo de dos fugitivos de la Secta del Libro de las Sombras. —Vi sus caras de confusión— las personas que atacaron la academia. Mis padres pertenecían a esa secta, y yo también hubiera sido parte si no fuera porque ellos escaparon cuando yo era apenas un recién nacido. Lo que pasa con la secta es que se ha mantenido porque los miembros adoctrinan a sus hijos desde pequeños, aunque desconozco los detalles —expliqué— viví con mis padres por unos años, nos escondíamos como podíamos de la secta...
—¿Por qué los perseguían? ¿Está prohibido dejar la secta? —me preguntó Akko.
—En teoría, sí. No es una regla escrita pero podía decirse que sí. Pero la razón por la que me buscan es que, para ellos, yo soy Jesucristo.
Las tres me vieron con expresiones confusas, esperando una explicación más detallada.
—¿Qué? —dijo Sucy finalmente.
—Ni siquiera yo lo sé muy bien. Según ellos, soy un profeta, enviado de su dios, o algo por el estilo. No sé de dónde putas sacaron eso, pero están muy seguros de que lo soy —terminé— vinieron aquí por mí... o sea... es mi culpa que todo esto haya sucedido... —dije, abatido y con la cabeza gacha.
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El Primer, Único e Inigualable Brujo
Fiksi PenggemarEs conocimiento común que las brujas son solo mujeres. No hay muchas en el mundo actualmente, pero son las únicas capaces de controlar la energía sobrenatural conocida como magia, o eso se creía hasta la llegada de un peculiar chico a Luna Nova, una...
