Capítulo 10

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CALLE

Despertar tarde fue mi salvación. Me permitió evitar el incómodo desayuno familiar, algo que agradecí profundamente después de la discusión que habíamos tenido. Desde entonces, el silencio reinaba entre nosotros y, sí, reconozco que estaba actuando de manera inmadura, pero en ese momento, la verdad, no me importaba. Me aferraba a mi orgullo como si fuera un escudo, aunque en el fondo supiera que no era lo correcto.

Después de una partida de golf que me sirvió para despejar la mente, regresé a casa solo para darme una ducha rápida. Quería estar listo para salir con mis amigos, necesitaba distraerme, olvidarme de la tensión que flotaba en el ambiente familiar.

—Luego de comer, vamos de compras —propuso Paula, y no pude evitar soltar una carcajada al ver la expresión de horror en el rostro de Sebas.

—No, mejor vamos al cine —dije, sumándome a la idea de Sebastián. —Son nuestros últimos días libres, y qué mejor que ver una buena película juntos —agregué, esperando que Paula se convenciera, pero ella solo rodó los ojos, exasperada.

—Por eso hay que ir de compras, necesitamos ropa nueva —insistió Paula, como si fuera una cuestión de vida o muerte.

—Ustedes —nos señaló con el dedo, acusadora— no necesitan vacaciones para ir de compras como unas locas desquiciadas —Sebastián tenía razón, aunque jamás lo admitiría en voz alta.

—Calle, ¿por qué no dices nada? —me preguntó Paula, buscando apoyo. —¿Compras o cine?

Me quedé pensando un momento, observando sus caras expectantes, y entonces solté la primera palabra que me vino a la mente:

—Fiesta —dije, dejando a ambos completamente desconcertados.

—¿Qué? —preguntó Paula, mientras Sebastián sonreía, ya comprendiendo a qué me refería.

—Sí, una fiesta sería la mejor forma de cerrar las vacaciones —expliqué, sintiendo cómo la emoción comenzaba a burbujear en mi interior. —Además, en la última fiesta no me divertí lo suficiente —admití, recordando algunos momentos incómodos de aquella noche.

—A mí me gusta la idea —Sebastián estuvo de acuerdo, y sentí que por fin alguien me apoyaba.

—Pues no se diga más, mañana hay fiesta —anunció Paula, y yo no pude evitar aplaudir como una niña pequeña, contagiada por la emoción.

Terminamos de comer y, como era de esperarse, acabamos haciendo las compras para la fiesta. Después fuimos a la casa de Paula para planear todo mientras veíamos una película. Me sentía en paz, rodeada de mis amigos, dejando atrás por unas horas mis problemas familiares.

—Mira, al final fuimos de compras y ahora estamos viendo una película —comenté, sonriendo al ver que, de alguna manera, habíamos cumplido todos los caprichos del grupo.

—Pues no era lo que me imaginaba —admitió Paula, refiriéndose a la experiencia de comprar. —Pero estuvo increíble salir con ustedes.

—Ay, eso fue lo más tierno que has dicho en toda tu vida —se burló Sebas, haciéndonos reír. —Lástima que me tenga que ir, quería escuchar más —añadió, poniéndose de pie. —Nos vemos mañana en la fiesta.

—Adiós —me despedí, sintiendo que la noche llegaba a su fin.

—Salúdame a María Laura —gritó Paula, asegurándose de que Sebastián la escuchara antes de irse.

—Sí, dile que la vemos mañana en la fiesta —agregué entre risas, sabiendo que mencionar a María Laura siempre ponía nervioso a Sebas.

Cuando el silencio volvió a instalarse, Paula me miró con una expresión traviesa.

La Guardaespaldas [EDITANDO]Stories to obsess over. Discover now