Y las que hagan falta

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—En serio, no puedo creer que vinieran hasta aquí. Ustedes son imposibles —dijo Diana en tono reprensivo.

Íbamos caminando por uno de los inmensos pasillos de la mansión. Diana caminaba frente a nosotros, la criada iba detrás. Me sentía como un preso que es escoltado hacia, no sé, Alcatraz.

Akko bufó mientras rodaba los ojos.

—No es como que haya venido por ti. Yo solo acompaño a Mikey, no iba a dejarlo venir solo —dijo Akko.

Me quedé callado. No iba a negarlo.

Diana paró de caminar. Por un momento, creí que iba a decir algo, quizá un insulto dirigido hacia mí, pero no. No dijo nada. Ni siquiera se volteó para verme. Solo siguió caminando.

—No tienen nada qué hacer aquí. Quiero que se vayan mañana a primera hora. No hay discusión —dijo finalmente después de un par de minutos.

—No. Hay mucho qué discutir —repliqué. Iba a continuar, pero Diana me interrumpió.

—Michelangelo, ya tomé una decisión. Me necesitan más aquí que en Luna Nova. Debo dirigir esta familia. Creí que lo habías comprendido cuando te dije que soy la única heredera de los Cavendish.

—¿Pero esto es lo que quieres, Diana? ¿Para esto te esforzaste tanto? ¿Esta era tu meta?

Diana paró de caminar. Cerró los puños con fuerza, sus manos temblaban levemente.

—¡Y tú qué vas a saber! —Alzó la voz.

Akko y la criada vieron a Diana con sorpresa. Cosa normal, ya que nunca solía perder el control de esa manera. Sin embargo, ninguna de las dos se metió en la conversación.

—Lo siento —Diana se disculpó, y finalmente se dio media vuelta, pero no me vio a la cara— Anna, por favor, lleva a Akko a una habitación. Y no dejes que la tía Daryl o mis primas la vean, ellas no deben enterarse que Atsuko y Michelangelo están aquí. —Suspiró y se quedó viendo hacia el suelo— y... creo que Michelangelo y yo necesitamos un tiempo a solas para conversar...

Anna, la criada, asintió con una leve reverencia y le indicó a Akko que la siguiera. Mi amiga me miró con cierta preocupación antes de obedecer, pero no dijo nada. El sonido de sus pasos y los de la criada alejándose resonó en los pasillos hasta que solo quedamos Diana y yo.

El silencio entre nosotros se volvió espeso, casi insoportable. Diana aún no me miraba. Sus ojos seguían clavados en el piso, como si buscara las palabras ahí.

—¿Por qué haces esto? —dije finalmente, rompiendo la tensión— ¿Porque tienes que hacerlo, esa es tu única razón?

—Claro que sí. Si yo no me convierto en la jefa de mi familia ahora mismo, mi tía Daryl... —Negó con la cabeza— ella es quien se ha estado haciendo cargo de todo mientras yo estudiaba, pero ha llegado el momento de que yo sea quien tome las riendas de la familia.

—Diana, tienes 16 años. No estás en condiciones de hacerte cargo de la familia mágica más importante en todo el Reino Unido.

—¡Sí lo estoy! —exclamó— todo lo que he aprendido en estos años... Todo eso me ha preparado para este momento.

No iba a discutir eso. Evidentemente ella estaba cegada, pero esa discusión no nos llevaría a nada.

Está decidida a hacerlo urgentemente. Y esa tal Daryl... parece que tiene algo que ver con esta decisión de Diana.

—Tiene que haber otra solución —dije.

—No la hay —me cortó— solo está esta opción, y punto. No puedo hacer nada más.

El Primer, Único e Inigualable Brujo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora