POCHÉ
Abrí los ojos y, como un reflejo aprendido, extendí la mano hacia el lado vacío de la cama. El hueco frío donde debería estar Daniela me sacudió más que cualquier despertador. Me incorporé, sintiendo el peso de la confusión deslizándose por mi pecho. Mi mirada recorrió la habitación, buscando algún indicio de su presencia: una prenda olvidada, el eco de su perfume, la huella de su risa. Nada. Solo el silencio, denso y expectante.
—¿Daniela? —mi voz sonó más vulnerable de lo que pretendía. Mi voz se perdió en el aire, sin respuesta. Me levanté, los pies descalzos tanteando el suelo helado, y fui hasta el baño. —Daniela —insistí, pero el vacío me devolvió mi propia inquietud.
La preocupación, esa vieja compañera de los últimos días, volvió a instalarse en mi pecho. Llamé a Paula, aferrándome a la esperanza de que Daniela estuviera con ella. El teléfono sonó una y otra vez, pero nadie respondió. Sentí que el mundo se encogía a la medida de mi ansiedad.
—Esto es por tu culpa —me reproché en voz baja, la culpa mordiendo con sus dientes filosos. Si no me hubiera dejado vencer por el cansancio, si hubiera estado atenta…
No sabía si quedarme esperando o salir a buscarla. El miedo de que regresara y no me encontrara me paralizaba. Estaba sumida en ese dilema cuando alguien llamó a la puerta. Mi corazón se aceleró con una esperanza casi infantil. Corrí a abrir, el nombre de Daniela en la punta de la lengua.
—Calle, dónde te fu… —empecé, pero la decepción me cortó la frase. Un joven, con un carrito de desayuno, me miraba con una sonrisa educada.
—Traje el desayuno —anunció.
—Debe ser un error —musité, desconcertada—. Yo no pedí nada.
—Alguien lo pidió —respondió él, encogiéndose de hombros—. Llamaron de esta habitación.
—¿Fue una chica? —pregunté, aferrándome a la posibilidad. Él negó saberlo.
Le permití pasar. El muchacho acomodó una cantidad absurda de comida en la mesa, como si esperara alimentar a más de una persona. Le di las gracias y lo observé marcharse, cerrando la puerta tras de sí con un suave clic. Me acerqué con curiosidad, y fue entonces cuando noté una hoja cuidadosamente doblada sobre la bandeja, como un pequeño secreto esperando ser descubierto.
"Buenos días, espero que disfrutes de tu desayuno. Necesito verte a las 4:00 pm en el lugar que Paula te dirá. Necesito arreglar algunas cosas y nos vemos pronto.
Con cariño, Calle.~”
Terminé de leer la nota y, aunque no podía negar que el gesto fue dulce, la inquietud seguía ardiendo en mi interior. Daniela se había ido sin mí, y aunque era absurdo esperar que supiera que no podía moverse sin mi, no dejaba de sentirme responsable, casi traicionada. Después de todo, yo era su sombra, su guardaespaldas, aunque ella aún no lo supiera del todo. En otra circunstancia, quizá me habría derretido ante la dulzura de su gesto, pero ahora solo sentía una mezcla de resignación y desasosiego.
Solté un suspiro pesado, dejando que la frustración se disipara un poco en el aire. No quería desperdiciar los alimentos ni tampoco el detalle que Daniela había tenido conmigo. Así que me senté frente al festín improvisado, permitiéndome por un momento disfrutar del desayuno, aunque el sabor estuviera teñido de incertidumbre y soledad. El silencio de la habitación se sentía más denso, casi tangible, y mientras comía, no podía evitar mirar la puerta una y otra vez, esperando que Daniela regresara, que entrara y compartiera conmigo ese instante.
Pero la puerta permaneció cerrada. El tiempo se estiró, y la ausencia de Daniela se volvió una presencia en sí misma. Decidí ducharme, intentando lavar la inquietud de mi piel, dejar que el agua arrastrara aunque fuera una parte de la ansiedad que me oprimía el pecho. Al salir, me vestí despacio, como si cada prenda fuera una armadura improvisada para enfrentar el día. Sin saber que hacer para evitar que la preocupación me consumiera por completo leí primero un libro y después terminé por ver una película, el reloj nunca marcaba la hora y estaba a borde de la locura.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
FanfictionDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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