A la mierda, un barco volador

49 8 1
                                        

A la hora del almuerzo, en el comedor, un par de hadas empezaron a transmitir un video a través de una pantalla mágica.

Yo quiero aprender a hacer ese hechizo. Nunca tendría que volver a pagar Netflix... aunque yo ni siquiera pago Netflix.

El video que reproducían era de las cosas más épicas que había visto en mucho tiempo: gente con capas de piel de lobo, montando lobos, con una cara de súper seriedad, mientras cazaban fantasmas con lanzas y arcos.

Todas las alumnas gritaron de emoción.

—¿Esa es la famosa Cacería Salvaje?

—Así es —me respondió Lotte— esos de ahí son los cazadores. Son espíritus entrenados para atrapar a todos los fantasmas en 12 días.

—¡Y van a venir a la ciudad! —exclamó Akko con entusiasmo.

—Uhh... qué emoción... —dijo Sucy de forma sarcástica.

—Incluso las profesoras están emocionadas —comentó la profesora Úrsula, quien estaba junto a nosotros.

La conversación fue interrumpida cuando, de la nada, Akko se levantó de su asiento y salió corriendo. La vimos con confusión, pero a este punto, ya todos nos habíamos acostumbrado a que arranque sin gasolina.

Y quizá ustedes piensen que soy un exagerado cuando digo que no puedo dejar a Akko sola porque la caga, pero se equivocan. Ella en serio no puede estar sola ni por un segundo.

Porque, después de que haya salido corriendo sin ningún motivo, no la vimos hasta dentro de un par de horas, cuando llegó al dormitorio con raspones y moretones por todo el cuerpo.

Según lo que contó, rompió sin querer un robot de Constanze, fue con ella para disculparse y ofrecer su ayuda, pero Constanze... digamos que no fue muy comprensiva, y terminó con Akko estampada contra el techo. No pregunten cómo, porque ni yo sé.

—Si Constanze no quiere que la ayudes, es mejor que la dejes de molestar —le dije a Akko mientras desinfectaba una herida que tenía en su rostro con un hisopo.

Yo estaba sentado en su cama. Ella acostada, con su cabeza sobre mi regazo.

—Mikey tiene razón, ¿o es que acaso quieres causarle problemas a Constanze? —dijo Sucy.

—¡Claro que no! —exclamó Akko en respuesta, intentando levantarse.

—No te muevas —La agarré del hombro y la devolví a la posición en la que estaba, para seguir desinfectando otra de sus heridas.

—Entonces déjala sola —dijo Lotte en respuesta a Akko— lo más seguro es que se sienta mejor así.

Pero Akko no pareció aceptar esa respuesta. Lo noté en su cara. Lo más seguro es que mañana vuelva a intentarlo.

Y así fue.

Los siguientes días, Akko estuvo jalando cosas de aquí para allá. Cosas muy raras. Quién sabe donde las habrá conseguido, y creo que no quiero saber. Asumí que su insistencia dio frutos y Constanze terminó aceptando su ayuda para construir lo que sea que estuviera construyendo, así que no pregunté.

De verdad que no quiero saber qué putas es lo que construyó.

En fin, ¿recuerdan eso de gente (bueno, Lotte dijo que son espíritus) con piel de lobo, montando lobos, mientras cazan fantasmas con lanzas? Bueno, fuimos a ver qué onda con eso. Claro, no me lo iba a perder, porque aunque no tenga ni puta idea de qué trata todo este tema de la Cacería Salvaje, quiero ver fantasmas siendo atravesados sin piedad por unas lanzas.

El Primer, Único e Inigualable Brujo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora