60. Punto de presión

598 56 6
                                        

Le entrego el dinero en mano al dueño del motel. Le envió un mensaje a Adrienna diciéndole la dirección y me meto a la ducha. Pero la tensión que siento es tan fuerte que ni la ducha puede relajarme. Me tiro en la cama y enciendo un cigarro. Le doy una calada con ganas, dejando que el humo llegue a todas partes. Exhalo mientras me tumbo en la cama, empiezo a sentirme algo mejor ahora.



- ¿Sharon? - Dice Adrienna tocando la puerta. - Tenemos un problema. - Dice cuando le abro la puerta.

- ¿Que ha pasado? - Le pregunto cerrando la puerta aun con el albornoz puesto. Adrienna no deja pasar ese detalle, me mira de arriba a abajo hasta que llega a mis ojos, allí aparta la vista.

- Es un callejón sin salida. Eran sicarios, probablemente les pagaron para que la llevaran. - Dice Adrienna mirando la habitación y sentándose en una de las camas.

- ¿Tienes su dirección?

- Si, y ya he ido allí. - Dice mirándome fijamente.

- ¿Que?

- Están muertos. No he encontrado nada donde seguir buscando.

Le doy otra calada al cigarro. Joder... Un callejón sin salida. Veamos, si las personas que condujeron el coche es inviable, ¿y el coche? No, probablemente se librarán de él. ¿Y el sitio donde Vivian? Podría haber algún mensaje o alguna llamada, o algo así.

- Has dicho que estuviste allí. - Le digo sentándome en la cama de enfrente. - ¿Podría haber algún mensaje o algo que nos lleve hasta ellos?

- No. Todo estaba quemado. El garaje estaba derrumbado, el fuego se comió hasta las paredes. ¿No sabes donde vive la de silla de ruedas?

- No. Ni siquiera recuerdo su nombre.

- ¿Y cómo sabes que fue ella?

- Alguien me golpeo cuando estaba con Manna, solo recuerdo un leve olor a aceite de motor. Cuando me desperté ya se la habían llevado, pero yo estaba atada. Un hombre me encontró semanas más tarde y me dijo que buscara en los callejones. Tenía el mismo olor a aceite, apuesto a que fue el mismo que me golpeo. Le agarré del cuello, pero lo único que pude sacar en claro es que la responsable es una mujer en silla de ruedas.

- No me digas que lo dejaste escapar. - Dice poniendo cara de sorpresa.

- Ya lo sé, pero Manna estaba en peligro. Y cuando la encontré ya estaba casi en coma. Imagínate si hubiera tardado unos minutos más. - Me quedo en silencio y vuelvo a darle otra calada al cigarro.

- ¿Y si buscamos a ese hombre? - Me pregunta.

- ¿Como? Lo he buscado, pero no he encontrado nada.

- ¿Dónde te encontró?

- En un bar.

- ¿Cual? Conozco a un hacker, quizás pueda decirnos a donde fue. O donde está.

- Llámalo. _ Le digo directamente.

- ¿Ahora? Es muy tarde.

- No importa, es un hacker estará acostumbrado a dormir poco. Tu llámalo.

Adrienna suspira y se levanta con cansancio.

- Esta bien. - Dice arrastrando las palabras y caminando hacia la puerta.

Yo le doy la última calada al cigarro y mientras mantengo el humo dentro, trato de relajarme. Manna despertara, estoy segura. Muevo la cabeza, no puedo pensar en eso sin que se me revuelva el estómago.

Adrienna abre la puerta.

- Lo tengo al teléfono. ¿Cómo se llamaba el bar? - Dice poniendo el móvil pegado a su hombro.

- Era.... Ese que está en la esquina. - Digo apagando el cigarrillo en un cenicero intentando recordar.

- ¿El que está entre dos licorerías? - Me pregunta Adrienna.

- ¡Si, ese mismo!

- Oh. ¿Lo has escuchado? - Le dice al teléfono. - Si, es esa. Vale. Espero.

Yo miro la habitación y miro a Adrienna. Ojalá fuera Manna.... ¿Qué estoy pensando? Niego con la cabeza y cojo el paquete de tabaco. Enciendo otro cigarro y expulso una calada.

Adrienna se pone delante de mí y me tiende el teléfono.

- Necesita saber cómo iba vestido. - Cojo el teléfono y camino hacia la puerta, pero Adrienna me agarra la mano.

- Dame el cigarro. - Me dice, pero yo sigo caminando hacia la puerta. Escucho como réplica desde la habitación, pero la ignoro.

- ¿Quieres que te diga cómo iba vestido?

- Cualquier cosa que fuera visible, algo que me haga saber que era él.

- Pues... Iba vestido de civil. Vaqueros, una camisa blanca... Espera. - Le digo y empiezo a rebuscarme en los bolsillos. Desde que ese hombre me encontró he ido de un lado a otro, pero no me he cambiado de ropa. Tengo que tener el tiquete en alguna parte...

- Busca desde las nueve de la noche. Yo estaba en el bar a esa hora, el vino un poco más tarde. O si no puedes buscar el momento en el que salgo corriendo del bar, me choque con una señora. El entre unos minutos antes.

- Vale vale, déjame hacer lo que se me da bien. - Me dice. Bufo.

- Vale, pero hazlo rápido.

- Esto requiere paciencia.

- Eres un puto hacker, vosotros no tenéis mucha paciencia.

- Joder vaya genio. ¿Qué te hizo ese tío?

- Ha dejado en coma a mi mujer. - La línea se queda en silencio. - Tu, date prisa. Por favor. - Digo y cuelgo. Me siento y apoyo la espalda contra la pared exterior de la habitación.

- ¿Tu mujer? - Dice Adrienna desde la puerta. Yo exhalo una gran cantidad de humo y veo como desaparece.

- ¿De verdad quieres hablar de eso?

- No. Prefiero hablar del paquete nuevo que está casi vacío.

- Está en coma, es o esto o alcohol. Y el tabaco al menos no me nubla los sentidos.

- No, pero te jode los pulmones.

- Mucha gente fuma, déjame en paz.

El teléfono de Adrienna suena en el bolsillo de mi albornoz.

- Que rápido. - Le digo nada más contestar.

- Hay una camarera que me gusta en ese bar, ya tenía las cámaras duplicadas.

- Debería habérmelo imaginado. ¿Ya lo tienes?

- Oh si, y no solo eso. Le he seguido la pista y creo que es donde vive.

- Genial.

- Pero hay algo aún más jugoso. - Dice.

- ¿El qué? - Le digo con interés. Adrienna me mira con interés.

- Tiene una hija pequeña.

Una sonrisa diabólica mueve las comisuras de mi boca. Perfecto, una hija es el mejor punto de presión.

La chica nuevaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora