Me la paso por los huevos

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Me senté en una de las gradas frente a la gran puerta por la que acababa de pasar Diana. Una estructura gigante alejada de la gran mansión Cavendish. Me acompañaban Akko, Andrew y Anna, la sirvienta.

—A partir de aquí, solo pueden ingresar los miembros de la familia Cavendish —informó Anna.

—¿Por qué está tan apurada? —preguntó Andrew.

—Cada algunos años, la estatua del cuerno del unicornio blanco, el guardián sagrado, envía una señal al santuario —explicó Anna— cuando la luz de la Joya de Venus está oculta, solo entonces puede entrar y jurar ante las almas de sus ancestros, convirtiéndose así en jefa de la familia.

—¿Qué es la "Joya de Venus"? —preguntó Akko.

—Debe tratarse del planeta —propuso Andrew.

—Yo pensé en la diosa romana, aunque teniendo en cuenta lo de la astrología... Tiene más sentido lo del planeta —dije.

—Hoy es el eclipse de Venus —dijo Anna— la luna bloquea la luz de Venus y este mismo no se ve por un momento. Solo ocurre una vez cada ciertos años, así que por ningún motivo podemos dejarlo pasar.

Nos quedamos en silencio.

Yo aún pensaba en Diana, en todo lo que ella estaba pasando. No podía evitar preocuparme, ¿cómo estaría allí adentro? ¿De verdad Daryl no intentaría oponerse a ella?

Anna se fue. Akko, Andrew y yo paseamos por el inmenso jardín que rodeaba el santuario, pero yo iba con la mente en otro lado. Ellos lo notaron.

—¿Por qué estás tan preocupado por Diana, Mikey? —preguntó Akko finalmente— sabes que no me opongo a que la ayudes, por más que a mí no me agrade, pero aún así... quiero saber porqué te interesa tanto.

—Ella tiene razón —dijo Andrew— nunca me pareció que fueran tan unidos. Es más, todo lo contrario.

Tardé unos segundos en responder, intentando ordenar mis pensamientos.

—Depende de la perspectiva —dije— puede que no hayamos sido exactamente amigos, pero te sorprendería lo mucho que nos buscábamos siempre. Decíamos odiarnos, y aún así siempre queríamos estar allí, molestando. Si no lo hacíamos... era como si nos faltara algo. Llegó un punto en el que necesitábamos estar haciendo eso siempre. Compitiendo cada que podíamos, por simple gusto.

—Qué raro —dijo Akko— pero creo que lo entiendo... Un poco.

—Lo es... —confirmé— ni siquiera yo me di cuenta cuando Diana me comenzó a importar tanto. Incluso ahora estoy preocupado por ella... Su tía Daryl no parece de acuerdo con que Diana sea la jefa de la familia. Temo que quiera interferir en todo esto.

—Diana estará bien —afirmó— ella es la de las personas más fuertes que conozco... No fuerza física, sino otro tipo de fuerza. Esa que te levanta aunque caigas una y otra vez, aunque todo parezca en tu contra. —Volvió a ver a Akko con una sonrisa— esa que tienes tú.

Akko se sonrojó. Apartó la cara para disimular este hecho.

—Yo... creí que Diana era una prodigio. Siempre la he visto esforzándose, pero nunca caer —mencionó Akko.

—En realidad, es todo lo contrario —dijo Andrew. Hizo una pausa, como si estuviera recordando algo— cuando Diana era pequeña, no era capaz de usar magia. Aunque no sé mucho al respecto... escuchaba a todos decir que nunca sería digna de ser la heredera de los Cavendish. Pero Diana nunca se rindió. En lugar de jugar con otros niños de su edad, ella practicaba y practicaba todos los días, hasta que perfeccionó al máximo sus habilidades.

La expresión de Akko era de puro asombro. Siempre había visto a Diana como todo lo contrario a ella, alguien talentosa y que todo le sale bien, pero ahora se estaba dando cuenta que realmente no siempre fue así.

—Eso es... impresionante. Y de admirar —admitió.

—Diana podrá hacerlo. —Andrew se volvió hacia así— así que no te preocupes tanto. Estará bien.

Eso espero yo también. Y aún confiando completamente en ella... Tengo un mal presentimiento.

Ese mal presentimiento fue confirmado de inmediato cuando escuchamos las voces de Maryl y Merrill acercándose. Hablaban en tono confidencial, como si no quisieran ser escuchadas por nadie, aún creyendo que estaban a solas.

Akko, Andrew y yo nos ocultamos detrás de unos setos para poder escuchar lo que decían. Un poco de invasión a la privacidad de vez en cuando no hace mal.

—Mamá dijo que estuviéramos esperándola en la habitación, ¿no recuerdas? —le dijo Maryl a su hermana— se podría enojar.

—Sí, pero aún así me preocupa que mamá enfrente sola a Diana —contestó Merrill.

Ambas siguieron caminando, sin notar nuestra presencia detrás de las plantas.

—Diana es tan odiosa a veces —comentó Maryl— actúa como una niña. Cree que puede hacer todo.

—Mamá sabe lo que hace, por eso mismo fue a evitar que toda esta locura siga en camino —dijo Merrill.

A este punto, ya había escuchado lo suficiente. Me di media vuelta y corrí en dirección a las puertas del santuario, por donde Diana había entrado antes, dejando atrás a Akko y a Andrew. Ellos quisieron gritarme algo, pero no lo hicieron, porque serían descubiertos.

Cuando llegue, Anna aún seguía ahí, sentada en una silla frente a las imponentes y majestuosas puertas, con una vela en su mano que iluminaba escasamente el sitio.

Anna se levantó confundida al verme llegar.

—¿Qué hace aquí a esta hora? —preguntó.

—Diana está en problemas —dije, sin mucha explicación, sin dejar de caminar hacia las puertas.

Anna me detuvo poniéndome una mano en el hombro.

—Primero explique, por favor —dijo— usted no puede entrar ahí. Necesito que me diga que sucede para que podamos buscar una solución.

Antes de que pudiera quitarme de encima a Anna y seguir mi camino, Akko y Andrew entraron en escena.

—¡Lo que dice Mikey es verdad! —exclamó Akko— escuchamos a Daryl y a sus hijas hablar a escondidas. Daryl dijo que había evitado que Diana hiciera la ceremonia, ¡no sé que le hizo pero seguro fue algo muy feo!

—Confirmo lo que dice Akko —dijo Andrew. Caminó hacia mí y me dirigió la palabra— poco después de que te fuiste, Daryl llegó, y les dijo a Maryl y a Merrill que le había hecho magia a Diana para que no pudiera convertirse en jefa de la familia —me explicó.

Anna no parecía sorprendida, pero sí muy decepcionada. Sin embargo, no comentó nada.

—Tiene que dejar pasar a Mikey —le dijo Akko— él ayudará a Diana.

—Es imposible. Solo los Cavendish pueden entrar, es la tradición —se negó a Anna.

Haciendo caso omiso de lo que ella dijo, me acerqué a las puertas, alcé el puño y simplemente dije:

—La tradición me la paso por los huevos.

Rompí el cerrojo de las puertas de un solo puñetazo, haciendo que se abrieran. Empujé una y entré sin pedir más permiso. No lo necesitaba. No cuando Diana podría estar corriendo peligro ahora mismo.

Le dije que la ayudaría y eso haré.

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Mikey es muy grosero a veces.

Yo fui F Green, su escritor anónimo de confianza. Me lees en el próximo capítulo.

El Primer, Único e Inigualable Brujo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora