CALLE
Después de lo que sucedió hace unos minutos, sentí un peso extraño en el pecho. Poché subió las escaleras, dejándome sola en la cocina, y esa soledad se sintió más densa de lo habitual, como si el aire mismo se hubiera vuelto espeso, difícil de respirar. Aproveché ese momento para concentrarme en la cena; mis manos se movían rápido, casi temblorosas, mientras cortaba los champiñones y los mezclaba con la pasta. No quería quedarme mucho tiempo allí, no quería enfrentarme a mis pensamientos ni a la incomodidad de estar sola con ella después de lo que había pasado. Estaba a punto de terminar cuando escuché los pasos de María José regresando.
—¿En qué te puedo ayudar? —preguntó, su voz sonó distante, y ni siquiera se molestó en mirarme.
—En nada, ya lo terminé —respondí, y cuando por fin me miró, vi un destello de sorpresa en sus ojos. —Prepara la mesa, por favor —le pedí, tratando de sonar tranquila. Ella asintió en silencio y comenzó a poner los platos y cubiertos, sus movimientos mecánicos, casi como si quisiera evitar cualquier contacto visual conmigo.
Mientras ella preparaba la mesa, yo apagué la estufa y saqué la olla del fuego. El silencio era tan intenso que podía escuchar el leve burbujeo de la salsa en la pasta. Cuando María José terminó de poner la mesa, empecé a servir la cena, tratando de no hacer ruido, como si cualquier sonido pudiera romper la frágil calma que había entre nosotras.
—Wow, no me esperé eso —dijo de repente, sorprendida al ver el plato de pasta que coloqué frente a ella. —¿Lo hiciste tú o mandaste hacerlo? —preguntó, y esta vez sus ojos no se apartaron del plato, como si buscara alguna imperfección.
—¿Qué te esperabas? —le pregunté, sentándome frente a ella, tratando de sonar casual aunque por dentro sentía un nudo en el estómago.
—No sé, tal vez un huevo revuelto, pero menos esto —contestó, soltando una risa burlona que, por un momento, alivió la tensión.
—Creo que es mejor que un huevo revuelto, pero si no te gusta, no estás obligada a comerlo —dije, forzando una sonrisa, esperando que no notara mi nerviosismo.
—¿Está bromeando, no? —preguntó, de repente seria. —Ni loca me pierdo esto, ¿está rico?
—No lo sé, tú debes probarlo —me encogí de hombros, intentando parecer despreocupada. —Tú eres la jueza en este momento, María José.
Ella no tardó en llevarse un bocado a la boca. Mientras masticaba, su expresión cambió y yo sentí que el tiempo se detenía. Me preocupé, esperando que no hiciera una mueca de disgusto.
—¿Y? ¿Qué tal está? —pregunté, la ansiedad se me notaba en la voz, sentía el corazón latiendo más rápido de lo normal.
—Está deliciosa, Daniela —respondió finalmente, y se llevó otro bocado a la boca. Solté un suspiro de alivio que ni siquiera intenté disimular. —No pensé que sabías cocinar.
—Cuando era chiquita, mi mamá me enseñó a cocinar. Ahora lo hace Ana —comenté, y una sonrisa genuina se asomó en mis labios al recordar esos momentos.
YOU ARE READING
La Guardaespaldas [EDITANDO]
FanfictionDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
![La Guardaespaldas [EDITANDO]](https://img.wattpad.com/cover/155536269-64-k620867.jpg)