Capítulo 12

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CALLE

La fiesta estaba increíble, mucho más de lo que había imaginado. Las personas se movían al ritmo de la música, bailando con una energía contagiosa. Las risas llenaban el aire, y todos parecían estar disfrutando de verdad. Las luces de colores giraban por la sala, iluminando rostros felices. Por un momento, sentí que todo era perfecto, como si nada pudiera salir mal. Y todo eso era gracias a María José, quien, a pesar de mi actitud grosera y distante al principio, había decidido ayudarme y salvar la fiesta. No podía evitar sentirme agradecida, aunque mi orgullo me costara admitirlo en voz alta.

De pronto, noté que María José se acercaba y se quedaba a mi lado, observando la pista de baile como si estuviera evaluando el ambiente.

—¿Todo va bien? —preguntó, su voz suave y llena de una preocupación genuina.

—Eso creo —respondí, esbozando una sonrisa que intentaba ocultar mi nerviosismo y el pequeño remolino de emociones que sentía por dentro.

—Entonces disfruta de la fiesta —dijo, con una sonrisa amable, y se giró con la intención de marcharse. Pero no quería que se fuera todavía, así que la detuve con un gesto.

—Espera, quiero hacerte una pregunta —dije, y ella se detuvo, mirándome con una expresión de curiosidad y un poco de sorpresa.

—Claro, dime —respondió, asintiendo lentamente.

—Las canciones… ¿de dónde las sacaste? —pregunté, genuinamente interesada. Quería saber si había puesto alguna canción especial pensando en mí, aunque no me atrevía a decirlo en voz alta.

Ella volvió a sonreír, y esa sonrisa me pareció más sincera que nunca.

—Algunas son las que Paula me pidió, y las otras son mías. Espero que no te moleste, pero la verdad es que Paula tenía algunas canciones bastante deprimentes —me explicó, encogiéndose de hombros—. Si quieres, las cambio por otras.

—¡No! Déjalas, están increíbles —comenté rápidamente, temiendo que cambiara el ambiente perfecto que había logrado crear.

—Wow —dijo, mirándome con sorpresa—. Es la primera vez que hago algo que te guste —mencionó María José, y noté un matiz de vulnerabilidad en su voz, como si no estuviera acostumbrada a recibir mi aprobación.

—No empieces otra vez, Poché —le pedí, rodando los ojos pero sonriendo por dentro. —¿Siempre lo arruinas así? —pregunté, intentando bromear para disimular lo que realmente sentía.

—Creo que sí —contestó con una sonrisa tímida, y por un instante sentí que la distancia entre nosotras se acortaba, aunque fuera solo un poco.

En ese momento, Paula se acercó a nosotras con dos vasos en las manos, interrumpiendo la conversación.

—Ya que están tan ocupadas hablando, les traje esto —dijo, entregándonos los vasos. Acepté el mío y bebí un sorbo, sintiendo el frescor del mojito y el leve ardor del alcohol bajando por mi garganta.

—¿Qué es? —preguntó Poché, sin tomar el vaso de inmediato.

—Es mojito —respondió Paula, sonriendo con orgullo por su elección.

—Gracias, pero no soy mucho de tomar —dijo María José, y tanto Paula como yo la miramos sorprendidas, como si no pudiéramos creer que alguien pudiera resistirse a un buen mojito en una fiesta así.

—¿En serio? —pregunté, mirándola de reojo, tratando de ocultar mi curiosidad.

—Sí, prefiero estar sobria, así puedo controlar mejor la música y el ambiente —explicó con naturalidad, como si fuera lo más lógico del mundo.

La Guardaespaldas [EDITANDO]Stories to obsess over. Discover now