POCHÉ
Al llegar a la casa de los Calle, sentí cómo el aire cambiaba, cargado de una tensión sutil pero persistente. Me despedí de Daniela en la puerta, observando cómo subía las escaleras hacia su habitación, sus pasos resonando en el silencio, como si cada uno marcara una distancia que me costaba aceptar. Me quedé quieta unos segundos, respirando hondo, antes de dirigirme hacia la cocina, donde sabía que Johann estaría. Necesitaba hablar con él, aclarar mi papel en todo esto, antes de que surgieran malentendidos.
Me apoyé en el marco de la puerta, sintiendo el peso de lo que estaba a punto de decir. —Escucha y entiende, Johann —mi voz salió baja, casi un susurro, pero cargada de la urgencia de quien necesita ser comprendida—. Te explico el plan de Germán: yo no soy realmente un guardaespaldas. Tú y Hugo no me conocen, nunca hemos sido amigos. Todo esto es una fachada.
Johann soltó una risa ligera, como si intentara restarle importancia a la situación, pero pude ver la confusión en sus ojos. —Sí, tranquila —dijo, aunque su tono era más de pregunta que de afirmación—. Pero, ¿por qué tanto misterio?
Sentí un nudo en la garganta. Bajé la mirada, buscando las palabras adecuadas, y finalmente murmuré: —Esa es otra historia… Pero, en resumen, Daniela no quiere tener un guardaespaldas. —El suspiro que escapó de mis labios llevaba consigo el cansancio de días enteros de mentiras.
Johann me miró con una mezcla de empatía y curiosidad. —Debe ser difícil para ti, ¿no?
Asentí, sintiendo cómo la verdad pesaba aún más cuando la reconocía en voz alta. —Claro que lo es, pero lo más difícil es mentirle a ella, fingir que nada de esto me importa cuando en realidad me está destrozando por dentro —confesé, mi voz quebrándose apenas.
Johann intentó consolarme, su voz suave: —Es por su seguridad… —pero su frase quedó inconclusa cuando Daniela apareció en la cocina, interrumpiendo el momento.
—Perdón, no quería molestar —dijo ella, su tono tímido mientras se dirigía hacia la nevera. La observé, notando la forma en que evitaba mirarnos directamente, como si sospechara que hablábamos de ella.
—Tranquila, señorita Calle, no estás molestando —comentó Johann, intentando sonar despreocupado.
—Sólo dime Calle, por favor —pidió Daniela, llenando su vaso de agua. Vi cómo Johann asentía, aceptando su petición sin dudar. Ella bebió un sorbo y luego, con esa curiosidad que siempre la caracterizaba, preguntó: —¿De qué estaban hablando?
Alcé las cejas, sorprendida por su franqueza. Decidí ser sincera, aunque sabía que eso podría complicar las cosas. —De ti —admití, observando cómo su expresión cambiaba, claramente no esperaba esa respuesta. —Le estaba diciendo a Johann que debe cuidarse de ti —añadí, sonriendo para quitarle peso a mis palabras.
Daniela frunció el ceño, nerviosa. —¿De mí? ¿Por qué?
—Bueno, porque a veces puedes ser muy fastidiosa —bromeé, disfrutando de la forma en que me miraba, seria, intentando no sonreír.
—Mira quién habla —replicó, dejando el vaso a un lado y sosteniéndome la mirada, desafiante.
Johann se removió incómodo, como si de repente el ambiente se hubiera vuelto demasiado íntimo para él. —Bueno, yo me retiro —anunció, buscando una excusa—. Tengo… que seguir trabajando.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
FanfictionDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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