- Eres un monstruo.
- ¿Estás segura? Yo solo estoy haciendo lo que tú me hiciste. Quizás así pienses más en lo que haces.
- ¿Quieres que piense que lo haces con buenas intenciones? Te estas vengando, y la diferencia es que yo no tenía intención de hacerte daño. Pero tú, tú lo haces única y expresamente para joderme.
Chasquea la lengua.
- No quiero joderte, quiero arruinarte la vida. Destrozártela hasta que no quede nada. Y voy a empezar por tu novia.
- Si te atreves a tocarla, te juro que te... - Me muerdo el labio porque la rabia que estoy sintiendo no me está dejando ni pensar. Solo tengo algo en mente y es matar a la maldita mujer que tengo delante de mí.
- ¿Continuas con amenazas? - Ella suspira y se acaricia el pelo que le cae sobre el hombro derecho. Hace un gesto con la otra mano, y el sirviente que está esperando en la puerta se acerca a ella. La aleja de la mesa y la acerca hacia mí.
- Aun no te has dado cuenta...- Dice mirándome fijamente con las cejas levantadas, como si yo le diera pena. - De que es inútil amenazarme.
- Aun no te has dado cuenta... - Digo imitando su cara. - De que soy la persona menos cuerda con la que te podrías haber metido.
- Cuerda o no, tienes a alguien a quien quieres. Por lo que eres débil.
Voy a contestarle, pero alguien toca la puerta.
- Adelante. - Dice ella. Las puertas se abren y el padre de la niña a la que iba a secuestrar entra en la sala. Creo que ya se lo que va a pasar... Pero no viene solo. Adrienna viene detrás de él, tiene las manos esposadas.
- Bienvenida. - Le dice a Adrienna. - Bueno, me parece que tenéis cosas de las que hablar. - El sirviente la aleja de mí y la lleva hacia la puerta. El padre cierra una de las esposas alrededor de una pequeña tubería en la esquina de la habitación. Adrienna tira de las esposas, pero solo consigue un sonido metálico. Cuando la zorra en silla de ruedas se acerca a ella, levanta la vista.
- Recuerdas lo que hemos hablado, ¿verdad? Puedes pararlo cuando quieras. Nos vemos más tarde, chicas. - Dice sin girarse hacia mí y saliendo por las puertas. Yo miro a Adrienna, intentando saber a qué se refiere, pero ella aparta la mirada. Eso me asusta, ¿qué le habrá dicho?
- Sabes que fue a por tu niña, ¿verdad? - Dice el hombre apoyado en la pared. Se me había olvidado que estaba ahí...
- Si, lo sé. Gracias por evitarlo. - Le contesta el padre. Yo cojo aire. Vale, esto me va a doler.
- Tranquilo, fue fácil. Las niñas ni se enteraron.
- ¿Algo que decir? - Me pregunta a mí. Yo levanto la cara hacia él y con una sonrisa le digo:
- No. - Después siento el primer puñetazo, directo a la cara. Con tanta fuerza que me tira al suelo. Intento poner las manos para evitar golpearme la cara contra el suelo, pero las tengo atadas. Caigo sobre mi pómulo derecho, y aunque el suelo esta frio, noto como empieza a arderme toda la mejilla.
El hombre me agarra del brazo y el respaldo de la silla para levantarme. Yo muevo un poco mi mandíbula, pero me continúa doliendo. Miro a los ojos al hombre con la cara más pasiva que tengo. Si hay algo que molesta cuando alguien te quiere hacer daño, es mostrarle que no te importa. El continúa golpeándome, sin olvidarse de ninguna parte de mi cuerpo. Me golpea la cara, me patea el estómago e incluso me presiona las carótidas para provocar que me desmaye. Odio esa sensación, desmayarse por falta de oxigenación en el cerebro y volver unos segundos después. Primero notas el frio en todo el cuerpo y estas un poco confundida, procesando lo que acaba de pasar; después llega el calor abrasador y el dolor de cabeza.
Hago esfuerzos para mantener mi cara de pasividad, porque sus torturas son cada vez más efectivas. Mantengo mi mirada en sus ojos, y la mandíbula completamente en tensión. Estoy sudando y noto el corazón a mil. Sabe golpear, y eso me asusta. He venido aquí para vengarme de la zorra en silla de ruedas, no para que ella se vengue aún mas de mí. Tengo que hacer algo, pero estoy atascada aquí. Mientras pienso en que hacer, e intentando concentrarme en eso para no mostrar en mi cara el dolor que siento realmente, el padre deja de golpearme.
