Una razón

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Llegamos a la ciudad natal de Lotte, donde vivía su familia. Teníamos que caminar un par de cuadras más de la parada de autobús (porque al parecer usar el Router Línea Ley y volar en escoba no es opción).

Mientras caminábamos, Akko no paraba de mormurar cosas sin sentido sobre lo que Úrsula le había dicho ayer. Sucy y yo hicimos un esfuerzo inhumano por ignorarla.

—Esta es mi casa —anunció Lotte, parando frente a una pequeña tienda con fachada color amarillo. El cartel decía "L Kiosk".

Esa debía ser la tienda de herramientas mágicas de la familia de Lotte.

Entramos detrás de Lotte, y un tintineo anunció nuestra llegada. El interior era acogedor, con estantes llenos de... ¿de cosas normales?

Pues sí, parecía una tienda completamente normal. A excepción de un par de estanterías con objetos mágicos, que estaban ahí como si fueran cualquier otro producto.

—Pensé que vivías en un taller de herramientas mágicas —comenté.

Antes de que Lotte pudiera responder, un hombre de cabello pelirrojo y muy parecido a Lotte apareció de la nada frente a nosotros. Era gigante, casi dos metros, y con una barba de Santa Claus, pero pelirroja.

—¡Lotte, mi niña! —exclamó el hombre, agarrando a Lotte y alzándola en el aire con suma facilidad— ¡Has crecido tanto en tan poco tiempo!

Supuse que debía ser su padre.

Mientras él estaba muy entretenido cargando a su hija y haciéndola dar volteretas en el aire, apareció una mujer de gafas redondas y cabello negro. Era casi tan pequeña de estatura como la directora Miranda.

—Sean bienvenidas... y bienvenido —dijo con una sonrisa amable.

—Gracias por...

Akko, Sucy y yo hablamos a la vez, y nos enredamos en nuestro agradecimiento. La señora solo soltó una leve risa divertida.

—Deben ser los amigos de Lotte, ¿no es así? Ella nos ha hablado de ustedes —dijo— Akko, Sucy y Michelangelo...

—Mikey, llámeme Mikey —dije con una sonrisa mientras le daba la mano para saludarla— es un gusto.

—El gusto es mío. Por fin puedo conocer al primer brujo de Luna Nova.

—El primer, único e inigualable brujo, señora —bromee.

Sí, volví a decir el título de la historia, ¿y qué?

—¡Por supuesto! —respondió ella con una risa, mientras estrechaba mi mano— mi nombre es Charlotte, soy la madre de Lotte. Y ese grandulón de ahí es mi esposo, Karl.

Karl seguía alzando a Lotte en el aire como si fuera una niña pequeña. Lotte, por su parte, tenía la cara roja como un tomate.

—¡Papá, bájame!

—¡Pero si acabas de llegar, princesa! Déjame verte bien, ¡mira qué alta estás!

—Papá, mido lo mismo desde hace un año...

Sucy soltó una risita burlona. Akko, en cambio, miraba la escena con ojos brillantes.

—¡Tu familia es adorable, Lotte! ¡Nunca imaginé que tuvieras un papá tan...!

—¿Fuerte? ¿Imponente? ¿Majestuoso? —interrumpió Karl con una carcajada mientras finalmente dejaba a Lotte en el suelo.

—Un oso de peluche de 2 metros —completó Sucy.

Akko y yo estallamos en carcajadas, y hasta la señora Charlotte sonrió con diversión.

—Bueno, jóvenes, deben de haber tenido un largo viaje —dijo ella— ¿Quieren algo de comer?

El Primer, Único e Inigualable Brujo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora