56. Hice todo lo que pude para salvarla

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- He llamado a Sharon, no creo que tarde en llegar. Pero en tu mala condición y con la mala salud que tienes por no comer ni beber, te morirás en sus brazos.

Noto como se aleja. Y cuando lo hace, empiezo a escuchar ecos por todas partes. Hasta que al final mi visión se vuelve borrosa y dejo de escuchar absolutamente todo.

- ¡Manna! ¡Dios mío, MANNA!

Creía que ya no tenía fuerzas para nada, pero cuando escucho como grita mi nombre, se me parte el pecho. Y aunque ya me había rendido, aun así, lucho por acariciarle la cara una vez más. Intento con todas mis fuerzas levantar la mano, y lo consigo, temblorosa. Veo como se acerca corriendo, la puerta de su coche está abierta y ella corre tan desesperadamente que está a punto de caerse en varias ocasiones. No aparta la vista de mí. Lloro, deseando sentirla, pero nunca llega a mí. Mi mundo se desvanece antes de que me alcance.



NARRA SHARON

- ¡Manna! - Grito nada más abrir la puerta del coche cuando veo un cuerpo tirado en el suelo de un callejón. - ¡Dios mío, MANNA!

No sé cuántas veces habré deseado y le habré rezado a dios que me la devolviese. Pero no de esta forma, joder. Ya estaba corriendo, pero cuando caigo en la cuenta de que no se está moviendo, corro tan rápido que a mi cerebro le cuesta calcular las distancias. Levanta la mano derecha, temblorosamente, llamándome. Ya voy, dios mío, ya voy. Extiendo la mano hacia ella, pero es como esos sueños donde por mucho que corras, no avanzas. ¿De qué me ha servido tanto entrenamiento, si no puedo alcanzarla?

Pero lo peor estaba por llegar, porque cuando veo como su mano se desploma sobre su vientre, el pánico se apodera de mí.

- Manna. Manna, responde, dime algo. - Le digo, moviéndola con ganas. Le doy golpecitos en la cara, pero está un poco fría. Le aprieto el cuello, desesperada por encontrarle el pulso. Pero estoy tan asustada que no lo encuentro. Cierro los ojos un segundo mientras me intento concentrar, las lágrimas expresan mi temor. Entonces noto un débil golpeteo. Débil pero rápido. ¿Rápido? Dios mío, está entrando en shock.

Empiezo a tocarla por todas partes. ¿Tiene sangre? Esta tan oscuro que no veo nada. Noto algo mojado al tocarle el vientre. No, mojado no, esta empapada.

- No. ¡NO! - ¿Cuanta sangre habrá aquí? ¿Cuantos litros? No llegara al hospital, la voy a perder antes. La voy a perder. La voy a perder. Me paso las manos por el pelo intentando calmarme, pero el olor a sangre me aterroriza. Tengo que parar la hemorragia. Una farmacia, tiene que haber una farmacia cerca.

Empiezo a tener un atisbo de esperanza cuando veo que junto a nosotras hay una farmacia cerrada. Pero es me da igual, porque cojo un ladrillo del suelo y lo tiro al cristal. Entro de un salto, cortándome un poco la mano. Empiezo a mirar por gasas cuando me acuerdo de unos polvos que hace años me salvaron la vida. Sé que el paquete era verde, así que empiezo a buscar en la zona de hemorragias, salto la caja y en el almacén lo veo. Cerox, polvos hemostáticos. Cojo dos sobres, un paquete de gasas estériles y corro fuera.

- Vale. Limpiar la herida, primero hay que limpiarla. - Le levanto la camiseta y abro las gasas, empiezo a limpiarle la sangre de la herida. Le meto una gasa dentro para quitar el exceso de sangre. Abro los dos paquetes, y con rapidez le quito la gasa y le echo el primer paquete dentro de la herida, antes de que se llene de sangre de nuevo. Sin esperar, echo el otro por encima y con gasas nuevas hago presión con ambas manos. Miro de reojo el paquete, pone cinco minutos. ¡Cinco minutos!

- Ojalá puedas escucharme Manna. Te vas a poner bien, te vas a poner bien. Estoy aquí contigo. - Le digo como si pudiera escucharme. Ya no puedo parar de llorar. Sigo apretando y llorando hasta que siento como los polvos se han solidificado. Quito las manos y veo como deja de salir sangre. Le golpeo la cara, pero ella no responde así que le vuelvo a tomar el pulso. No lo encuentro, pero esta vez cojo el teléfono del suelo y llamo al 112 antes de hacer nada más.



NARRA JAYDEN

Entro corriendo por la zona de urgencias del hospital. Me han llamado hace quince minutos diciendo algo de que Manna estaba en quirófano. Agarro a la primera enfermera que veo y le pregunto por los quirófanos. Me pone mala cara, pero me importa tan poco que sigo corriendo. Miro a todas partes buscando un cartel o algo parecido hasta que escucho una voz familiar.

- ¡Que me dejéis pasar! Necesito verla. Solo quiero saber que está bien. - Es una voz que conozco, pero suena tan desesperada. Me asomo en las puertas de los quirófanos para ver a Sharon agarrada por dos médicos por ambos brazos. Ella se resiste todo lo que puede y más. Hasta que empieza a llorar. - No lo entendéis, necesito saber que está bien. ¡No lo entendéis! - Grita y golpea a un médico en la cara con tanta fuerza que lo tira al suelo. El otro saca el teléfono.

- Se acabó. - Dice. - Voy a llamar a seguridad.

- No por favor. - Le digo. Sharon, que está intentando abrir la puerta, pero siga agarrada por el guardia, se gira para mirarme. Tiene los ojos muy hinchados y rojos de llorar. Toda su cara esta mojada, y parece que no se haya duchado en días. Camino hasta ella y la abrazo. Ella se derrumba y empieza a llorar tan desgarradoramente que me obligo a ser fuerte y no derrumbarme con ella.

- Escúchame, sé que esto cuesta. Pero tenemos que dejar que los médicos hagan su trabajo, no podemos molestarlos. ¿Vale? - Le digo. Sharon asiente y continúa llorando. Miro al médico, él se apiada de ella y se va.

- Jayden, te juro que intente salvarla. Yo... - Empieza.

- Tranquila Sharon, sé que hiciste todo lo que estaba en tus manos. - Le digo mientras rezo mentalmente para que mi hermanita salga del quirófano sana y salva. Entonces me acuerdo de mis padres. ¿Qué van a decir cuando sepan esto? Miro a Sharon.

- Necesito que me cuentes todo lo que ha pasado. - Le digo. - Es la única manera que tenemos de ayudar a Manna. Ella asiente y se sienta en una de las sillas.

- Esta bien, te lo contare.

La chica nuevaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora