Diana se había pasado toda la noche pensando en planes para solucionar el problema de la huelga. En parte, porque sentía que era su responsabilidad hacerlo como estudiante modelo de Luna Nova, pero también porque quería olvidar la vergüenza que había pasado con Michelangelo.
De todas las personas, él era el último con lo que quería tener ese tipo de reacciones.
Escuchaba de fondo los ronquidos de Hannah y Bárbara, durmiendo profundamente en sus camas. Diana decidió que había sido suficiente y dejó sus planes para mañana.
Agarró su diario y una pluma. Abrió la libreta y leyó sus anotaciones, esperaba que Michelangelo no hubiera llegado a leer mucho.
Empezó a escribir en una página en blanco.
"Es un estúpido", escribió con fuerza, subrayando las palabras como si así pudiera eliminar la humillación que aún sentía.
Miró el texto por un momento, sintiendo que no era suficiente. Diana suspiró y continuó:
"Un estúpido arrogante, sarcástico e insoportable. No entiendo cómo alguien tan despreocupado puede llegar a ser tan irritante. Y lo peor es que, de alguna manera, siempre logra salirse con la suya. No cabe en mi cabeza como puede llegar a ser la única persona que rivalice conmigo en toda la academia. Sí, es un Brujo Arcano y muy bueno en la magia, pero incluso en lo académico a veces pareciera ser mejor que yo. No lo soporto".
Diana se detuvo, apoyando la barbilla en su mano. Su pluma quedó a un lado mientras sus pensamientos volvían a lo sucedido. Michelangelo se había reído de ella. De ella. Y, para colmo, había tenido razón. Todo lo que había escrito era sobre él.
"Pero", escribió con más calma, su letra volviéndose más suave, "hay algo en él que no puedo ignorar. No es que me agrade, claro que no. Él no me agrada, no me cae bien, para nada". Empezó a subrayar esas palabras, como si fuera algo súper importante.
Diana dejó escapar otro suspiro, cerró la libreta y la colocó cuidadosamente bajo su almohada. No podía permitirse perder más tiempo en esos pensamientos inútiles.
Apagó la lámpara de su mesita de noche y se metió bajo su cobija, decidida a dormir y a no pensar en Michelangelo. Pero, por alguna razón, las palabras que había escrito seguían repitiéndose en su mente.
«Maldito castaño», pensó.
Las mismas palabras que había pensado cuando Michelangelo demostró por primera vez que la podía superar, ganándole en la carrera de relevos.
Diana se movió de un lado a otro en su cama, inquieta.
«¡Maldita sea! ¡¿Por qué no sale de mi cabeza?!».
___________________________________________
Aún falta, pero no mucho. Vamos, más o menos, por la mitad.
Yo fui F Green, su escritor anónimo de confianza. Me lees en el próximo capitulo.
ESTÁS LEYENDO
El Primer, Único e Inigualable Brujo
Fiksi PenggemarEs conocimiento común que las brujas son solo mujeres. No hay muchas en el mundo actualmente, pero son las únicas capaces de controlar la energía sobrenatural conocida como magia, o eso se creía hasta la llegada de un peculiar chico a Luna Nova, una...
