Capítulo 19

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POCHÉ

 
Después de hablar con Paula y lograr convencerla de que me guardara el secreto, no pude evitar sentir una punzada de culpa. Era como si un peso invisible se asentara en mi pecho, apretando con cada respiración. Me dolía estar ocultando cosas a Daniela, pero en el fondo sabía que no se trataba solo de protegerla, sino también de protegerme a mí misma. Una parte de mí gritaba que debía decirle toda la verdad antes de que fuera demasiado tarde, pero la otra, la más temerosa, se aferraba al miedo de perderla para siempre. Cuando Paula se fue, subí a mi recámara, buscando refugio y privacidad para poder hablar con Vale sin interrupciones, con la esperanza de encontrar en mi hermana menor el consuelo y la claridad que tanto necesitaba.

—Hola, Vale —la saludé apenas escuché su voz al otro lado del teléfono, sintiendo que mi corazón se aligeraba un poco.

—Vaya, mira quién se acuerda de que tiene una hermana —respondió con ese tono sarcástico tan suyo. Rodé los ojos, pero no pude evitar sonreír. —¿Ya recuperaste la memoria?

—No exageres, Vale, estaba ocupada, lo siento —me disculpé, soltando un suspiro cargado de cansancio y sinceridad.

—¿Con esa persona? —su voz cambió de inmediato, tornándose juguetona y curiosa, como si pudiera leer mis pensamientos. —Vas progresando, hermanita.

—Algo así —murmuré, sintiéndome expuesta. —¿Cómo está papá? —pregunté, intentando desviar la conversación.

—Bien, pero no me cambies de tema —me reprendió enseguida. —Cuéntame más sobre tus amoríos —insistió, y pude imaginar su sonrisa traviesa.

—¿Qué quieres saber exactamente? —pregunté, aunque ya conocía la respuesta.

—Todo, María José —ordenó, como si fuera lo más natural del mundo.

—Bien, pero no hay mucho que contar —le advertí, aunque en realidad sentía que mi mundo entero estaba patas arriba. —Hice lo que me dijiste... más o menos.

—Explícate, mujer —murmuró Valentina, impaciente. Sentí que mi corazón latía con fuerza, como si quisiera salirse de mi pecho.

—Le hablé del beso que nos dimos y... al día siguiente le di un beso —confesé, mi voz temblorosa. Del otro lado solo escuché un "oh" bajo y prolongado. —¿Hice bien? —pregunté, buscando su aprobación, sintiéndome como una niña pequeña.

—Claro, eres toda una conquistadora —se rió, y su risa me hizo sonreír a pesar de mis nervios. —¿Qué sucedió después?

—No puedo responderte eso, porque aún no lo sé —admití con una risa nerviosa. —Hoy tenemos que hablar de lo que sucedió —agregué, apenas en un susurro.

—¿Y qué estás esperando, María José? Habla, dile todo lo que sientes... luego me cuentas cómo te va —comentó Vale, animándome.

—¿Qué te entiendo? Si no te llamo te enojas conmigo y si lo hago...

La Guardaespaldas [EDITANDO]Stories to obsess over. Discover now