37. ¿Que ha pasado?

773 74 13
                                        

- ¿Alguna razón para que Sharon y tu tengáis las camisetas cambiadas?

Su sonrisa es tan ancha que bajo la mirada para comprobar si es verdad. Noto el nerviosismo cuando me doy cuenta de que tiene razón. ¡Tengo puesta la parte de arriba del pijama de Sharon!

Jayden baja las escaleras muriéndose de risa y yo noto como se me suben los colores. ¡Lo ha sabido todo este tiempo y no me lo ha dicho!

- ¡Jayden!




-Gracias por traernos, mama. - Le digo asomándome a la ventanilla.

- Pasarlo bien chicas.

Mira la carretera antes de arrancar y salir de nuevo a la circulación. Escucho a Sharon suspirar.

- No sé porque estas tan nerviosa, te has encontrado con gente horrible durante toda tu vida.

- Esa gente ni siquiera me importaba, un día estaban y al siguiente igual no. Pero ellos son tus padres. - Señala en la dirección por la que se ha ido mama. - Y me importan.

Deja escapar otro suspiro y se mete las manos en los bolsillos del pantalón que ha cogido de mi armario. Es vaquero y está un poco desgastado, pero le queda de muerte. En el pecho lleva un suéter azul y un pequeño pañuelo en el cuello. ¿Porque mi propia ropa le tiene que quedar mejor a ella?

- Lo que dicen es verdad. - Continúa diciendo. - Conocer a los padres es un mal trago.

Ruedo los ojos y me cruzo de brazos.

- Seguro que estas sufriendo un montón.

- Oh, no te lo puedes ni imaginar. - No puede evitar la sonrisa. - Pero no me quejo.

- Mas te vale. - Digo girándome y acercándome a la puerta de entrada.

Nada más poner un pie en el interior del centro comercial, algo empuja mis rodillas desde detrás. Muevo las manos para recuperar el equilibrio cuando Sharon pone la mano en mi espalda, evitando que me golpee contra el suelo. Me agarro con fuerza a sus hombros.

- ¿Siempre tienes que hacer cosas que no me espero?

- Es una de mis cualidades. Además, sé que no te molesta de verdad. Te habrías resistido más.

Me acomodo en sus brazos con ganas.

- Si, la verdad es que se está bien.

-Bueno voy a bajarte ya. - Pone mis pies en el suelo. - Que pesas.

Abro la boca, sorprendida por lo que acaba de decirme.

- ¿Disculpa? - le digo indignada.

- ¿Que? Se me estaba durmiendo el brazo.

Me mira con gesto impasible justo antes de estallar en risas y comenzar a correr. Corro tras ella con ganas. A no, de esta no se va a librar. Sharon me vacila un poco frenando cuando me ha sacado un cacho y saludándome con la mano antes de correr de nuevo. Me dan ganas de lanzarle algo para que deje de ser tan rápida. Hasta que decido, hacer justo lo contrario.

Mientras le grito que pare, nos acercamos a una zona donde hay un grupo de personas. Sharon está cerca de mi así que seguirá corriendo un poco más para sacarme unos metros, como ha hecho antes. Está concentrada en correr así que no debería darse cuenta. No se gira cuando me meto en una tienda de ropa y me escondo detrás de un estante. Espero.

Soy paciente, sé que ha podido correr bastante hasta darse cuenta de que no estoy detrás. No puedo esperar a ver su cara cuando vuelva hacia atrás. Espero por varios minutos y cuando ya estaba perdiendo la esperanza, al fin, aparece. Mira a todos lados, brevemente en las tiendas y mira sobre su espalda constantemente. Cuando se asoma a la tienda donde estoy me aprieto más contra la pared.

Esta muy seria y parece preocupada. Le pregunta a la gente de fuera algo, si me han visto, probablemente. Niegan con la cabeza. Cuando veo que va a mirar en la siguiente tienda, salgo e intento pisar suave. Camino a paso normal para que no note que me estoy acercando. Hay mucha gente, técnicamente no debería notarme. Solo espero que no mire sobre su hombro. Cuando estoy cerca le doy un pequeño empujón en la espalda.

Se gira con el ceño fruncido y con gesto de enfado. Cuando ve que soy yo se relaja y se cruza de brazos.

- Es lo que consigues por huir de mí. - Le digo. No creo que este enfadada de verdad.

Sharon de un único paso hacia mí, pero esta tan cerca que puedo besarla solo con acercar un poco los labios. El flequillo le da un toque amenazador a su mirada. Oh mierda, igual si está enfadada.

No dice nada. Se agacha y me agarra de las piernas justo antes de colgarme sobre su hombro.

- ¡Sharon! ¡Para!

Ella no dice nada y continúa caminando, decidida.

- ¿A dónde vamos?

- A dar vueltas hasta que te arrepientas de lo que has hecho.

- ¿Perdona? No pienso disculparme.

- Pues te va a mirar todo el mundo.

- Pues me da igual.

Igual de rápido me ha subido, como me baja. Me mantiene pegada a ella.

- ¿Porque lo has hecho? ¿Sabes el infarto que casi me das?

- ¿Cuándo huías de mi te refieres?

- ¡Estaba jugando!

- ¡Yo también!

Sharon aprieta los labios, sabe que así no vamos a llegar a ninguna parte.

- Vale. - Dice al fin. - Lo siento. Pero para mí el que desaparezcas de repente es como una pesadilla así que no vuelvas a jugar a eso.

- Vale, siento haberlo hecho.

Sharon suspira y me suelta la cintura.

- ¿A dónde quieres que vayamos? - Tan pronto acaba la frase le doy un beso. Sin miramientos, le meto la lengua. Se sorprende al principio, pero me devuelve el beso.

- Me ha costado cogerle, que menos que disfrutar del premio.

Niega con la cabeza y me da la mano.

- Intenta no matarme de un infarto, por favor.

- Hare lo que pueda. - Le digo sonriente.

El resto del día nos dedicamos a revisar tiendas, como han pasado las navidades, ahora hay rebajas en casi todas las tiendas. ¡Y hay algunas que merecen mucho la pena! Después, Sharon decide ver una película. De terror, como no. Me paso toda la película pegada a ella, sin querer mirar a la pantalla, aunque le miento y le digo que estoy mirando. Por lo general tolero el miedo bien, ¡pero esta da mucho miedo! Un par de horas después, cogemos un autobús a casa y en el viaje, escuchamos música.

Cuando nos bajamos en la parada, Sharon me agarra la mano y me coloca una mano en la cintura. Empezamos a dar vueltas con la canción que suena en mi teléfono mientras subimos la cuesta. No puedo parar de reír de lo mal que bailamos. Si no me pisa ella, le piso yo. Cuando conseguimos dar una vuelta completa sin pisarnos, ya estamos frente a casa.

Me freno en seco al ver el coche de policía en la entrada. Sin pensármelo corro a la casa. ¿Qué ha pasado? Veo a mama y a papa en la entrada. Mama está llorando y tiene un pañuelo en la mano. Mientras me acerco corriendo, paso la mirada por toda la escena. Los balcones están abiertos, especialmente mi ventana y la de Jayden. Su coche también esta aquí. ¿Pero dónde está el? No puedo verle.

- ¡Mama! - Grito cuando llego.

- Oh, Mana. - Me dice abrazándome con fuerza. Papa agacha la cabeza y continúa hablando con el policía en voz baja.

- ¿Que ha pasado? ¿Dónde está Jayden?

La chica nuevaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora