Capítulo 6

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Segunda Parte

El sonido del timbre del colegio les indicó que la última hora de clase de ese último día del año escolar había terminado. La algarabía entre todos los estudiantes era incontrolable. Y los profesores, acostumbrados a este comportamiento de sus muchachos, sabían que no había poder humano que pudiese controlar a esa energía contenida. Lo único que procuraban hacer, aunque sin mucho éxito, era que por lo menos durante el periodo de clase no hagan demasiado ruido para que moleste, no a las aulas vecinas, sino a los edificios vecinos.

Para Lucía, y todos sus compañeros de curso, este no solo era su último día de clase en la escuela. Era también su último año de estudio. El año siguiente ya no tendrían que volver a visitar esas aulas ni esos pasillos. Ya no tendrían más exámenes, ni trabajos prácticos, ni tareas para la casa. Nada. Era el fin de más de una década de sacrificio, o al menos así parecía por la alegría que sentían por terminar por fin ese ciclo.

-Esta noche, no se olviden, tenemos la fiesta en casa de Roberto Carlos. -sonó una voz entre medio de la multitud de estudiantes del último año. -Quien no conozca la dirección, aquí tengo un mapa para que no se pierdan. Es sencillo llegar, así que no tienen excusas.

La marea de personas fue bajando las escaleras, la mayoría jugando o corriendo de un lado para otro, como si todavía no creyeran que se había acabado su periodo escolar. Finalmente, y con mucho ruido, llegaron a la puerta de la escuela y el río de estudiantes se fue dispersando y escurriendo en las calle aledañas al colegio.

Lucía, presa de la alegría y la emoción, llegó corriendo hasta la parada de autobús en la que ya se encontraban muchos estudiantes esperando. Casi todos ellos de menor grado que ella. Estudiantes que todavía tendrían que tomar ese autobús para ir a sus casas el año siguiente, y para muchos de ellos, incluso algunos años más. Esa sensación de libertad y de superioridad con respecto a los otros estudiantes, hacía que Lucía los viese con un poco de piedad y, muy en el fondo de su mente, con una importante dosis de nostalgia. 'Por lo menos ellos saben qué les depara el año siguiente en sus vidas', pensaba ella para quien el futuro se mostraba con absoluta incertidumbre.

-Felicidades querida amiga. -escuchó Lucía a sus espaldas, obligándola a darse la vuelta.

-Felicidades también Donatella. -le respondió al reconocer el rostro de su compañera, quien le dio un fuerte abrazo lleno de alegría.

-¿Y qué va a hacer la mejor estudiante del curso el año que viene?

-Yo no soy la mejor estudiante. -respondió ella con rubor en el rostro -Edson es quien siempre sacó las mejores notas.

-Noo. Ese no cuenta. Se cree no sé qué. Además, me dijeron que siempre tuvo profesores particulares. No como tú amiga, que lo hiciste tú sola, siempre. Además tú eres muy buena. Pero demasiado callada. No, así nunca conseguirás enamorado. Por eso no debes faltar a la fiesta de esta noche. Irás, ¿verdad? No puedes faltar. Va a estar muy buena.

-Sí. Seguro voy. -respondió Lucía ya imaginándose en la fiesta.

-Pero tú nunca vas. No todo es estudiar. Prométeme que irás. Promételo, Promételo.

-Sí. Te prometo que voy a ir esta vez. Además, creo que no tengo examenes esta semana. Así que me parece que no tendré nada que estudiar.

La amiga, riendo por la broma, volvió a abrazarla con mucha fuerza.

-Adios amiga. Ya sabes que te espero en la fiesta. -le dijo Donatella y salió corriendo hacia un grupo de estudiantes que se alejaban por la calle.

El autobús llegó muy pocos minutos después. Era casi el final de la tarde y, como de costumbre, tenía que llegar rápido a su casa a ayudar a su madre a servir la cena. La emoción por su último día en ese autobús hizo que el viaje, que no era corto, pareciera que había durado tan solo algunos pocos minutos. Bajó casi corriendo del autobús y, sin reducir el ritmo en su carrera, recorrió las cinco cuadras que la separaba de su casa.

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