Capítulo 29

22K 1.1K 134
                                        

CALLE

Todo estaba perfectamente preparado para el evento de golf. Sentía una mezcla de emoción y nerviosismo, una sensación agradable que me recorría desde la punta de los pies hasta la cabeza. Había dedicado tiempo a escoger mi atuendo: un vestido corto, negro, ceñido a mi figura, resaltando mis curvas de una manera elegante pero sutil. Me detuve frente al espejo antes de salir de mi habitación, repasando cada detalle: el maquillaje suave, el cabello cuidadosamente peinado, los accesorios mínimos pero precisos. Quería verme bien, pero sobre todo, quería sentirme segura. Respiré hondo, sonreí a mi reflejo y salí al encuentro de lo que prometía ser una jornada inolvidable.

Al bajar las escaleras, me encontré con María José, quien ya me esperaba en el vestíbulo. No pude evitar sonreír al verla; irradiaba belleza y confianza con su crop top negro y un pantalón bordo oscuro que le sentaba de maravilla. Se puso de pie al notar mi presencia, y su mirada se posó en mí con una intensidad que me hizo sentir expuesta, vulnerable y a la vez profundamente deseada. Su sonrisa, amplia y sincera, tenía el poder de poner nervioso a cualquiera, y yo no era la excepción. Me acerqué a ella, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza.

-Estás hermosa -fue lo primero que me dijo, con una voz suave pero segura. -Te extrañé anoche -añadió, frunciendo los labios en un gesto adorable que me hizo sonreír aún más.

-Y yo a ti -admití, sintiendo cómo el ambiente se cargaba de una electricidad sutil.

-No sabes las ganas que tengo de besarte -susurró, bajando un poco la voz, como si temiera que alguien más pudiera escucharla. Me acerqué un poco más, desafiando la distancia que nos separaba.

-¿Qué estás esperando? -le pregunté en voz baja, casi en un reto. Ella miró a su alrededor, nerviosa.

-Nos pueden ver... -empezó a decir, pero la interrumpí con un beso suave, apenas un roce de labios, antes de volver a separarme.

-Todos están afuera -murmuré, intentando convencerla de que estábamos a salvo, al menos por un momento. Sin esperar su respuesta, tomé su mano con decisión y la guié hacia la cocina. No pensaba renunciar a mi beso de buenos días.

Una vez allí, sostuve su rostro entre mis manos y la besé de verdad, sin reservas. María José respondió de inmediato, aferrándose a mi cintura y atrayéndome hacia ella, profundizando el beso y tomando el control. Cerré los ojos, entregándome por completo a la sensación de sus labios, al calor de su cuerpo, al latido acelerado de mi propio corazón.

De pronto, una voz rompió el hechizo.

-Ana... -abrí los ojos, desorientada, al notar que María José se apartaba bruscamente. Me tomó un segundo entender lo que sucedía.

-Yo te puedo explicar -balbuceé, todavía aturdida. María José tenía una expresión de terror en el rostro.

-Tranquila, Dani. No tienes que explicarme lo obvio -murmuró Ana, su tono era sereno pero su mirada estaba cargada de significado, dejando a María José aún más confundida.

-¿Tú lo sabías? -preguntó María José, incrédula.

-Bueno, lo sospechaba. Ahora sé que estaba en lo correcto -respondió Ana con una sonrisa cómplice.

-¿Cómo? -quise saber, contagiada por su buen humor.

-Por las peleas, las miradas... -enumeró, y luego añadió con picardía - y por los celos -me miró directamente, haciéndome rodar los ojos.

-¿Somos tan obvias? -preguntó María José, visiblemente preocupada. Ana asintió con naturalidad.

-No puedes decir esto a nadie -le advertí, sintiendo la presión de mantener nuestro secreto.

La Guardaespaldas [EDITANDO]Stories to obsess over. Discover now