→ XXVII: Segundo mes

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Ya la pancita se me notaba levemente, no como para decir que estaba embarazado, sino como para decir que estaba gordo.

Tenía las hormonas alborotadas, algo de lo que el doctor advirtió a Mika, porque yo era mucho más sensible en ese estado.

Yo estaba en mi cama mirando televisión, y mi lindo rubio salió de compras en la mañana, aunque ya se estaba demorando de más.

¿Será que le había pasado algo? ¡¿o me estará engañando?!

—¡Yuu-chan! —le oí gritar a mi novio—. ¡Ya llegué!

Corrí hasta la sala haciendo un esfuerzo para ver su bello rostro y dejarle en claro lo que pensaba.

—¡Mikaela Tepes! —gruñí—. ¡¿Con quién estabas?!

—¿Eh?

—No te hagas el idiota —golpeé con mi dedo su pecho—. No me digas, ¿encontraste a alguien mejor que yo?

—Estas alterado, calmate, ¿si? —tomó mi mano y la apretó—. Te compré algo muy lindo.

Al escuchar las palabras "te compré" me relajé.Mika me sonrió y ambos subimos a mi habitación; él fue rápidamente a la cocina por helado de chocolate, ya que me había antojado de comer eso.

Unos minutos después, volvió con un pequeño de mi helado favorito en una charola; también estaban dos cucharas y una copa al lado del tarro del postre.

En la copa sirvió un poco y me dio el pote mientras ponía la cuchara dentro; me sonrió cálidamente y supe que me estaba portando como un niño mimado.

Cuando él termino su helado me miró y se acercó a las bolsas que llevaba en las manos al entrar, bolsas que se encontraban en el sillón de la esquina de mi cuarto.

—No me mates —pidió burlón mientras sacaba algo de las bolsas.

—¿Por que lo haría? —pregunté mirándolo fijamente mientras entrecerraba los ojos.

Al ver el contenido de las bolsas lo fulminé con la mirada y me dieron ganas de ahorcarlo.

—Antes de que grites y me insultes hasta quedar satisfecho, déjame decir algo —pidió; me quedé callado—. No es para que lo uses todo el tiempo, es para cuando haga frío, porque no quiero que te den resfriados.

Lo miré de nuevo, analizando el "traje"...

Era una abrigada pijama de gato que en la parte trasera tenía una cola, tenía una capucha en la que había orejas y era de color amarillo.

Me acerqué a él y la tomé inspeccionando si era suave o no. Era linda, no lo iba a negar, pero de todas formas era estúpido.

—Antes de que digas que no —se quejó suspirando—; también compré una para mí, así las usaremos juntos.

Mi mayordomo [MikaYuu] |Terminada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora