48. Déjate llevar...

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- Manna... ¿Porque no quieres creerme? - Deja la copa sobre la mesa.

Cojo la copa de vino y bebo un sorbo grande.

- Estoy harta del dolor. - Digo al fin. - Quererte duele. - Relleno mi copa hasta la mitad, y por primera vez desde que nos hemos vuelto a ver, la miro a los ojos sin esconder mis sentimientos.

Sharon me mira fijamente y tiene cara de asombro. Se inclina sobre la mesa y me coge ambas manos.

- Yo... No quería que sufrieras.

Lo dice con todo el cariño del mundo, y no sé porque, pero empiezo a sentir el dolor emocional en el pecho. Intento contenerlo, pero inevitablemente empiezo a llorar.

- Pues lo he hecho. - Digo entre hipidos. Estoy un poco avergonzada por llorar así delante de ella, pero ahora mismo solo quiero que me consuele.

Sharon se levanta de un salto de la silla y se pone de rodillas junto a mí. Me coge la cara con las manos y me limpia las lágrimas.

- Lo siento. Lo siento muchísimo. Creí que así estarías mucho mejor. Ojalá puedas perdonarme.

Pongo las manos sobre las suyas. Su calor me ayuda.

- ¿Qué puedo hacer, Manna? ¿Cómo puedo hacer que te sientas mejor?

Yo niego con la cabeza. Nos quedamos así hasta que me calmo. Sharon está nerviosa, no sabe bien que hacer. Me estremezco un poco, aunque no tengo frio.

- ¿Quieres bañarte? - Me sonríe un poco. No tengo frio, pero me vendrá bien bañarme para despejarme un poco así que asiento.



Cuando me meto en la bañera, me doy cuenta de que ha sido lo mejor que he podido hacer. Cojo mi móvil. Tendría que avisar de que no iré a casa a dormir... Además, me porte un poco mal con Jayden.


"Hola hermanito. Siento mi comportamiento de estos días. Me voy a quedar a dormir..."


Decidí borrar eso último.


"No voy a ir a dormir a casa, me voy a quedar a dormir con una amiga."


Pulso enviar antes de que me acobarde. Suspiro. Bueno, una cosa menos. Nada más dejas el móvil, empieza a sonar.

- ¿Si?

- ¿Es por lo de Sharon? Me da igual que te enfades, contéstame. - Esta enfadado.

- ... Ya sabes que sí.

- Si, eso lo sé. Lo que no entiendo es porque te comportas así. Manna podemos ayudarte, somos tu familia. Si quieres gritarla, ignorarla o hablar con ella puedo ayudarte. Por favor no vuelvas a...

- Estoy con ella. - Le digo de sopetón. Se queda callado.

- ¿Lo habéis arreglado?

- No.

- No. Pero vas a quedarte a dormir. - Noto el tono de duda.

- Solo porque se ha hecho tarde.

- Ya... Bueno, dejo el móvil encendido por si ocurre algo.

- No va a pasar nada. - Digo mirando al techo.

- Igualmente dejare el móvil con sonido. - Ruedo los ojos. - Otra cosa.

- ¿Que?

- No digo que ella tenga razón, pero al menos escúchala.

Me quedo pensándolo un poco.

- Vale. - Le digo al final.

- ¡Y mañana no llegues tarde!

- Te voy a colgar. - Digo antes de colgarle. Suspiro aliviada. Al fin he hablado correctamente con él. Me doy prisa en ducharme y salir del baño. Me encuentro a Sharon inquieta. He cogido prestada una de sus camisetas. Estaba en el baño, doblada sobre un estante supongo que está limpia... Nada más salir voy directa a mi copa de vino y bebo la mitad.

- ¿Te encuentras mejor? - Me pregunta sentándose junto a mí.

- Si. La ducha me ha relajado. Te he dejado el baño preparado. - Digo. Su cercanía me está poniendo nerviosa.

Ella me mira unos segundos y después se levanta y se mete en la ducha. Cuando escucho que se cierra la puerta me pongo una mano sobre el corazón, puedo notar como golpea. Miro la cama. Prefiero meterme ahora y evitar el momento incómodo. La cama es suave y calentita. Me tapo hasta el cuello, me encanta su suavidad.



Unas manos rodean mi cintura y me despiertan. Otro cuerpo se pega a mi espalda, enredando sus piernas con las mías. Las luces están apagadas, hay una oscuridad total. Noto el olor de Sharon, cierro los ojos y me concentro en eso. Es un olor suave pero adictivo. Esta despierta, porque pone su cabeza en mi cuello y deja un beso ahí. Tengo la cabeza atontada, no sé si es por el alcohol o por su olor. Muevo la mano y acaricio su pierna. Es terriblemente suave. Ella suspira en mi cuello. Sigo acariciando su muslo hasta que llego a la rodilla.

- Manna. - No sé si es un susurro o un gemido. Pero es lo último que proceso porque en el segundo siguiente la estoy besando. Cuando nuestras lenguas chocan, el mismo cosquilleo que sentí en la autopista vuelve a mi cuerpo. Muevo la mandíbula contra la suya. Ella se desliza entre besos y acaba sobre mí. Mis manos empiezan a subir desde sus hombros hasta su cabeza. Ella sube las manos también, acaricia mis muñecas con sus dedos. Y muy despacio las pone sobre mi cabeza. Se separa de mí, puedo ver cómo le brillan los ojos.

La chica nuevaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora