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1980
A inicios de año en el mundo mágico las cosas no parecían mejorar, James y Lily se habían enfrentado, al menos una vez, con el ser que amenazaba a magos y brujas. Sirius y Remus se encontraban haciendo encomiendas especiales que les encargaba Albus Dumbledore y mientras Peter iba y venía de sus vidas como si los acontecimientos no le tocarán, cosa que nunca les pareció sospechosa. Los Potter se habían marchado a uno de sus tantos viajes, buscando acrecentar un poco su patrimonio, sin embargo, hubo algunos inconvenientes de salud, que los retuvieron en un lugar en particular, nada grave, habían dicho en alguna de sus cartas, esperando estar en casa para cuando él pequeño Harry James Potter llegará al mundo.

Los Marsac se habían ido a España una temporada, aun secundando los planes de Dumbledore, al menos en medida de lo posible, lo que nunca faltaba era su visita de los domingos, un almuerzo, comida o cena en la que ellos iban a su nueva casa y hablaban con ella, la aconsejaban, procuraban que estuviese mejorando a pesar del dolor de la ausencia de Amilcares, así como la guiaban en el manejo de la casa Gasca. Algo que les parecía gracioso es que ella no estaba interesada en hacerse dueña y señora de todo eso, pero cuidaba ese patrimonio porque eso garantizaría que si lo necesitaban podría mantenerlos a ellos, o algo así ella les había comentado. Sin duda su nieto había encontrado una gran mujer.

En cuanto a los días de Petunia, poco a poco se acostumbraba a su vida, al principio todo parecía tan vacío, muchas noches lloró por sus bebes y su amado. Cuando entró a la universidad tomo la mayor cantidad de materias posibles, se mataba estudiando porque si le quedaba tiempo libre solo podría pensar en aquello que perdió, sus amigas muggles se habían preocupado por ella en su momento, cuando supieron de la muerte del esposo de su amiga las consternó que no se comunicará ni nada al respecto, ella mintió diciendo que fue en su viaje a España y que fue enterrado allá, de su embarazó no supieron nada, al final las fue alejando, dejo de contactarlas, faltaba a salidas y reuniones.

Para Regulus, la convivencia de los primeros días no era gran cosa, solo almuerzos o cenas compartidas, ella no lo presionaba a interactuar de más y eso era algo que él agradecía, ella hacía su vida, pero esta vez añadiendo espacios para no dejar al joven Black solo. Fue después de año nuevo que compartiendo una cena él se animó a hacer una pregunta.

Se aclaró la garganta antes de querer romper el silencio —Evans ¿A dónde vas que regresas con tarea?

Petunia se quedo algo extrañada por su pregunta, pero igual le respondió —Oh voy a la universidad. Es una escuela que se especializa en opciones de carrera. 

Eso pareció intrigarlo, más no preguntó nada

—En mi caso, entre a estudiar administración, sería bueno abrir un negocio algún día— explicó

Regulus dejó los cubiertos sobre el plato con una suavidad que no coincidía con la tensión de sus hombros. —¿Un negocio? —repitió, como si intentara imaginarlo y no pudiera.

Petunia sonrió apenas —Cualquier cosa que me permita mantenerme por mi cuenta —respondió—. Y mantener la casa si hace falta. El futuro siempre es incierto.

—Sin embargo, entiendo que tu difunta pareja te dejo absolutamente todo y asumo que los Marsac harán lo mismo— el comentario fue sin malicia, por lo que la castaña no lo tomo a mal

—En realidad, estoy un tanto reacia a tocar el dinero de mi esposo. Como si no fuera correcto de alguna manera y no es que Marissa y Joseph me hayan hecho sentir que sería así, pero quizás es pronto, no sé... En cuanto a lo otro, de verdad espero que no porque ahora si no sabría que hacer— solto una risita intentando aligerar el ambiente, en su mente era que si ellos le dejaban algo, se iría lo último de su amado.

Petunia... Dursley? JAMÁSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora