Sonó segura

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Una nube de polen se liberó al instante en que las flores del árbol Wagandea florecieron. Era tan denso que no se podía ver a través de él, como si fuera una espesa bruma amarilla.

Nacidos de la Bruma... o más bien, Nacidos del Polen.

Akko estaba ahí, arriba en una de las ramas del inmenso árbol, a punto de ser alcanzada por el polen. Hasta que entré yo, claro, como siempre, a arreglar su desastre.

Me puse delante de ella y convoqué una cúpula de energía mágica solidificada alrededor de nosotros, evitando que el polen nos tocara.

—¿Mikey...?

—Sí, el original. No soy un doppelgänger, no te preocupes —dije e inmediatamente le di un buen zape en la cabeza a Akko— y eso fue por venir a matarte aquí, aunque te dije que era peligroso. ¿Sabes lo preocupada que está la profesora Úrsula? Vino hasta aquí conmigo. Nos espera abajo.

Akko se sobó la cabeza, haciendo un puchero exagerado mientras la cúpula vibraba suavemente a nuestro alrededor, resistiendo nuevas oleadas del brillo dorado.

—¡Auch! ¡Eso dolió! —protestó, aunque su voz temblaba más por el susto que por el golpe.

—Era la idea —repliqué— para que recuerdes que pensar antes de lanzarte de cabeza a la muerte es saludable. Muy saludable.

Ella abrió la boca para responder, pero entonces el árbol Wagandea emitió un crujido profundo, como si un gigante desperezara sus ramas. Varios pétalos enormes se desprendieron y comenzaron a caer en espiral. Cada uno llevaba consigo un remolino de ese maldito polen.

Akko tragó saliva.

—Uhh… ¿La cúpula aguanta eso?

—La cúpula aguanta —dije, sin estar completamente seguro. El nivel de concentración que necesitaba para mantenerla era como sostener un edificio con una mano y hacer malabares con la otra— pero no pienso quedarme aquí a verificarlo.

Agarré a Akko de la cintura y me lancé hacia el vacío. Ella empezó a gritar como loco, así que tuve que darle otro zape para que se callara.

Antes de llegar al suelo, detuve la caída con lanzando un pequeño Uzumaki Inverso al suelo, que me repelió y me dio un leve impulso hacia arriba, permitiendo caer de pie con seguridad sin la aceleración que traía desde tan alto.

Cuando desactivé el hechizo, Úrsula se acercó a nosotros. Solté a Akko y la puse en el suelo, para luego darle un empujón hacia adelante.

—Discúlpate con la profesora, porque estaba muy preocupada por ti. Ella fue quien me buscó para venir hasta aquí.

Akko se acercó avergonzada y cabizbaja a Úrsula.

—Lo siento mucho, profesora. Yo... fui una tonta. Y aún así, viniste... —se disculpó con lágrimas en sus ojos.

Úrsula la abrazó con cuidado.

—Tranquila, Akko —susurró— quise imponerte mis deseos sin considerar lo que sentías.

—¡No es cierto! —exclamó Akko— decidí buscar las palabras porque así lo deseo. No me has impuesto nada. No te sientas mal, así que por favor, perdóname. Siempre has estado para mí —dijo, llorando a moco tendido— gracias...

Al pronunciar esa última palabra, la Vara Brillante que colgaba de la cintura de Akko comenzó a brillar intensamente.

—Enhorabuena, Akko —dijo Úrsula con una sonrisa, soltando a Akko— encontraste la palabra.

—"Gracias" es el significado de Lyonne... —se dijo Akko a sí misma, agarrando la Vara Brillante y sosteniéndola con asombro.

Yo me acerqué a ella y puse una mano en su hombro.

—Nada mal. Aunque para la próxima, procura no ir a lugares mortales, ¿sí?

Akko se volteó y se abalanzó sobre mí en un fuerte abrazo. Maldita sea, no avisan de screamer. Como el puto Foxy.

Por su peso repentino, ambos caímos al suelo.

—Mikey, eres el mejor amigo que jamás podría haber deseado —susurró Akko.

Úrsula carraspeó suavemente, cruzándose de brazos, aunque la sonrisa que intentaba ocultar la delataba.

—Si han terminado de rodar por el suelo como cachorros felices —dijo— agradecería que nos moviéramos. El polen de Wagandea no pierde toxicidad solo porque hayamos aprendido una lección emotiva.

Akko se separó de mí de golpe.

—¡Profesora! ¡No es lo que parece!

—Claro que no —respondí mientras me incorporaba y me sacudía la ropa— es exactamente lo que parece: una amistad saludable con alto riesgo de asfixia por abrazo.

Úrsula soltó una pequeña risa, breve, casi imperceptible, pero real. El brillo de la Vara Brillante seguía palpitando con una luz cálida, distinta a la de antes, como si ya no gritara para ser escuchada, sino que respirara tranquila.

El árbol Wagandea volvió a crujir, esta vez de forma distinta. El polen comenzó a elevarse lentamente, disipándose en el aire como una neblina que se retira al amanecer. Los pétalos que antes caían con violencia ahora descendían con suavidad, inofensivos.

—Está reaccionando —murmuró Úrsula— cuando una palabra es encontrada, Wagandea lo reconoce. Ya no es hostil.

Akko observó el árbol con los ojos brillantes, no de lágrimas esta vez, sino de una determinación nueva.

—Entonces… ¿lo logré de verdad?

—Lo hiciste —afirmó Úrsula— no por fuerza, ni por ambición. Sino por comprensión.

Yo chasqueé la lengua.

—Mira tú. Resulta que no hacía falta jugar a “muerte instantánea por polen asesino”. Quién lo diría.

Akko me dio un golpecito en el brazo.

—¡Oye! Si no hubiera venido, no habría entendido nada.

—Ajá —respondí— y si yo no hubiera venido, estaríamos teniendo esta conversación en forma de memorial.

Ella infló las mejillas, pero luego sonrió. Una sonrisa distinta, más firme.

Gracias, Mikey —dijo otra vez, mirándome de frente.

La Vara Brillante reaccionó de inmediato, lanzando un destello suave, casi juguetón.

—Eh, eh —levanté las manos— una palabra encontrada es suficiente por día. No provoques un evento cósmico.

Úrsula se giró y comenzó a caminar.

—Volvamos —ordenó— hoy ha sido… un buen día.

Mientras la seguíamos, Akko se acercó a mi lado.

—Oye, Mikey…

—¿Sí?

—La próxima vez que haga algo peligroso… ¿vendrás otra vez?

La miré de reojo.

—Por supuesto —respondí— pero igual te voy a dar un zape.

Ella rió. Y por primera vez su risa no sonó imprudente.

Sonó segura.

El Primer, Único e Inigualable Brujo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora