El sol todavía estaba levantado en el horizonte cuando Lucía terminó de lavar el último mameluco de su padre. Como todas las veces, era una labor ardua el lograr desmanchar los mugres mamelucos que su padre traía del taller mecánico donde trabajaba. Más considerando lo exigente que era con su ropa. El resto de sus prendas, no eran problema, pero los mamelucos eran tarea aparte. Por eso es que Lucía se organizaba para lavar esta prenda de último, cuando todo el resto estaba ya colgando bajo el sol. De esta manera, podía darle todo el tiempo y esfuerzo necesario hasta lograr que estuviese perfectamente libre de toda mancha, como a él le gustaban, y a ella también. Una vez terminó con el mameluco, lo colgó con el resto de la ropa que ya casi estaba totalmente seca, por lo fuerte del sol de aquella tarde. Satisfecha con su tarea, entró a comprobar si su madre ya había regresado del mercado, como todas las tardes de los miércoles. Nada, como era de esperar, no había llegado todavía. Lucía, libre de hacer lo que quisiera en casa, fue rápidamente a su cuarto y buscó entre su ropa interior, el libro que le había regalado su madrina. Miró rápidamente a su alrededor por si alguien pudiese estar espiando a sus espaldas, y tranquila por su soledad, sacó el libro de su escondite. Se notaba claramente que el libro era usado, no solo porque no tenía tapa ni contratapa, sino porque incluso estaba todo borroneado y mal cuidado. El libro no era muy viejo, eso se podía ver rápidamente, pero era indudable que el anterior dueño no había tenido el menor cuidado con él. Se podría decir incluso que lo habían agredido, esa era la palabra correcta que explicaba el maltrato que tenía. Por supuesto que su madrina no había sido la agresora, en eso Lucía estaba completamente segura, sino que lo había comprado en ese estado en algún puesto de venta de libros de segunda mano. Por el poco dinero que tenía, también era seguro que había escogido el ejemplar más barato del lugar. ‘Pero lo importante es el contenido y no la apariencia, después de todo’, pensó Lucía agradecida por el regalo de su madrina. Un papelito indicaba que Lucía ya había avanzado un buen número de páginas. Dejó el libro en su cama y se fue hacia el lugar donde tenía todavía guardado todos sus libros y cuadernos del último año de colegio. Sacó uno de sus cuadernos y su estuche de lápices y, luego de tomar el libro de la cama, se fue afuera a estudiar al patio. Todavía la luz de la tarde le permitiría estudiar un buen tiempo sin problema, además que ‘así puedo darme cuenta cuando mi madre llegue a casa’, pensó satisfecha con sus planes. De acuerdo a sus cálculos, ella todavía demoraría una media hora en llegar, 'tiempo suficiente para avanzar aunque sea un par de páginas', se dijo. Su madrina le había dicho que tenía que apurarse, que había poco tiempo. Pero no le había dicho cuánto era ese poco tiempo. Así que Lucía tenía que luchar contra el reloj y sobre todo contra sus padres que no tenían que saber que ella estaba estudiando. Lucía estudiaba con mucha concentración y poniendo todo el interés en aprender y repasar cada una de las hojas que avanzaba. Durante todos sus años en el colegio, siempre tuvo la misma estrategia de estudio que consistía en no avanzar a la página siguiente si es que no tenía perfectamente comprendido todo lo que estaba en las páginas anteriores. Si tenía que quedarse días en una página, ahí se quedaba. No le gustaba estar saltando de adelante para atrás en sus libros de texto, como lo hacían sus compañeros. Pero una vez pasaba la página, nunca más volvía sobre ella. Ya no era necesario. Por eso es que le resultaba un tanto difícil estudiar con sus otros compañeros, que estaban acostumbrados a pasar las páginas lo más rápido posible. Ya más adelante se entenderá, decían ellos, pero Lucía no, ella avanzaba paso a paso. Y el sistema le había funcionado muy bien durante todos sus estudios en el colegio, y por eso es que así estaba avanzando con la lectura de ese libro que le había entregado su madrina.
-Lucía, Lucía. -escuchó una voz en la entrada de su casa que se escondía entre los furiosos ladridos del perro que, al parecer, quería comerse a la persona que estaba frente a su puerta. Lucía levantó la mirada para ver, a través de las ventanas de su casa, quién era la que causaba tanta molestia en dogi, pero solo logró reconocer la imagen borrosa de una persona de baja estatura. Rápidamente escondió los libros entre algunos baldes que tenía a un lado del lavadero de ropa y salió a ver quien la venía a buscar.
-Malú. -dijo a modo de saludo cuando pudo reconocer, ya a corta distancia, la imagen de su amiga del colegio, a quien corrio a abrazar con mucho cariño.
El perro, entendiendo que la visita era bienvenida, prefirió darse la vuelta e irse a recostar bajo una sombra que se encontraba a un lado de la casa.
-¿Y cómo está todo amiga? Tiempo que no te veo.
-Aquí en la casa. Ayudando a mi mamá en todo.
-Tú siempre como chica buena. En cambio yo, detesto las labores de casa. Por eso es que me salgo en las tardes, para no escuchar la voz de mi madre. ¿Y qué vas a hacer el próximo año amiga?
-No se. Aquí nomás.
-Sí. Qué aburrido es todo. Odio este pueblo. No hay nada qué hacer. Si tan solo pudiese irme a la capital.
-Pero qué vas a hacer en São Luis.
-No dije São Luis. Dije São Paulo.
-¿São Paulo? ¡Pero eso es lejísimos de Maranhão!
-Pero es ahí donde está la verdadera vida, amiga, no en este lugar donde apenas se puede respirar.
-No sé. He escuchado muchas veces que es muy peligroso vivir allá. Además, es muy lejos. Yo no podría vivir lejos de mi madre y mi madrina.
-Hola Malú. -sonó a pocos pasos de la entrada de la casa.
-¡Mai! ¡Tía! -dijeron a dúo las dos muchachas al verla llegar.
-Tiempo que no te veía Malú. Desde que saliste de clase, ya no supe de tí.
-Sí tía. Es que ya no hay nada que estudiar y nada qué hacer.
-Puedes ayudar a tu mamá.
-Sí tía. -respondió avergonzada Malú y se quedó callada.
-Lucía. Ayúdame con estas cosas del mercado, por favor. Pasa Malú.
-Gracias tía. Es que tengo que ir a ayudar a mi mamá. Solo vine a saludar a Lucía.
-Sí. Ayudar a tu mamá, es buena idea.
-Sí tia. Hasta luego. Chau Lucía. -dijo Malú y se retiró dejándolas acomodar las compras en la casa.
ESTÁS LEYENDO
Lúcida
ParanormalEscondido en una habitación secreta, en la vieja casa de sus abuelos, Jürgen encuentra los restos de su bisabuelo perdido durante la segunda guerra mundial. Junto al cuerpo sin vida se encuentra un antiguo libro de evidente importancia para su bisab...