Me mira durante unos segundos, y hace una especie de pequeña sonrisa. Noto un escalofrió que me baja por la columna.
- ¿Me prestas tu barra? - Le dice mirando al hombre apoyado en la pared, la persona que nos secuestró. De nuevo me había olvidado de que estaba ahí.
- Claro. - Le dice llevando su mano a su espalda. Sacar una especie de barra minúscula. La sacude y la barra se vuelve tres veces su tamaño original. Se la entrega a mi torturador. Aun no sé qué es lo que piensa hacer con eso, nunca había visto una barra como esa.
Se acerca a mí, y sin decir nada, ni esperar ningún segundo, me golpea la rodilla con la barra. Mi cara de pasividad se rompe completamente cuando la barra golpea mi hueso. Es mucho más rígida de lo que parece, es como hierro que golpea directamente en el hueso. Abro la boca del dolor y cierro los ojos con fuerza. Antes de que pueda cerrar la boca, el aprovecha para golpearme la cara. Me muerdo la lengua del golpe y mi boca se llena de sangre. Vuelvo a caer al suelo, pero rápidamente me levanta. Toso cuando trago sangre sin querer, y eso hace que toda la sangre que retenía en la boca se me caiga. Noto otro golpe seco contra la misma rodilla de antes, y esta vez sí pongo cara de dolor. Intento ahogar un pequeño gemido de dolor.
- Ya basta, PARA. - Grita Adrienna. El hombre se gira hacia ella.
- ¡No! - Grito yo. No sé qué quería la zorra, pero es obvio que no podemos dárselo. Le mantengo la mirada a Adrienna y niego con la cabeza. Ella está llorando. Se muerde el labio y asiente.
- ¿Así que aún no tienes suficiente? - Me dice él. Empieza a golpearme con la barra en el estómago, en el pecho, las rodillas e incluso en la mandíbula. Ya no puedo soportarlo más, aulló de dolor y unas lágrimas empiezan a caerse por mi cara. Quiero rogarle que pare, no puedo aguantar más, pero al mismo tiempo no quiero darle esa satisfacción.
- Ya basta, no puedo más. PARA, LO HARE. ¿ME ESCUCHAS? LO HARE. - Empieza a chillar con lágrimas en los ojos.
- Adrienna, no. - Le digo. Pero es obvio el alivio en mi voz. Mi respiración esta agitada por todo lo que he tenido que soportar.
- Lo siento. - Me contesta mientras niega con la cabeza. Escucho como el hombre apoyado en la pared habla.
- La chica ha aceptado.
En apenas un minuto, las puertas se abren y aparece la insoportable niña en silla de ruedas. Me mira un solo segundo y después se gira hacia Adrienna.
- No lo hagas. - Le vuelvo a repetir mientras intento coger aire. Noto otro golpe en la mandíbula.
- ¿Aceptas entonces? - Le dice a Adrienna. Ella le mantiene la mirada y al final le contesta.
- Si.
- Bien. - Le entrega una especie de cuchillo ancho. - Utiliza esto. Esta muy afilado en la punta, así que guárdalo en esta funda. - Dice entregándosela.
Adrienna le pone la funda al cuchillo como puede, ya que aún tiene las manos atadas.
- Una vez lo hagas, ven aquí para que la libere. No intentes engañarme, porque tengo personas trabajando en el hospital que comprobaran si Manna esta parapléjica o no.
Noto un escalofrió que me baja por la columna.
- ¡¿QUE?! ¡NO! - Grito. El padre se gira para volver a golpearme, pero me da igual. - Adrienna no lo hagas. Por favor, te lo suplico. Por lo que más quieras Adrienna, no lo hagas. Por favor. - Le suplico llorando.
- Lo siento... - Me dice sin mirarme a la cara mientras un sirviente le quita las esposas. - Lo siento. - Repite mientras sigue a la mujer en silla de ruedas.
- ADRIENNA POR FAVOR. - Le grito mientras se cierran las puertas y desaparecen. - ADRIENNA. - Continúo gritando mientras siento como se me parte el corazón y el alma. Sollozo con la cabeza agachada. Todo esto es por mi culpa. Dios mío, ¿qué he hecho? Manna... Lo siento mucho Manna.
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La chica nueva
Teen FictionNunca un boli bic habia sido tan peligroso. Al menos no hasta que la chica nueva mato a un hombre clavandoselo en el ojo. Manna sabia que la nueva era rara, pero aun asi no cabia en si de gozo, era el dia en el que por fin iba a cambiarse ese nombre...
