15. Caricias

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-¡EH!- Oigo a lo lejos. Andy me suelta y mi cuerpo entero cae sobre los cristales y la cerveza fuertemente. Me duele y noto los pinchazos por todo el cuerpo pero me esfuerzo por respirar mientras sigo llorando sin poder controlarme.

Oigo risas y más botellas rompiéndose. Subo las manos a la cabeza por miedo, lo que hace que mi cara toque el suelo. La mejilla izquierda empieza a escocerme. Escucho un grito de dolor sobre mis pobres intentos de respirar. El callejón empieza a darme vueltas. Oigo un gruñido lleno de furia. Me agarro la garganta y lloro cada vez más. Voy a morir, no puedo respirar.

El agobio puede conmigo y empiezo a arañarme la garganta. Por favor, por favor, solo un poco de aire. Las motas negras de mi visión empiezan a expandirse, casi no veo nada y mis pulmones arden por la falta de oxígeno. Mis sonidos son mucho peores que agónicos mientras trato de respirar.

Me agarran por el hombro y me giran con fuerza. ¿Qué quieren ahora? ¿No ven que estoy casi muerta? ¿Es eso lo que quieren? ¡¿Matarme?!

-¡Joder!- Dice.

Me levanta la cabeza y abre mi boca con torpeza. Ya no tengo fuerza ni para emitir un sonido, ni siquiera puedo abrir los ojos. Algo entra en mi boca con fuerza y de repente puedo volver a respirar.

Abro los ojos de golpe pero mi visión esta borrosa. Agarro el inhalador de mi boca de nuevo y lo presiono otra vez. Oh, dulces esteroides. Lo sacan de mi boca, lo que me recuerda que no estoy sola. Abro los ojos de nuevo, esta vez no está borroso.

Primero veo un vientre plano, después un sujetador de encaje negro demasiado pequeño con adornos sexys que marcan sus pechos. Levanto la cabeza un poco y me encuentro a una mujer con el pelo castaño suelto y despeinado, una mancha roja en la mejilla, los labios pintados de rojo fuerte y unos ojos verdes intensos.

Nada más saber que es ella me relajo y las lágrimas vuelven a caer. No puedo dejar de mirarla. Es la Sharon habitual, con el ceño fruncido y mirándome fijamente a los ojos, solo que aún mas seductora con los labios pintados.

Viene una corriente de aire frio y me estremezco por la cerveza que rodea mi cuerpo. Ella también tiembla. Me endereza y pasa los brazos debajo de mí. Me levanta sin esfuerzo cómo cuándo estuve a punto de desmayarme fuera del juzgado.

-Puedo caminar...- Mi voz suena aun peor de lo que me encuentro. Ronca y demasiado alta. Ella mira mis píes llenos de sangre y cristales.

-No creo que puedas sin hacerte daño.- Dice en voz baja pero llena de ira. ¿Está enfadada conmigo? No lo sé. No parece que le cueste llevarme así que me apoyo en su pecho y me acurruco ahí. Coloco el puente de la nariz en su cuello, esta cálido... Noto como gira la cabeza para mirarme pero estoy empezando a quedarme dormida por la adrenalina, la carrera y el cúmulo de emociones que he vivido en un momento.


Una puerta de madera cruje, despertándome. Estoy en el aire, alguien me mantiene ahí, en lo alto. Abro un ojo cuando me depositan sobre algo áspero pero cálido. Veo el sujetador de Sharon en primer plano. Su sujetador de trabajo... Mirándolo bien es aun más pequeño de lo que parecía en el callejón. Le tapa los pezones y justo justo. Se aparta un poco de mi y va a una minúscula habitación que hay al lado. Veo su recta espalda, su tono de piel es tostado... No oscuro pero tampoco pálido. Da la sensación de que está un poco bronceada, pero está claro que no.

Me estremezco al mirar más abajo. Lleva una falda negra con pliegues de encaje y un hilo plateado en los bordes. Tiene el logotipo de la discoteca cosido en la izquierda y la derecha. Es demasiado corta y aunque apenas le tapa el culo no puedo dejar de mirar. ¿Como un culo puede ser tan malditamente sexy? Sharon maldice y se pone de puntillas para alcanzar algo. Giro drásticamente la cabeza cuando la falda se sube.

La chica nuevaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora