- ¿Te gusta mi casa?
Antes de que pueda decir nada mi estómago suena. Avergonzada fijo la mirada en el suelo. Sharon se acerca a un interfono que hay junto a la puerta y lo pulsa, el piloto se pone verde.
- Sube una cena para dos. - Dice.
- ¿Alguna preferencia, señorita? - Contesta una voz con acento francés.
- Italiano. Sube una botella de vino también.
- Como desee.
Sharon se gira hacia mí.
- No pienso quedarme a cenar. - Le digo. Ya sé lo que cree que va a pasar esta noche, pero va a ser que no.
- Solo quiero hablar. - Dice y levanta las manos como si fuera inocente. Le mantengo la mirada. Ella suspira. - Es innegable que tienes hambre, al menos come algo.
Le ruedo los ojos y doy media vuelta. Me acerco al ventanal para mirar fuera. ¿De verdad esta es la misma Sharon que yo conocí? Ahora tiene coche, una casa increíble, una chef e incluso una guardaespaldas. No sé quién es ahora, ni a que se dedica.
Escucho como pone unos platos sobre la mesa de cristal. La miro unos segundos. ¿De verdad ha cambiado tanto?
Vuelvo la vista al sofá y a la cama. Es verdad, podía ponerle la casa patas arriba.
- Quédate ahí. - Le digo y me acerco a la pequeña mesita blanca junto a la cama. Hay pocos armarios, no parece que guarde demasiadas cosas. Tampoco hay fotos o algo que decore la estancia. Las superficies de las dos cómodas están vacías.
- El vestidor esta junto a la cama. En la pared. - Dice desde el salón. En la cómoda no hay nada así que voy a mirar donde me está diciendo. El único problema es que no veo ninguna puerta junto a la cama. Aunque en este lado no hay mesita... Pongo la mano en la pared y como si fuera magia la pared entra en ella misma. ¡Era una puerta corredera! Como tiene el mismo diseño que la pared se camufla perfectamente.
El vestidor es pequeño, hay dos filas de perchas. Reviso un poco y descubro la ropa que una vez le di al comienzo del ropero. Me fijo en las botas negras, recuerdo que las llevo puestas el primer día que la vi, en clase. Ahora tiene mucha más ropa que antes. Y varios vestidos de gala por lo que veo. Eso ya no me genera confianza. ¿Alguien como ella de fiesta? A saber con cuantas se habrá acostado.
Salgo y abro un poco la cama. Las sabanas son suaves, como si fueran de seda, pero un poco más gordas. No veo ningún pelo en la cama, ni siquiera suyo. Eso significa que alguien le limpia la cama. Si le limpian la casa, ¿cómo voy a saber si me está diciendo la verdad?
Escucho como la puerta se abre. Me asomo para ver a una señora de pelo oscuro, recogido en un moño, y ojos marrones pasar con un pequeño carrito. La mesa ya la ha puesto Sharon así que ella saca un par de fuentes y las coloca sobre la mesa. La primera tiene una lasaña recién hecha y la segunda pollo con... alguna salsa. Huele increíble. Sharon coge la botella y la se acerca a la cocina a coger un abridor.
- Primero tenemos una lasaña de carne mezclada, cerdo y vaca. Con mucha salsa bechamel y la cantidad justa de queso. Después hay pollo a la parmigiana, que tiene berenjena, tomate casero, mozzarella y queso parmesano. Y, por último, un postre ligero, gelatinas de fresa.
- Muchas gracias por todo. - Le dice Sharon sirviendo vino en una copa.
- Un placer. - Le contesta la señora. Agacha un poco la cabeza después de sonreírme, y vuelve a hacer lo mismo con Sharon. Da media vuelta y desaparece por la puerta.
- ¿Vino? - Me pregunta Sharon. Yo asiento con la cabeza. Desde luego necesito vino para sobrellevar esto. Siento que mi cabeza está saturada...
Nos sentamos a comer. Creía que era una mala idea quedarme a cenar, pero cuando pruebo el pollo me doy cuenta de que es lo mejor que he podido hacer. Dios mío, esa mujer tiene un don en las manos. Como bastante pollo, y cuando quedan dos piezas decido atacar la lasaña. Madre mía, doy mi alma porque me cocine esto otra vez.
Dios mío, he comido muchísimo... Y creo que me he pasado con el vino.
- ¿Estaba bueno? - Me pregunta Sharon.
- Si... - Giro la cabeza y me doy cuenta de que hay un paisaje increíble en el cielo. El sol se refleja en las nubes y es precioso.
- Bueno, ¿tienes alguna pregunta? - Me dice bebiendo de su copa.
- No, la verdad.
- ¿Ninguna?
- No serviría de nada. Tienes gente que te cocina y la casa parece de película. Podrías enviar un mensaje para hacer que quiten todos los pelos de la cama.
Sharon frunce el ceño como si no comprendiera bien a lo que me refiero.
- Pero tú has tenido mi móvil todo el rato.
Me quedo callada. En eso tiene razón...
- Manna... ¿Porque no quieres creerme? - Deja la copa sobre la mesa.
Cojo la copa de vino y bebo un sorbo grande.
- Estoy harta del dolor. - Digo al fin. - Quererte duele. - Relleno mi copa hasta la mitad, y por primera vez desde que nos hemos vuelto a ver, la miro a los ojos sin esconder mis sentimientos.
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La chica nueva
Teen FictionNunca un boli bic habia sido tan peligroso. Al menos no hasta que la chica nueva mato a un hombre clavandoselo en el ojo. Manna sabia que la nueva era rara, pero aun asi no cabia en si de gozo, era el dia en el que por fin iba a cambiarse ese nombre...
