POCHÉ
Al llegar nuevamente a la casa de los Calle, sentí cómo el ambiente se impregnaba de una tensión sutil, casi imperceptible, pero que me calaba hasta los huesos. Caminé junto a Daniela hasta el salón principal, donde Germán nos esperaba con una sonrisa cansada. Nos acercamos para saludarlo, y en ese gesto cotidiano, percibí el peso de la preocupación en sus ojos. Daniela, sin decir mucho, se excusó y subió rápidamente a bañarse, dejándome sola con su padre. Me quedé de pie, incómoda, sin saber exactamente de qué podríamos hablar.
Germán me miró con una mezcla de cansancio y angustia, y con un gesto suave me indicó que me sentara frente a él. Obedecí, sintiendo cómo el corazón me latía con fuerza, anticipando que algo importante estaba a punto de ser revelado.
—¿Pasó algo grave? ¿Qué sucedió ayer? —pregunté, mi voz temblaba levemente, traicionando mi intento de mantener la calma. La desesperación se asomó en mis palabras, porque temía escuchar algo que arruinará los momentos que viví con Daniela.
Él suspiró profundamente, y por un instante, el silencio entre nosotros se volvió abrumador.
—Recibí otra amenaza —dijo finalmente, y aunque sentí un pequeño alivio al saber que no se trataba de un atentado directo, la preocupación no desapareció del todo. Mi respiración se hizo más lenta, tratando de asimilar la noticia.
—¿A quién va dirigida esta vez? ¿Qué te dijeron? —le pregunté, obligándome a mantenerme serena mientras mi mente comenzaba a analizar todas las posibilidades. Mi tono se volvió más serio, más firme, porque sabía que debía ser fuerte por él y por todos.
Germán se llevó las manos a la cabeza, frotándose el rostro en un gesto de impotencia.
—Ese es el problema, no se refirieron a nadie en específico. No sé si es para mí o para mis hijas —respondió con la voz rota por la angustia. —No sé qué hacer, María José —murmuró, y en sus ojos vi el reflejo de un padre desesperado, dispuesto a todo por proteger a su familia.
Me acerqué un poco más, intentando transmitirle apoyo con mi presencia.
—Tranquilo, señor. Déjenos esto a nosotros. Hablaré con mi jefe y veremos qué podemos hacer en estos casos —dije, forzando una sonrisa que buscaba infundirle confianza, aunque por dentro sentía el peso de la responsabilidad aplastándome.
—Gracias —susurró Germán, y en ese simple agradecimiento sentí el compromiso de no fallarles.
Después de esa conversación, me dirigí a la cocina con la intención de buscar a Johan y contarle lo que estaba sucediendo. Sin embargo, Ana me informó que había salido con Juliana, así que, sin más preámbulo, decidí que era momento de hablar directamente con mi jefe. Sabía que no podía esperar más; la seguridad de la familia Calle dependía en gran parte de mi capacidad para anticipar y actuar.
Saqué mi teléfono y marqué el número de Gustavo. Sentí un nudo en el estómago al escuchar el tono de llamada. Era la primera vez que lo llamaba por su nombre, y eso, de alguna manera, hacía que todo se sintiera más real, más urgente.
—Hola, Gustavo —dije, intentando sonar segura.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
FanfictionDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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