POCHÉ
Hoy me había tocado despertarme mucho más temprano de lo habitual. El sueño aún pesaba en mis párpados, pero la emoción que sentía por dentro era más fuerte que cualquier cansancio. Me levanté con la certeza de que ese día sería diferente: recibiría a los nuevos guardaespaldas, y entre ellos estaría Johann, uno de mis mejores amigos de la época en que vivía en Bogotá. El solo pensar en verlo de nuevo me llenaba de una calidez inesperada, como si una parte de mi antiguo hogar volviera a mí.
Apenas lo vi cruzar la puerta, no pude evitar sonreír ampliamente. Mi corazón latía rápido, y la nostalgia se mezclaba con la alegría.
—Hola, Johann —le saludé, mi voz vibrando con una emoción sincera, casi temblorosa.
—Hola, pequeña —respondió él, acercándose con esa familiaridad que solo tienen los amigos de verdad. Me envolvió en un abrazo cálido, apretado, como si el tiempo no hubiera pasado entre nosotros. Sentí su fuerza, su protección, y por un instante me permití cerrar los ojos y dejarme llevar por ese reencuentro.
En mi trabajo había conocido a todo tipo de personas. Algunas desagradables, de esas que preferiría olvidar. Pero también había encontrado almas increíbles, personas que con el tiempo se volvieron familia, como Johann. Él era ese tipo de amigo que, aunque la vida nos separara, siempre estaría ahí cuando más lo necesitara.
—¿Cómo estás? —pregunté a Hugo, el otro guardaespaldas, quien se mantenía un poco apartado, su postura rígida y su rostro serio.
—Hola, María José —respondió con su habitual tono seco. Hugo era, sin duda, la persona menos agradable que había conocido en este trabajo, pero también sabía que era uno de los mejores en lo suyo. Su seriedad era su escudo, y aunque no fuera el más simpático, confiaba en su profesionalismo.
Johann me miró con esa sonrisa suya, la que siempre lograba tranquilizarme.
—¿Cómo has estado? —me preguntó, y sentí que de verdad le importaba la respuesta.
—Bien, extrañándote. ¿Y tú? —contesté, dejando que la felicidad se notara en mi voz. Saber que él estaría cerca de nuevo me hacía sentir menos extraña en esta casa, menos sola.
—Pues mírame, estoy feliz por verte —murmuró Johann, y en sus ojos vi el reflejo de todos los recuerdos compartidos.
—Vamos, les tengo que presentar al jefe —dije, guiándolos por el pasillo hacia la casa. Mientras caminábamos, le susurré a Johann —Es increíble que estés aquí, de verdad.
—Lo es... —alcanzó a decir, pero al ver al señor Germán, se quedó en silencio, respetuoso.
Germán nos observó con su mirada inquisitiva. Asentí ante su pregunta silenciosa.
—Ellos son los... —comencé a decir, pero Germán ya lo intuía.
—Lo son. Te presento: él es Johann Vera —dije, señalando a mi amigo, y luego a Hugo —y él es Hugo Núñez.
Germán asintió, estrechando la mano de ambos con firmeza.
—Mucho gusto, señor. Yo seré la persona que cuide de la señorita Juliana —explicó Johann, con voz segura.
—El gusto es mío —respondió Germán, su tono cordial pero medido.
—Y él será... —dije, señalando a Hugo.
—Mi guardaespaldas —concluyó Germán, con una media sonrisa.
–Exacto —afirmé, sintiendo que todo iba encajando poco a poco.
—Hugo Núñez Peralta, para servirle —dijo Hugo, tan formal como siempre. No pude evitar poner los ojos en blanco ante tanta rigidez.
—Bueno, me tengo que retirar... tengo que prepararme para la universidad —anuncié, viendo la confusión en el rostro de Johann. —Te explico luego —le prometí con una sonrisa cómplice.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
FanfictionDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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