CALLE
Estábamos tendidas sobre la arena, el rumor del mar envolviéndonos y el cielo nocturno desplegando su manto de estrellas sobre nosotras. Había encontrado en sus brazos mi nuevo refugio, un lugar donde el tiempo parecía suspenderse y la inquietud se desvanecía. Me sentía en paz, protegida, hasta que la voz de Poché, suave y temblorosa, rompió el silencio.
—Daniela —susurró, apenas audible, como si temiera alterar la quietud de la noche. Respondí con un murmullo, solo para que supiera que estaba ahí, completamente presente, dispuesta a escucharla.
—¿Nosotras qué somos? —preguntó de pronto, sus dedos jugando distraídamente con mi cabello, como si buscara enredar en él todas sus dudas.
Me giré para mirarla, sorprendida por la pregunta. Había algo vulnerable en su tono, algo que me hizo sentir la gravedad de ese instante.
—No lo sé… ¿qué piensas tú que somos? —repliqué, mi voz cargada de una vulnerabilidad que rara vez mostraba.
—No lo sé, ¿novias? —aventuró, y su sonrisa fue tan tímida que me partió el alma. Era como si temiera que la respuesta pudiera cambiarlo todo.
—Que yo recuerde, todavía no te he pedido que lo seas… y tú tampoco —bromeé, buscando aligerar la tensión, aunque en el fondo temía su reacción. Poché se apartó levemente, retirándome de su hombro con delicadeza, pero también con una distancia que dolía.
—Ves, de esto hablaba —dijo, su voz teñida de una frustración contenida—. No te entiendo, Daniela. Puedes decirme que me amas, pero cuando te pregunto qué somos, no tienes una respuesta clara —añadió, poniéndose de pie y sacudiéndose la arena de las manos, como si intentara desprenderse también de sus dudas.
Me incorporé despacio, sintiendo la tensión crecer entre nosotras.
—¿Por qué te enojas ahora? —pregunté, intentando comprender la raíz de su malestar.
—¿Y me lo preguntas? —exclamó, y su voz se quebró entre la rabia y la tristeza—. ¿Qué quieres ser, Daniela? ¿Novia, amiga, o simplemente nada? —preguntó, y en su mirada vi el miedo a perderme, la necesidad de certezas.
Guardé silencio unos segundos, abrumada por la intensidad de su reacción. No debí bromear. Me acerqué despacio, buscando sus ojos, queriendo que viera mi sinceridad.
—María José, quiero ser todo lo que tú quieras que sea. Pero, sobre todo, quiero que nunca dejemos de ser Calle y Poché. Quiero que sigamos siendo nosotras mismas, sin etiquetas que nos limiten, pero sin miedo a nombrar lo que sentimos —murmuré, y noté cómo su expresión se suavizaba, aunque la duda seguía latente.
—No te entiendo —repitió, pero esta vez su voz era más suave, casi un ruego, como si necesitara que le explicara una y otra vez hasta convencerse.
Me acerqué aún más, tomé su mano y la apreté con ternura.
—Puedo ser lo que necesites, siempre que sea contigo. No me importa el nombre, me importa la verdad de lo que compartimos. Pero si necesitas que lo diga, lo diré —dije, acariciando la medalla de luna que colgaba de su cuello, símbolo de lo que éramos y de lo que podíamos llegar a ser—. María José, ¿quieres ser mi novia, mi amiga, mi compañera? Quiero que seas todo en mi vida, si tú también lo deseas —pregunté, dejando que la vulnerabilidad se reflejara en mi mirada.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
FanfictionDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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