→ XXIV: Lectura

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Mika ya se había curado, sólo bastaron buenos cuidados y ya.

Estaba más tranquilo al ser yo quien lo cuidó porque así pude verlo constantemente y asegurarme de que la gripe no lo dañara de más.

Sé que estaba exagerando un poco, pero de verdad me preocupaba muchísimo por él.

-Yuu-chan -me llamó-, que soy guapo, pero cierra la boca.

¿Qué?

Puse una mano sobre mis labios: había baba; saliva se escurría por la comisura de mis labios. La limpie rápidamente y oculté mi rostro fuertemente sonrojado.

-Idiota -susurré.

Estabámos en la habitación de Mika porque tuvimos un pequeño accidente; cuando él me llevo una malteada de chocolate a mi cuarto yo me había quedado dormido teniendo una pesadilla y cuando él me levantó, pues, me desperté sobresaltado y la regué en su traje.

Y vinimos a su cuarto para que se cambiara de ropa; yo estaba acostado en su cama como siempre que venía a su habitación, sólo que esa vez no me di cuenta de cuando abrí la boca y comencé a babear pensando en cualquier idiotez que se me viniera a la cabeza. Y todavía babeé mirando a mi novio, idiota ególatra, no todo lo que me pasaba era por él.

-Yuu-chan -llamó en señal de que ya podía sacar la cabeza de en medio de sus almohadas-, ¿que harás hoy?

Me puse en pose pensativa con la mano en la barbilla, despejando mi vergüenza.

-No , ¿qué quieres hacer ? -le sonreí.

Me miró de forma pervertida; yo giré mi rostro sonrojado.

Idiota.

Tras tirarle una almohada, le hablé sobre la biblioteca de la casa, y que sería lindo pasar un rato ahí.

-¿La biblioteca? -preguntó mi rubio; asentí.

-Sí, tiene muchos libros interesantes y siempre es silencioso ahí, así como una pública -comparé jalándolo.

Caminábamos tomados de la mano hasta la biblioteca de mi casa, era un lugar grande y amplio, con montones de libros antiguos y actuales; cuando era niño iba muy seguido y hundía mi cara en los páginas, como mis padres no me dejaban jugar con los otros niños ni amigos tenía, así que prácticamente vivía ahí dentro.

Al conocer a Mika, cambié bastante; gracias al tipo de crianza que tuve, yo era bastante malhumorado y arrogante, pero ese idiota me hizo cambiar la forma de ver la vida.

Yo que creía que no había nadie que hubiese tenido una infancia más mala e injusta que la mía y llegó él a decirme todos y cada uno de sus problemas de niñez, sólo por petición mía.

-¿Yuu-chan? -apretó suavemente mi mano, llamando mi atención-. Ya llegamos.

Tomé la manija de la puerta y la giré, el portón se abrió dejando ver el enorme cuarto lleno de libros; observé a mi rubio: estaba perplejo, se veía sorprendido, sus ojos miraban fijamente el lugar y su boca estaba un poco abierta.

-Mika -lo jalé-. Vamos.

Él asintió y entramos al lugar; mi ojizafiro miraba hacia todos lados como si fuera un niño en una juguetería. Yo amaba cuando él ponía esa expresión; me quedé hipnotizado mirándolo.

Mi mayordomo [MikaYuu] |Terminada|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora