CALLE
Cuando Poché se metió a la ducha para bañarse, aproveché para comenzar a prepararme para la fiesta. La verdad, no tenía muchas ganas de ir; prefería quedarme en la habitación, tal vez viendo una película o simplemente disfrutando de la compañía de Poché. Pero ahora, gracias a Paula y María José, la decisión ya estaba tomada y no me quedaba más remedio que alistarme y cumplir con el plan.
Mientras rebuscaba entre la ropa cuidadosamente seleccionada para la noche, el sonido sutil de la puerta del baño abriéndose interrumpió el silencio. Me giré, atraída por el movimiento, y allí estaba María José, envuelta en una toalla demasiado pequeña para su figura, el cabello aún húmedo cayendo en mechones oscuros sobre su cuello. La visión me dejó inmóvil por un instante. La luz cálida de la habitación del hotel se deslizaba sobre su piel mojada, resaltando cada curva, cada sombra, como si la estuviera pintando solo para mí. Era una imagen tan íntima y fugaz que sentí el impulso de retenerla en la memoria, de no dejarla escapar jamás.
No pude evitar sonreír, incapaz de disimular el efecto que tenía en mí. Había una especie de magnetismo silencioso en la manera en que se movía, en la naturalidad con la que ocupaba el espacio, la admiración que despertaba.
—Eso es injusto —dijo de pronto, su voz arrastrándome de vuelta a la realidad. La miré, intrigada, mientras ella cruzaba los brazos sobre el pecho, como si intentara protegerse, aunque la sonrisa que asomaba en sus labios delataba el juego.
Me volví hacia la maleta, fingiendo concentración, y comencé a vestirme con una rapidez torpe, consciente de su mirada sobre mí.
—¿Qué es injusto? —pregunté, aunque en el fondo ya conocía la respuesta. Había una complicidad tácita en ese intercambio, una conversación que iba más allá de las palabras.
—Si sigues mirándome así, le cancelaré a Paula —murmuró, con esa mezcla de reproche y coquetería. Sus ojos brillaban con un desafío suave, como si midiera hasta dónde podía llegar antes de rendirse.
—No lo harás, a menos que quieras que Paula te odie el resto de su vida —le respondí, divertida, mientras me ponía de pie para terminar de arreglarme. Poché alzó las cejas, desafiando mi certeza, pero en su mirada había más juego que verdadera duda.
—¿Lo hará? —preguntó, y en su voz se coló una inseguridad apenas perceptible.
Asentí, segura de mi respuesta, y le mostré mi atuendo como si eso cerrara cualquier discusión. Me senté frente al espejo y comencé a maquillarme, sintiendo su presencia moverse por la habitación.
Poché soltó un suspiro resignado y fue a buscar su ropa. La observé de reojo mientras se vestía, notando cómo se quejaba, entre risas y protestas suaves, de lo incómodo que era vestirse bajo mi mirada. Había en sus gestos una vulnerabilidad encantadora, una sinceridad que me conmovía.
—¿Por qué te quejas? —pregunté, fingiendo inocencia, aunque disfrutaba de su incomodidad aparente—. Tú también me miraste.
—No me estoy quejando —replicó, aunque su tono la traicionó.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
FanfictionDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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